martes, 13 de febrero de 2007

Disfraz



Jugar a ser lo que no somos es divertido. Y siento anticiparme con este tema, escribir el martes tiene el hándicap del lejano fin de semana, aunque, no me engañan, llevan lo menos un mes con esto en la cabeza. Hablo del disfraz, ese al que sucumbirán dentro de cinco días y que es centro de conversación, entre los más frikis, desde el verano.

De la máscara se ha escrito mucho, de los significados ocultos que todo individuo tiene almacenados en su mollera sin saber porqué. A mi madre le inquietaba que tantos machotes se vistieran de mujer, que disfrutaran tanto y se sintieran tan... cómodos. Yo he heredado la extrañeza para aderezarla con otras dudas de mi propia cosecha: ¿Por qué las niñas nunca vamos de feas? ¿Por qué triunfa la diablesa si es lo más machista y patético que ideara Pepi Mayo? ¿De dónde tanta afición a Heidi? ¿Qué perversión albergan los líderes de opinión de nuestra infancia?

El sábado todos jugaremos un poco a vivir otra vida. Algunos serán monjas, otros, putas; algunos, animales, otros, superhéroes. Algunos irán de listos y otros se harán los tontos. Los habrá que irán de guapos y, muchos, de irreconocibles. Bendita libertad del anonimato. Rascando rascando en lo más profundo de mi cabeza he descubierto que quiero ir de rubia, con pestañas largas y labios rosa. Eá. Andamos ahora investigando entre el catálogo de roles que encajan en el perfil. Tiene lo suyo, no crean, una sabe que en Carnaval, para que te tomen en serio, debe quedarte como un tiro. Hemos descartado a Marilyn y a Madonna porque aún nos queda respeto por las instituciones. Se nos antoja alguna política, un par de niñas prodigio y personajes de dibujos. Aún estamos pensando... mi amiga, encima, dice ahora que quiere llevar tetas.

Publicado en La Voz de Cádiz el 13 de febrero de 2007

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