martes, 2 de diciembre de 2014

La solidaridad, la adopción y la dificultad para detectar acentos

-¿Dirección para enviarle el carnet?
-Bla, bla, bla, bla, bla... 08022 Barcelona.
-¡Oh! ¿Ves? Luego dicen que los catalanes somos insolidarios... ¡Una catalana aquí haciendo su contribución!
-No soy catalana, soy de Cadi.

Silencio.

-Ah... Bueno... Pero ya llevas mucho tiempo en Cataluña, ¿verdad?
-Nop.
-¿Cuánto llevas en Cataluña?
-No llega a dos años.
-Ohhh... Bueno, ¡pues ya te adoptamos!
-No, gracias. No hace falta.

Demasiado temprano, demasiado shockeada y demasiado piadosa como para contarle mi vida a esta pobre chica que además debe estar fatal del oído. Hija mía, es una cuestión de alergia al pensamiento único, fe en la terapia y descreimiento gadita pero, no, agradeciéndote tu amabilidad, prefiero seguir huérfana. Si me lo llegas a ofrecer hace unos años… 

sábado, 29 de noviembre de 2014

Frases célebres

Claudia: "Los machistas son como los alcohólicos... Los reconocen todos, menos ellos mismos".

martes, 25 de noviembre de 2014

Cosas de la vida

La RAE sabe lo que significa cutre. Sorprendentemente, puede rodearte gente que no. 

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Carlos Quílez: “Los corruptos son verdaderos depredadores aunque no usen una metralleta”

Carlos Quílez
Mitad plumilla, mitad sabueso. A medio camino entre el redactor inquieto y el detective literario, Carlos Quílez (Barcelona, 1966) lleva una pequeña libreta negra salpicada de titulares y argumentos. Historias en las que transitan más veras que mentiras, corruptelas y crímenes que desafían a un puñado de antihéroes de historial manchado y corazón bueno. Con la mirada curiosa del que se fascina por la vida y las historias que encierra, Quílez es un periodista forjado en la crónica negra de la Ciudad Condal y ha sido responsable del área de Análisis de la Oficina Antifraude de Cataluña. Acaba de presentar su nueva novela Manos Sucias (Editorial Alrevés) en mitad de un momento de cambio tras su reciente incorporación como responsable del área de investigación de Economía Digital. Retrato de una España salpicada de depredadores corruptos y policías imperfectos, en su relato pueden extraerse situaciones y nombres inquietantemente familiares. Sigue leyendo en Economía Digital

viernes, 14 de noviembre de 2014

Melodía de la semana

Canciones que salen al encuentro para recordar cosas simples. Si te molesta mi amor, no soy yo quién ha de hacérselo mirar.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Frases célebres

Ulixes: "Yo con las bloguers me pregunto una cosa: de qué viven? De la publicidad? De los padres?"

martes, 28 de octubre de 2014

La repipi se rinde al tributo o cómo hacer que baje la pastilla de matrix

freddie -con minúsculas- se quita la peluca
Ir a un concierto tributo es una cosa muy loca. Máxime si tu afición al grupo es relativa, si no has bebido suficientes cervezas previas o, como consecuencia de lo anterior, caes en la cuenta de que no te sabes las letras. Ir a un concierto tributo supone rendir homenaje al sucedáneo y hacer la vista gorda cuando el simulacro no alcanza a dar sentido y razón al espectáculo. Tiene un punto de concierto sí, pero, sobre todo, de coreografía y de teatro posible: de cómo bailaría él, de cuántos selfies te harías si fuera él, de cómo hubiera sido todo si en lugar de nacer en los ochenta hubieras llegado un poco antes, a tiempo de inaugurar el fenómeno fan o pasar por encima de la heroína y el VIH. Grandes bichas del talento en el pasado siglo.

En un concierto tributo la gente espera ver a su ídolo haciendo los mismitos gestos que el DVD edición 25º aniversario. Aspira a alcanzar ese momento mágico en el que creerse que todo es cierto. Un momento de karma, varias cervezas mediante, capaz de superar la malaje de quien lo que es cantar... canta bien, pero la dramaturgia no la domina tanto. Se espera del imitador que repita los pasos precisos y del técnico de luces que sepa perfectamente a qué atenerse: "Esta es la iluminación exacta que usaron en el concierto del ochenta y dos", oyes exclamar con entusiasmo a unos centímetros de distancia con ese oído licántropo de quién no lleva suficientes copas. “Se ha puesto la chaqueta, mira, mira, lleva la chaqueta amarilla”. De repente, estar ahí, en ese despertar de los muertos al que llegas rebotada, se te revela algo patético. El fenómeno fan descolorido, el sudor intergeneracional, la invasión de camisetas frikis y el saber que son treinta euros por tomar un enorme nespresso de música -que sabe a café, pero que no lo es- te dan un poco de pena.

Sacas entonces tu curso de psicología del CCC para reflexionar sobre esos tipos de la guitarra que eligieron vivir de triunfos que no son suyos. -¡Qué desperdicio!, piensas, Siempre me ha dado tanta envidia la gente que sabe tocar la guitarra... -  Para entonces me ha hecho efecto la pastilla de matrix y todo me parece impostado, como ciertas proclamas que me dan vergüenza ajena, como la gente que ve a su madre en una bandera o piensa que un partido de fútbol les va a cambiar el mundo. Sobria, despegada y algo aburrida contemplo con cierto resentimiento a una pareja que se esfuerza por grabar con el móvil el sainete de pop rock que anima a la muchedumbre emocionada. Mi juicio repipi está a punto de alcanzar una toxicidad peligrosa cuando bostezo.

Los aplausos preconizan el final de fiesta y freddie que no es Freddie –llamémosle freddie con minúsculas- muestra su corona de reina ante los alaridos del público que tributa. Entonces es cuando surgen los acordes de mi canción favorita y las tres neuronas débiles que me quedan despiertas me preguntan si no soy yo la equivocada, la que se pierde algo y desperdicia la entrada. Como las  hadas de Disney, las tres neuronas me agarran por la chaqueta y me abofetean a tiempo. Vuelan pajaritos de colores alrededor de mi cabeza. Empiezo a apreciar el timbre de voz -si cierro los ojos es como si fuera de veras-. Ya estoy moviendo el esqueleto cual posesa y reclamando el tercer bis. Soy una friki más cuando pillo las manos de mis amigos y les animo a corear que somos the champions echando a un lado esa mala conciencia que me da todo lo que me suena a la UEFA.

Cuando la luz se enciende me alegro de haber tributado algo –algo que no sea impuestos, Seguridad Social o IVA, quiero decir- y procuro no avasallar ojiplática a los que compran la camiseta con esa mirada mía, sabihonda, llena de honda condescendencia. 

Definitivamente, dejarse llevar por la euforia colectiva es un gustazo, me voy diciendo cual señorita pepis porque una no puede renunciar así sin más a su pedantería. Quizás debería ser un poco menos inflexible y buscarme algún grupúsculo afín en el que corear proclamas. Viviría mucho más feliz, canalizaría mi energía y además me sentiría la mar de acompañada. 

Esa noche pienso que voy a poner las canciones en el spotify por si me sale otro tributo de estos. Definitivamente, si te medicas con la pastilla chunga de matrix, me digo, al menos, que la música de vez en cuando me haga olvidarla. Entonces me detengo en seco. ¿No sería que ya llevaba tres o cuatro cervezas para bajarla?

Y, por si había dudas... Eh, voilà, mi favorita :D




martes, 21 de octubre de 2014

Melodía de la semana

Creo que llevo demasiado tiempo sin esto...
Y, parece raro, pero no tengo nada más que decir.

jueves, 16 de octubre de 2014

La sobremesa de la apátrida

-Espero que no te ofendas con lo que te digo, pero creo que esa pertenencia se educa. La prueba es que yo no la siento.
-¿No sientes que tengas una nación?
-No, no exactamente.
-Pero tu nación es el sitio de dónde eres, es tu tierra, tu casa, tu familia…

Su rictus se ha vuelto triste y ha agitado su melena rubia. Antes de salir a apurar con un café la hora escasa de la comida, se ha girado para mirarme primero con cierto desconcierto y finalmente con lástima. Yo me he quedado sola en la oficina, y me he mirado en el espejo de esa pena sabiendo su bonhomia. La he sabido sincera, bienintencionada. Tu nación es tu tierra, es como tu familia, tu casa. Y todos nacemos con una, ¿no? Te imaginas que se afirma mientras pulsa el ascensor. Yo me he quedado, apátrida y sola, en la oficina y he pensado en mi casa. La casa de Cádiz, las casas de Sevilla, las de Madrid, la de Barcelona. La casa oscura de mi abuela en la calle Nicaragua. He pensado en la tierra húmeda de la casa de mis tíos en Lavadores. En todas las casas que una vez quise que fueran mías. En la casa calentita de mi amiga Mariaeugenia. Puedo recordar cómo olían, cada una de ellas. Me he quedado sola en la oficina y he pensado en mi casa. La de aquí y la que está a mil kilómetros y me he preguntado si se ha de elegir para encontrar el origen, el inicio último.

He revisado a fondo a modo de inventario, he hecho cuentas y determinado que es posible que naciera con algún tipo de una tara. Me sale una casa mestiza, compleja, que no tiene nombre, ni forma casi. Me sale que soy de cientos de lugares y que transito miles de caras. Soy de los brazos fuertes que me hacen de almohada, de la letra espigada de las dedicatorias, de las fotos viejas y de las fotos que nunca borro del móvil. De cuando se pone el sol y empieza a hacer frío en la arena húmeda de la Victoria. De las esquinas secretas de Santa Catalina. Santa Catalina la de aquí, aunque la de allí también. Mi casa está en las cartas de los amigos que aún me escriben cartas, en los pasodobles de Miguelange oídos por youtube, en un buen puñado de poemas -muchos escritos antes de que yo naciera-, En la pequeña y vieja Leica siempre de mudanza. Mi casa está en cualquier puchero que sepa como sabía el puchero de mi abuela, o que me lo recuerde o que se le parezca; en el gallo empanado de los miércoles, en aprender a pronunciar la ele doble y distinguir cómo hay que hacer el corte para frotar el pa amb tomaquet. Mi casa está en cualquier mesa que rinda culto a la sobremesa. ¿Puede considerarse tierra la arena de la playa?

Debe ser cosa de la familia corta, rota y pegada que yo sienta este vacío de sobremesa de no tener patria, o de tener demasiadas y, por tanto, añorarlas. A muchos le doy pena. Desde que estoy aquí les veo mirarme como a bicho raro con esa mezcla de cariño con un posito de lástima. Debe tener algo de repliegue, de autodefensa en mitad de este paisaje de banderas varias, una especie de orgullo del apátrida, pero, inexplicablemente, me siento afortunada.

sábado, 11 de octubre de 2014

Restarting II

A veces el éxito está en no olvidar quién eres, en ser capaz de salir adelante con el esfuerzo de tus propias manos cuando no hay portadas de Vogue, ni neones, ni musas a sueldo multiplicadoras de la plusvalía. Mi primer artículo para Economía Digital habla de un artesano de los zapatos al que la crisis le quitó todo menos su oficio. Un placer contar el regreso de Juan Antonio López... Y un placer también reencontrarme con una redacción joven, profesional y despierta como la de Economía Digital.

Artículo completo: El regreso de Juan Antonio López, de las pasarelas al taller de zapatero .

viernes, 5 de septiembre de 2014

25 años de besos

El tiempo pasa rápido e intenso. Cambiándonos la piel, los ojos, los oídos, las personas y escenarios. Mutando las miradas a un mundo que nunca dejamos de descubrir. Como aquel niño de ojos enormes escondido en la sala de proyecciones. Hoy hace 25 años de una película que me marcaría para siempre. Muchas gracias señor  Tornatore. No sé si tengo besos suficientes para agradecérselo...

lunes, 1 de septiembre de 2014

Restarting

La vida te devuelve a caminos que creías que ya no estaban en tu mapa. Pero ni tú, ni el camino, ni el mapa sois ya los mismos. O sí?? En descubrirlo está lo más interesante...

miércoles, 30 de julio de 2014

Frases célebres

Pilar: "Sí, mujeres. Mi mundo ahora mismo está formado por mujeres y tíos raros. A los tíos supuestamente 'normales' no los entiendo y, por lo tanto, no los soporto".

miércoles, 16 de julio de 2014

La magia de hacer visible

Hay personas capaces de hacer un tipo de magia frente a la que solemos pasar de largo. La magia de hacer visible lo que antes nadie vio. O nadie quiso ver.

La fortuna es caprichosa y las historias pueden cambiar mucho si las coordinadas se mueven apenas unos grados. Por eso, y por más cosas, este documental es tan importante...

jueves, 22 de mayo de 2014

Crónica vital


A veces con miedo, a veces extremadamente indecisa, creo esta triple negación Made in Andalucía podría resumir bien cierta actitud que me mantiene viva.

lunes, 17 de febrero de 2014

La reputación online y la invicta malicia

Palabras e ironia
Quien me conoce sabe que, como buena curiosa, adoro los temas de reputación online. También offline, ¿no es al final lo mismo? Ya me iba la marcha cuando hace años desgastaba los apuntes de comunicación de crisis y reveía los vídeos de aquella ministra que hundió la industria cárnica. Hoy he escuchado emocionada la conferencia de Óscar Trabazos en la Social Media Week lamentándome no acceder -y presumiblemente, no entender-, esos volúmenes de datos inmensos que manejan en las grandes cuentas los especialistas en decodificar chismes en estos tiempos de internet. Dejando volar mi imaginación, he imaginado esas pantallas llenas de algoritmos donde se monitorizan los cientos, miles de menciones a una marca, persona o producto intentando dilucidar dónde está la crítica y dónde la oportunidad. “La reputación online no se gestiona, se crea o se destruye”, afirmaba epatante Trabazos y una no tiene tiempo de hacer un tuit porque hay verdades de la vida -y también profesionales- que es mejor mascarlas que retuitearlas.

Lo dicho, imaginaba un complejo algoritmo en la que se interpretaban palabras. Ceros, unos, combinaciones binarias cruzadas por la mente de algún genio para descifrar las querencias humanas. Líneas y líneas de letras porque, y en esto quizás no habrán caído, todo audio y toda imagen han de transcribirse para su procesamiento y posterior estudio. Qué curioso que al final -y al principio decía la Biblia- todo se reduzca a la palabra. 

Se devanan los algoritmos -más bien los programadores que los sustentan- en afinar resultados semánticos para la reputación de las marcas en internet. En saber qué porcentajes de tuits aparentemente positivos esconden la exquisita maldad del sarcasmo, la elegancia aguda de la malicia, la complicada pragmática, el humano mundo de la fina ironía.

“La ironía, actualmente, no es vencible, no es interpretable”, afirmó Trabazos mientras se me dibujaba una sonrisa. Me encantó el momento. Me encantó el verbo. “No es vencible”. Vence la ironía por muy poco seguida de cerca por los detectives cibernéticos de IBM, fantaseo. 

“Quizás es una esperanza todo esto, hay un espacio al que no puede llegar la máquina…”, se oye al otro lado de la sala plagada de freaks de la Social Media Week. Compruebo que al experto online se le ha escapado la misma sonrisa cuando responde: “No debía ser yo quién lo dijera… Pero sí“.


En casa, ahora, pienso en la ironía no vencida en los tiempos de la monitorización global y el Big Data, en los significantes equívocos para el software de reputación digital. Pienso en la palabra que quiebra el significado lógico, en la emoción, en la poesía, en las cosas que son quebrando significados. La ironía escapando al análisis de la máquina. Un humilde trozo de malicia humana. Mezquina, imperfecta y diminuta, pero todavía, invencible. 

sábado, 14 de diciembre de 2013

viernes, 6 de diciembre de 2013

martes, 26 de noviembre de 2013

Melodía de la semana

Al final, siempre hay una mañana de noviembre en la que me digo que es injusto y paro de lloriquear. Está a punto de llegar diciembre, hace mucho frío y me levanto con los ojos con medio centímetro de más. Heredé eso -los ojos inútiles para el disimulo- la forma de almendra y las pestañas. También las ganas de seguir. De tomarme una copa de vino cuando las venas se vuelven pequeñas y el tener una casa llena donde los rincones cuentan historias. Heredé el vicio por las caricias. El decir te quiero a tiempo y a destiempo. El reírme con risa tonta. El querer sobrevivir. 


Vivir. Sentir. Al final, el mes de noviembre siempre acaba con una mañana en la que me sorbo los mocos y me digo que soy injusta. Que tengo todo por lo que luchó ella. Una vida grande que sólo tiene los límites que yo le pongo. Una vida con algún golpe para que lo esquive, para que no me duerma.
Una vida a veces cálida y otras más fría. Mi vida. La vida que tengo y que es sólo mía.




Como decía alguien hace mucho, qué gran poeta Manzanita... 

viernes, 18 de octubre de 2013

"El artista ya no es el ser incomunicado de antes"

Horas de carretera y mapas. Horas de escenarios, pruebas de sonido, backstages. Ciudades encantadas y endemoniadas. Cientos de caras. Sudor, guitarras, rostros que se cruzan. Ojos cómplices que hoy lo son todo y mañana, nada. Cientos de caras. Dieciséis años de directo curten la voz y la espalda, arañan las fundas de las guitarras y también endurecen irremediablemente la mirada. Una mirada más aguda, más libre, con más rabia y menos ganas de conformarse. El grupo se ha hecho mayor. Ha ganado experiencia y perdido candidez, ha ganado horas de furgoneta y escenarios, ha ganado fans, arrancados uno a uno a golpe de directo. Su nuevo trabajo, “Montaña rusa”, habla de una vida de vértigo, de verdades y mentiras descubiertas al filo de los treinta y tantos. Habla del vacío, del sinsentido, de las trampas. Sean Frutos, voz tras los reveladores temas del grupo, nos da algunas claves del presente de una banda que intenta encajar su dulce momento profesional con su propia maduración interna. Todo en mitad de un entorno que se escribe con una palabra: desconcierto. Sigue leyendo en MondoSonoro

jueves, 17 de octubre de 2013

Los amantes y la alquimia

Los amantes no existían. Eran sangre, agua, piel, huesos. Grupos de células unidos por la misma electricidad que mueve los elementos. Eran además muchas cosas buenas, un ensamblaje de historias, viajes y encuentros, callejuelas de ciudad al sol y caricias de madre buena. Eran alumno, hermano, amigo, hombre que templa e ilumina, hombre que danza con la belleza.

Los amantes aún no existían. Los habitaban entonces seres brillantes, despiertos y completos. Seres que sorteaban ciudades y personas, caminando sin saber que todo puede cambiar con el azar de un encuentro. Desconocían que hay mañanas de olor a lavanda y destinos que nos esperan al lado del mar. Qué hay mañanas como puntos y aparte. Como mapas nuevos. Hojas en blanco para escribir palabras recién nacidas, palabras que nadie ha dicho nunca. Son mañanas que amanecen anónimas y y se tiñen con el color de un nombre, que detienen el tiempo y acortan el espacio. Mañanas que rompen la reglas de siempre y las transforman en otras distintas, fáciles a veces, otras veces, complejas.

Los amantes supieron entonces que acababan de empezar a ser. Que habían sido muchas cosas pero que estaban ante algo muy distinto. Vieron que les había faltado la mitad cómplice, la fuerza, la verdad y la caricia. La pieza única. El ingrediente y el calor que consiguen la emulsión perfecta. Sangre, agua, piel y huesos transformados, a golpe del alquimia, en una materia diferente, perfecta e imperfecta. Pasión, piel, latido, sueño. Alquimia que es capaz de teñir de magia, de magia de olor a lavanda, cada propósito doméstico, cada segundo de convivencia.

Los amantes son ya mezcla compleja, son mano sobre mano. Son ritmo de latidos y corazón abierto. Una mañana que quiere ser eterna. 

Dos cómplices valientes en un mundo imperfecto.

Los amantes son ya suma de historias, de raíces que entroncan con la tierra, con el pasado de unos y otros, con la memoria y los cajones llenos de fotos viejas. Son, además, savia nueva. Hojas que miran al sol, nacimientos, creaciones, mañanas arrancadas al tedio, confianza, fuerza.

Los amantes ya se besan los labios y las cicatrices. Ya mezclan dolor y delicia, perdón, pasión, entrega. Las claves complejas de ser dos y ser uno, de formar una pareja. 

Los amantes ya suman sueños e inventan palabras nuevas. Una a una van escribiendo su historia, que es la suya y, también, es la nuestra.

Leído en Cádiz en 11 de octubre de 2013 en una boda de alguien muy importante en mi vida, de una pareja muy especial. A esta servidora nunca le habían temblado tanto las manos. Ni las piernas...

lunes, 30 de septiembre de 2013

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Teoría Sentimental del Champú de Oferta

¿Honestamente? Me hubiera gustado que fuera mía. Lo reconozco. Hay teorías de finura tal que lamento mucho no haberlas pergreñado yo en esta cabecita entre penca y retorcida que me dio dios. Se llama La Teoría Sentimental del Champú de Oferta y pertenece a mi amiga Pilar que últimamente, aunque algo rota, está más mona, más sesi y más lúcida que nunca. A pesar de lo que su nombre pudiera indicar, la Teoría Sentimental del Champú de Oferta no está relacionada con lavarse el pelo con marca Vidal en casa de un extraño tras una noche confusa. Tampoco con enamorarse del primero que nos mira porque la mancha de una mora con otra verde se quita. Qué va… 

La Teoría Sentimental del Champú de Oferta tiene que ver con esos plastiquitos que un día te encuentras adosados a tu marca de champú favorita en el supermercado. Esos transparentes que colocan fuertemente adheridos a otra botellita de igual o menor tamaño de Body Milk, acondicionador o líquido crecepelo que tú, naturalmente, no necesitas. Seleccionado entre los stocks a punto de caducar de la multinacional Mycare&Mycare, el contenido indeseado -y a veces indeseable- de esas botellitas se convierte, por arte e ingenio del director de marketing de la firma, en tu "regalo" o "promoción" con esa compra. Un extra que a ti, fiel consumidora de tu champú para el pelo favorito, no te interesa en absoluto. ¿Problema? Que el plástico en cuestión está demasiado pegado, demasiado adherido a ambas botellitas como para separarlas limpiamente sin que alguien te vea. Cubierta diseñada para romperse con saña o con tijeras, el resultado es que no puedes salir del supermercado con tu champú del pelo favorito y haber dejado allí la promoción no electa.

¿Y toda esta parrafada sobre el packaging?¿Reoriento el blog para convertirlo en otra bitácora de prescriptores de marketing? Nada más lejos. Toda esta parrafada es para ilustrar la teoría sentimental de mi buena amiga según la cual, en toda relación, llega el momento de enfrentarse a la promo non petita, a la botella de oferta. Es decir, a ese día en el que ese ser del que te has enamorado aparece en tu vida adherido a un plástico pegado a una, dos, tres botellitas de contenido diverso que tú, ni por asomo, te hubieras comprado en la vida: su familia. 

Su familia -a partir de ahora "el regalo"- como los stocks de Mycare&Mycare, puede ser fantástica, el equivalente humano a un nuevo y revolucionario lanzamiento cosmético que tu economía doméstica nunca pensó permitirse. Un chollo, un encanto, una suegra adicta a cocinar tupers y comprarse ropa súper mona que luego heredas tú. O a comprártelas a ti directamente (por teorizar…). Más frecuentemente, "el regalo" puede ser un estándar increíblemente ajeno a tu manera de ver de vida. Un crepelo muy práctico si eres calvo pero que tú no sabes dónde narices meterte. Una suegra, por ejemplo, adicta a las manualidades, enganchada a regalarte cosas del Venca u obsesionada con los gatos y tú con alergia. Finalmente, y por dejar de ser políticamente correcta, "el regalo" también puede ser, y a veces, es, mucho peor. Una crema pringosa con olor a aceite de linaza, un after sun que te da alergia. Una suegra sobreprotectora que compite por tu sitio, una adicta a la alimentación macrobiótica, o al fitnes, o la cirugía estética. Alguien con quien te descubres un día en la cocina intentando hablar en un idioma que para ti es absolutamente ininteligible. 

El gran cabo suelto de la Teoría Sentimental del Champú de Oferta es que las botellitas anexas un día salen de tu casa y de tu vida "como obsequio" en el bolso de tu amiga rapiña "Uy, pues si no lo usas yo me lo llevo". O de tu cuñada o hasta de tu suegra. Pero encontrar una solución similar con la familia política pues está, la verdad, muy feo. Es en esos casos en los que una se aguanta con el obsequio y sólo espera que alguien del clan encuentre en el supermercado otra botella anexa que se le parezca. Una perfecta cuñada, o por opuestos, una cuñada imperfecta. Alguien que, al menos, haga grupo, o lo deshaga, y cubra el hueco físico o psicológico que tu dejas. Pinche en las comidas del domingo, chascarrillo en las charlas de la cocina, animadora en el grupo de guasap. 

"Hay que ver lo rarita que es tu mujer… No se integra" oyes de pasada mientras tu champú del pelo favorito asiente y te disculpa "Sí, mamá, sí se integra… Es que es tímida y le cuesta abrirse. Pero os tiene mucho aprecio".

jueves, 5 de septiembre de 2013

Bochorno urbano I

Piiiiiiiii!!!!!
-Vaya, la máquina dice que mi T-10 está agotada. Pero sí lo último es un seis. Está borrada, ¿verdad??
-Pues sí que está borrado sí.
-¿Usted acepta billetes de 50??
-No.
-Pero en este barrio no hay donde comprar el bono.
-Pues no.
-Ergo, ¿tengo que bajarme del bus??
-Sí.


Algo muy parecido me pasó una vez en Cádiz y no fue para nada así :(

martes, 3 de septiembre de 2013

Frases célebres

Pilar: "Los hombres son como el Windows Vista. Dios la cagó con ellos y, como no quiso reconocerlo, nos puso a nosotras para parchearlo".

lunes, 2 de septiembre de 2013

Melodía de la semana

Septiembre siempre me ha olido a bizcocho en tarde de lluvia, rozaduras en los zapatos y películas de sobremesa. Una mezclilla de placer y tristeza que los portugueses llaman saudade y que es muy gallega. Será por eso que la siento tan mía. Mi primer septiembre en Barcelona se adelantó un poco con la gota fría y me gustó el olor de la calle mojada. Olor a casa, aunque esté a mil kilómetros. Leica y yo resguardadas frente a lo que será la Biblioteca Joan Maragall de la que pensamos, bueno, pienso, sacar mogollón de libros. Cada septiembre me planteo que mantendré el bronceado, haré dieta y estudiaré el siguiente nivel de inglés. Todo me suena a conocido, me huele a conocido. Será que, en el fondo, no lo siento tan lejos...