martes, 29 de enero de 2008

Paciencia

Por cierto, el 2007 TU24 pasó por aquí hace escasa hora y media y, que sepamos, no se llevó por delante ni a una porcioncita de nuestra enorme cuota de terrícolas indeseables...
Habrá que esperar otro par de décadas...

El político farandulero

Lo malo de mezclar política y farándula es que se corre el riesgo de perder la olla y creerse, en serio, que hay algo en este mundo que tiene sentido. Lo malo de unir ambos ingredientes en apariencia diferentes, en la práctica, hermanos o primos, es que se convierte uno en una extraña caricatura de sí mismo. Al novio de la top model Carla Bruni, también conocido por ser presidente de la República de Francia, le ha ofendido que una conocida línea de vuelos baratos usurpe su imagen para un recorte publicitario.

Con una broma que más parece de aquí que de tierras irlandesas, la compañía en cuestión saca a la pareja de moda con un bocadillo guasón. El morador del Elíseo considera «inaceptable» que se haya tomado su rostro para anunciar tarifas de poca monta y ha mandado a su portavoz a que amenace con emprender «acciones legales» contra la conocida compañía. Nada que ver con Zapatero o Göran Persson que, en similares circunstancias, hicieron de su capa un sayo ante la impertinencia.

A Sarkozy le molesta que se le tome a él y a su pareja para anunciar vuelos cutres, se entiende. Aunque ella, solita, haya promocionado desde bragas a collares y empapelado con su rostro ciudades enteras. Con glamour, también se entiende. A lo mejor la clave está en pedir permiso, permiso de firma millonaria o algo que se le parezca.

A veces, tanto políticos como faranduleros se pegan de bruces con la cruda verdad de la existencia: por muy alto que estemos siempre habrá alguien que nos tome a cachondeo. Siendo bajito, recién divorciado, con pibita y alto cargo, resulta cómico que el francés se tome estas cosas como una ofensa. Cuestión de clase. Al pobre le queda grande la novia o la presidencia.

Publicado en La Voz de Cádiz el martes 29 de enero de 2008

lunes, 28 de enero de 2008

Un buen comienzo

A veces la puerta suena a horas intempestivas de la mañana y no es la niña de la vecina que juega con los botones, no es el lector del contador del gas, ni la lotera de enfrente, ni la de la Asociación Municipal de Simparangones, ni por supuesto, los dos fornidos rubios con pinta de núbiles e inconfundible tufo, traje y rostro de misioneros mormones.
A veces, la puerta suena por la mañana, a horas intempestivas, te saca en pijama, despeinada y jodida, y no es por ninguna de las infinitamente molestas e inútiles razones anteriormente citadas.
A veces, suena la puerta, y es un amabilísimo repartidor a domicilio, que obviando tu lamentable aspecto, te tiende la mano para hacerte llegar directo, el primero de los volúmenes de tu suscripción anual al Vogue.
Ay…

miércoles, 23 de enero de 2008

Frases célebres

Un anónimo: "Claro que es generalmente aplicable... Aquí hay que escribir como en el Franquismo".

martes, 22 de enero de 2008

El poeta y la fiambrera


Hizo que me llevara a casa una fiambrera. Así de simple, prosaico y despojado de estridencias. Calamares rellenos y tiernas patatas fritas. «Que preparen ese plato para que se lo lleve la jovencita. No lo ha tocado nadie y, miradla, ella está herida». Yo llevaba un brazo cabestrillo y, seguramente, el pelo sucio -una nunca está preparada para cuando conoce a sus mitos-. Había ido a su lectura y me encontré allí, sentada a su lado en la mesa. Junto al sencillo hacedor del versos, junto a aquel escombro tenaz que, en mis caminos taciturnos, me presta fragmentos de sus versos.

Yo llevaba un cabestrillo y me sorprendía viéndole allí. Con su pelo blanco, su barba, sus gafas negras. Yo, en aquella mesa de íntimos, con la admiración a raya y camuflada la vergüenza. Bebía el mismo whisky doble del que todos hablan y tenía ese halo triste de quien ya advirtió una vez que, para llegar al llanto, allí estaba su puerta.

Desde el domingo, los periódicos dan fe de su sensibilidad extrema, del sencillo genio de sus versos, de sus proezas. Yo recuerdo el privilegio de una cena, una charla sobre los desafíos de la izquierda, los latidos en el pecho y sorprendente cercanía del poeta. A veces, la vida se destila en expresiones sencillas. Pasa en la vida y en los poemas. Ángel González no volverá a hacer versos y a mí, para siempre, me quedará la tierna anécdota del maestro que me hizo llevarme una fiambrera. Caprichos del recuerdo, nada magnánimo ni gigante, nada que firme un anecdotario que deje la boca abierta. En estos días no paro de encontrarle en las esquinas, frente a la pantalla, en la casa, entre la gente. Cuando salgo del trabajo y enfilo el camino a casa. Ha muerto el poeta y, es cierto, no recuerdo un invierno tan frío como éste.

Publicado en La Voz de Cádiz el 22 de enero de 2008

lunes, 21 de enero de 2008

Se acerca...

CUMPLEAÑOS

Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en el aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños
Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!

Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.

Ángel González

miércoles, 16 de enero de 2008

Implacables, líquidas

"Sólo las ollas saben los hervores de su caldo, pero yo adivino los tuyos…"

A veces la literatura ofrece resortes que la vida real nos niega. En noches de insomnio y moco feroz recuerdo a la protagonista de Como agua para chocolate. Un día, rompía a llorar y llorar hasta que se le abría un hueco en el pecho. Un hueco por el que, según la autora, “se le colaba un frío infinito”. Tita lloro y tejió, tejió y lloró hasta ver abrirse una sima que le perforó el esternón y le clausuró para siempre las glándulas lacrimógenas. Para desgracia de la imaginación, con el tiempo, he comprobado la increíble tenacidad de las lágrimas, su capacidad de resistencia, su infinita ferocidad para salir al encuentro de la muerte. Con el tiempo, alguna vez, más de una vez, si nos ponemos sinceros, he sentido ese frío infinito que atraviesa la piel a la altura de los pechos y te ahoga en la garganta. Nunca, por ahora, he podido beneficiarme de ese escancie definitivo que consolaba a la infortunada Tita.
Las lágrimas se retroalimentan y son capaces de sobrevivir al más frío de los empaques. Pueden hacerte gemir, gritar, retorcerte y apretar los dientes con la esperanza de que se acaben para siempre, de que esta vez sea la definitiva y, por fin, permitan que vivas tranquila sin el corazón cogido y un nudo feroz a la altura del vientre. Las lágrimas, todo parece indicar, no se acaban nunca, no te abandonan nunca. Y, si acaso, se pertrechan a un lado de tu cama para recordarte quién eres cuando los años –la experiencia- hace que te aventures a mirar más dentro y que pierdas las vergüenza. Entonces, es el fin. Entonces, ellas aprenden a mojarlo todo.
Como contrapartida a su especial capacidad para hacerte sentir incomprendido, un bicho raro en mitad de un mundo que funciona a base de glándulas resecas, las lágrimas enfrentan su vocación de bálsamo bendito. Y es que las fluidas gotas saladas ofrecen una caricia invisible que huele, como evoca un personaje de la novela que hay sobre mi cama, como misteriosamente lo hacen las madres. A ese aroma calmante que reúne todo lo bueno del mundo. Las lágrimas luchan contigo, te vencen y permiten que, rendida, levantes la vista para mirar un mundo calmo que se ha rehecho y, de repente, aquí y ahora, parece más bonito.
Las lágrimas nos hacen sentir más solos, pero nos despiertan más fuertes. Nos cogen de la mano y nos preparan, aunque agotados, para encarar sin desesperos la vida que nos aguarda impávida, como una amenaza, en la acera de enfrente. Mientras nos dura su efecto, somos más valientes, más enteros y diestros. Ellas, a la par, van poniendo en marcha su eterno funcionamiento: alimentándose de cosas feas, comiéndose penas y devorando miedos. Llenando cristalinos depósitos hasta estallar un día y regalarnos ese bienestar único de poner nuestra cuenta de dolor a cero.

martes, 15 de enero de 2008

Melodía de la Semana

Mi personalísimo regalo a todos los que me habéis aguantado estos días, y me aguantaráis los próximos.
Ya sabéis mi teoría, todo el mundo necesita una...


La revolución sexual
Dímelo ya, necesitas descansar,
y ahora dímelo ya, esperar está de más.
Porqué va a suceder el verano del amor,
sé que va a suceder la revolución sexual.

Y hace días que sabes que no,
que a veces no hay que tener la razón.

Tú que decidiste que tu vida no valía,
que te inclinaste por sentirte siempre mal,
que anticipabas un futuro catastrófico,
hoy pronosticas la revolución sexual.
Tú que decidiste que tu amor ya no servía,
que preferiste maquillar tu identidad,
hoy te preparas para el golpe más fantástico,
porqué hoy empieza la revolución sexual.

Déjalo ya, no pretendas despistar,
ahora déjalo ya, a quien quieres engañar.
Porqué va a suceder el verano del amor,
sé que va a suceder la revolución sexual.

Y hace días que sabes que no,
que a veces no hay que tener el control.

Tú que decidiste que tu vida no valía,
que te inclinaste por sentirte siempre mal,
que anticipabas un futuro catastrófico,
hoy pronosticas la revolución sexual.
Tú que decidiste que tu amor ya no servía,
que preferiste maquillar tu identidad,
hoy te preparas para el golpe más fantástico,
porqué hoy empieza la revolución sexual.

Tú que decidiste que tu vida no valía,
que te inclinaste por sentirte siempre mal,
que anticipabas un futuro catastrófico,
hoy pronosticas la revolución sexual.
Tú que decidiste que tu amor ya no servía,
que preferiste maquillar tu identidad,
hoy te preparas para el golpe más fantástico,
porqué hoy empieza la revolución sexual.

Tú que decidiste que tu vida no valía,
que te inclinaste por sentirte siempre mal,
que anticipabas un futuro catastrófico,
hoy pronosticas la revolución sexual.
Tú que decidiste que tu amor ya no servía,
que preferiste maquillar tu identidad,
hoy te preparas para el golpe más fantástico,
porqué hoy empieza la revolución...

La Casa Azul

El regreso

Por fin, por fin, por fin, por fin, por fin, por fin, por fin, por fin!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Mentiría si dijera que no he echado de menos estos paisajes. A falta del wifi y después de meditar si era mejor o no dar carnaza a los Inoficiales Inspectores de las Bajas -una raza de individuos de rostro cetrino programados para procesar y divulgar que estarperfectamenteparatrabajaraunquesetecaigalapielatiras- me he mordido la lengua y los dedos y hasta hoy, fecha en la que el INSS vuelve a contar con mis sudores para la buena marcha de España, no he regresado a mis avatares cibernéticos...
Ando coja, pero ando y este verano espero lucir unas preciosas hawaianas cuyo color aún está por determinar.
Muchas gracias por los mensajillos, los gusanitos a domicilio y las largas charlas sobre Maneras de Apoyar el Pie sin que Haga Daño.

lunes, 19 de noviembre de 2007

Cerrado temporalmente por reformas

Para todos aquellos que empezaban a preguntarse si mi desaparición virtual era una prueba más de mi tendencia ignata a la inconstancia está destinado este post aclaratorio en el que, humildemente, muestro la prueba feaciente de mi primera intervención quirúrgica. Razón de mi desaparición en la red y también en los papeles durante las últimas semanas y las próximas.
Como a una no le da el glamour para cirugias más interesantes, su primera experiencia médica ha tenido que ver con extirparse el hallux valgus que con cariño, punzadas y zapatos cubiertos la ha acompañado desde su más tierna infancia.
Mi particular mutilación ósea me mantendrá un tiempecito alejada de la calle, los bares y también de los teclados... A falta de wifi en mi portátil -se aceptan técnicos altruistas que lo conecten gratis- y teniendo en cuenta que lo de mantener la pierna hacia abajo en mi mesa de ordenador es una tortura de presión sanguínea que ni mi salud ni mi vocación periodística se pueden permitir, dedicaré un tiempo a leer, dormitar entre capítulos, devorar gusanitos y kojacs, ver telebasura, bajar pelis piratas, hacerle cosquillas a la Leica y recibir en casa (ocupación para la que me he agenciado de una buena remesa de pijamas la mar de monos).
Para cuando esté buena prometo haber macerado un buen número de teorías chorras con las que jugar a la polémica. Mientras, desde el encantador limbo que me proporcionan el sofá y las drogas legales, echaré de menos estos lugares.
Un besote

viernes, 2 de noviembre de 2007

La envidia del tirano

Dentro del mobbing contra las mujeres embarazadas hay que tener en cuenta factores psicológicos como la envidia del hombre ante tal estado». La frase, una verdadera perlita para pintársela en una camiseta estrecha, no es mía, es de un locuaz locutor de la radio que me sacudió la bilis el otro día, todavía sol de cara, camino al trabajo. De los colegas de la radiofrecuencia siempre me ha llamado la atención, en los buenos casos, su apabullante capacidad para tener siempre algo que decir. Algo impagable que, aunque alguno me porfíe, no me pasa ni siquiera a mí.

Como diría un amigo poeta, los silencios, cuando la cara del otro no está delante, pueden ser insoportables, y no hay peor vacío que el run run que borbotea sin palabras desde el transistor. Por eso me horroriza ante un nuevo caso de diarrea verbal tener que exculpar del delito al individuo ejecutor por estar obligado por contrato a regalar pavadas. Y como las palabras se las llevas el viento pues ahí va la perla, como si nada... Encima de ignoradas, mal pagadas, peor consideradas y embarazas habrá que ser sensible con el tirano de turno, qué dolor, al que dios no bendijo con el desequilibrio de hormonas y la agradable visita de la regla.

A riesgo de convertirme en una feminista panfletaria -en el fondo algunos ya saben mi íntima tendencia a la pancarta- y sabiendo que no por protestar conseguiré que se promulgue un Real Decreto contra las Memeces, una se reserva el derecho al pataleo frente a esta sutil fórmula para justificar que en el mundo de la empresa, como en la vida, al final, nada cambia. Ni por mujeres, ni por profesionales, humanas o preñadas.

Publicado en La Voz de Cádiz el 31 de noviembre de 2007

martes, 23 de octubre de 2007

Mi vida según los otros

Una se da cuenta de que la verdad no existe en el primer intercambio consciente de cotilleos. No valen los discursos previos, las premisas aprendidas ni las experiencias de medio pelo. Una sabe que cotillea cuando ha decidido sacudirse el yugo de la bondad y admite que todos, potencialmente, somos malas personas. Que miramos sólo por lo nuestro aunque, bendecidos por la opción de elegir, decidamos no hacer la puñeta y haya quien se proponga ser cada días mejor. Y no es cuestión de moralina, no crean, es como el gimnasio, molesta al principio, pero tiene sus satisfacciones. Dicen.


Una se da cuenta de que la verdad no existe cuando aprende, después de una buena cura de humildad, que el amigo que creíamos el peor de los traidores cuenta nuestra misma historia al revés y, encima, no está mintiendo. Una se da cuenta de que la verdad no existe cuando sus afectos, sus principios y horizontes pueden modificarse con la ductilidad de un alambre.

El ahora veneradísimo rockero Fito Cabrales está preparando su biografía -¿biografía?¿apenas cumplidos los 40? Sí, ahora, como siempre, la precocidad está de moda- y quiere que sus fans aporten recuerdos a través de su página web. En una iniciativa de participación nunca antes vista, serán los otros los que rebusquen intimidades para refrescarle la vida al cantante desde sus inicios en Platero y tú hasta el pasado año. Que el Cabrales tiene una autoestima acorazada parece claro ante tal derroche de valentía, también que no debe ser lo suyo lo de comer rabo, de pasa. Yo, personalmente, envidio tal grado de serenidad. La menda andaría poniendo filtros y pagando sobornos con el terror de conocer la otra versión, la que cuenta mi vida, pero desde la barrera.

Publicado en La Voz de Cádiz el 22 de octubre de 2007

lunes, 22 de octubre de 2007

Las separtadas


Separtarse no es ni separarse ni apartarse, es un movimiento violento -habitualmente desencadenado por una fuerza externa- por el cuál alguien nos saca de su vida con una excusa rocambolesca y un rostro inigualable sin que apenas nos demos cuenta. Una se separta -esto, tenga en cuenta la precisión del lenguaje sería incorrecto porque la forma verbal es "Una es separtada"- cuando, sin que medie explicación previa -o aunque medie y no lo vea- su pareja decide que ese bucólico ratito de fútbol viendo la televisión, esa comida familiar con la abuela o ese paseo mañanero por la playa puede ser un buen momento para dejarlo. Así, sin anestesia, mientras a la otra o el otro se le queda cara de boba mientras espera que acabe la broma.
"¿Pero estás en serio?", suele articular la separtada con un hilillo de voz cuando la que creía su media naranja adopta el rictus compasivo destinado a domesticar su aprobación. "Creo que es lo mejor. Imagino que estás de acuerdo...", continúa el ejecutor-a con cara de corderillo degollado.
A la separtada, que empieza a sentir calor frío que va evolucionando en tembleque, la cabeza le da vueltas como calcetín deportivo en una lavadora. "¿Tú crees?", acierta a decir.
Lo que la separtada no sabe, y tardará meses en saberlo, es que la decisión hace tiempo que está tomada, que es un hecho y que ella, objeto de las miradas paternales de toda la pandilla durante las últimas semanas, es la única que no se ha enterado de que "la cosa no funcionaba".
Tiene la separtada un carácter propio y una entidad que la coloca por derecho propio en el catálogo de Grandes Figuras del Sufrimiento en Pareja (GFSP), un abanico de personajes entre los que también se cuentan La Entregada-o, El/La Entusiasta, La Víctima o El/La Impasible en el que yo conozco, dada la configuración inicial de mi gameto, apenas una parte. El universo de féminas desorientadas que todavía miran cada cinco minutos el teléfono porque "en algún momento tendrá que darse cuenta de lo que ha hecho".
Lo importante de la separtada es que no es un estado perpetuo, una entra y sale de él según las circunstancias, las apuestas y lo avispada que sea a la hora de analizar las respuestas. Ser, estar, haber sido separtada no incapacita para curarse, rehacerse y hasta liarse a separtar una misma si me apuras... (Siempre se ha dicho que no hay peor separtador que el que fue separtado) Es un estado momentáneo que se alarga en el tiempo según la configuración de otras variables, estas sí, más perdurables. Hablo de Las Adictas al Drama, Las Sufridoras o Las Nadiemequierecomomerezco, dignas de otro post e inspiradoras de otras y variadas tragihistorias.

martes, 16 de octubre de 2007

Ciudad ¿moderna?


Cádiz, ciudad moderna donde las haya, provincia de contrastes, Historia e historias, patria de Hércules, guarida del genio, es una trampa. Si no tienes coche, no eres nada. Lo digo yo, que vi esfumarse mi último vaho de esperanza de la mano de un gruista que, anonadado, me pasaba un kleenex con el que secar mis lágrimas. «Mujer, ya te comprarás otro»... «Seguro...», conseguí ironizar entre mocos antes de que me dejara con el camión cerca de la Zona Franca. Desde entonces, y ello a pesar -todos los saben- de que el coche y yo nunca fuimos grandes camaradas, mi andar cotidiano me recuerda que en la ciudad con más paro de España, en la de la infravivienda, en la de la baja renta, no hay menda que se precie a merced de sus patas.

Ecología para qué te quiero, aquí en Cádiz, sin coche, sin cuatro ruedas que te liberen de los delirantes transportes públicos, eres un paria. A la segregacionista idea del autobús nocturno -no apto para mayores de treinta, ni si te olvidas el bonobús, ni para los que salgan un jueves o tengan que volver pronto a casa (sólo han puesto a funcionar cuatro vehículos para toda la noche y únicamente en sábado)-, se suma la imposibilidad real de desplazarte por esta provincia sin perder en ello tres, cinco o siete horas como si nada.

Junto a nuestro practiquísimo servicio Búho, el siguiente premio al Absurdo en el Servicio se lo lleva el bus del aeropuerto. Un magnífico ejemplo de cómo al político de turno se la trae floja que decenas, cientos, de transeúntes abarroten la autopista para transportar a un único viajero. Lo dicho: ecología para qué te quiero. Dos ejemplos tangibles, dos casos claros de la práctica más genuinamente gaditoidiota para explicarnos porqué nunca seremos ciudad de servicios, ni turística, ni tortas. Ejem.

Publicado en La Voz de Cádiz el 16 de octubre de 2007

jueves, 11 de octubre de 2007

miércoles, 10 de octubre de 2007

El crustáceo libertino

Porque tiene que haber investigadores para todo, unos biólogos de A Coruña acaban de derribar uno de los más recurrentes mitos de la gastronomía. Para desgracia de todo aquel que se arruinaba la VISA bajo la máxima de lo que se come se cría, estos científicos se han pasado varios meses hasta demostrar que no es pene todo lo que reluce –perdonen que no hubiera precisado antes– en el percebe. Si la sabiduría popular había engalanado al cirrípedo –que para todo debe documentarse una– con la leyenda de ser el único animal cuyo órgano reproductor superaba en 20 veces su propio cuerpo, ha tenido que ser la ciencia la que, a costa de imprudente observación nocturna, ponga las cosas en su sitio. Concluye el estudio que el Pollicipes pollicipes sigue estando bien dotado, aunque su proporción, finalmente, se multiplica sólo por 1,5. Un volumen nada desdeñable por el que algún energúmeno homo sapiens con aspiraciones circenses y obsesión por la falofilia pagaría.
Parece ser que en esto de la sexualidad del percebe –capaz de, para copular, jugarse la vida– el tamaño también importa a pesar de que el crustáceo haya sorprendido a sus observadores con sus veladas reproductivas, dadas a juegos preliminares y sesiones en pandilla. Unas costumbres nada inorgánicas que lo catapultan, por obra y gracia de la ciencia, como el bicho acuático de rutinas más libertinas.
Así que, ya saben, cuando el camarero les pase la dolorosa, sepan que no hay precio por devorar al Dr. Amor bajo las aguas, al François de Sade adherido a la roca, al Nacho Vidal de la gastronomía… A lo mejor tienen suerte y no hay ningún científico rompetópicos a la vista. A lo mejor pueden darle bola al mito de Lo que se come…

Publicado en La Voz de Cádiz el 9 de octubre de 2007

Melodía de la semana

A las canciones que me ayudan a vivir, a entender mejor el mundo, las llamo medicinas. No suelo compartirlas a diestro y siniestro pero, a veces, la ocasión lo merece...

Tendré dragones verdes
mirando en otros ojos,
da igual si son rebeldes
o tienden al reposo.
Serán dragones verdes
más claros, más oscuros.
Saldrá de nuevo el sol
y de eso estoy seguro.

Tendré promesas nuevas
alimentando el verbo
y todas las estrellas,
y el cielo de los cielos.
Haré canciones buenas
de nuevo en el nosotros
y juntaré la arena
y reviviré, supongo.

Y entonces
volveré a pensar en ti,
en el amor que vuela.
Y entonces
volveré a pensar en ti,
en el dolor que queda,
diciendo adiós diré:
qué pena qué pena qué pena.

Habrá de nuevo un bosque,
mojar los labios,
un beso que me nombre,
y primavera en Mayo.
Daré lo que ya he dado
y lo que está por verse,
el tiempo y el espacio
habrán de resolverse.

Tendré dragones verdes
mirando en otros ojos,
reflejos transparentes
donde entenderlo todo.
El mundo no se acaba
donde se acaba un beso.
Encontraré las alas
para volar de nuevo.

Y entonces
volveré a pensar en ti,
en el amor que vuela.
Y entonces
volveré a pensar en ti,
en el dolor que queda,
diciendo adiós dire:
qué pena qué pena qué pena.

Diciendo adiós diré:
qué pena qué pena qué pena.

viernes, 5 de octubre de 2007

Preguntas al aire...





Ante tanto debate folk y tanta importancia...
¿Será que mañana la tele amanecerá republicana?

jueves, 4 de octubre de 2007

Desespero

Odio la burocracia, odio la burocracia, odio la burocracia, odio la burocracia, odio la burocracia, odio la burocracia, odio la burocracia, odio la burocracia, odio la burocracia, odio la burocracia, odio la burocracia, odio la burocracia, odio la burocracia, odio la burocracia, odio la burocracia, odio la burocracia, odio la burocracia, odio la burocracia, odio la burocracia, odio la burocracia, odio la burocracia, odio la burocracia, odio la burocracia... gr...

La fonética y la identidad


El español comparte con ciertos idiomas una configuración fonética de sonidos similares. Cuando uno sintoniza la televisión griega o pilla algún eco de Radio Euskadi, tiene la extraña sensación de que anda oyendo su lengua vernácula a la que algún rito satánico ha dado la vuelta. Esta regla facilona resulta imposible en determinadas circunstancias. Es por ello que el gaditano de reciente cuño no comparte con nadie ciertos sonidos guturales de difícil tasación. Uno puede pasarse la vida intentando imitarlo pero sólo una adolescencia enchufada al contralto de turno y una infancia regada por grabaciones caseras de las finales infantiles consigue lograrlo.

Directamente relacionada con las sinergias pandilleras que a unos les llevaron por el falaz camino de oxigenarse las puntas y a otros por los gloriosos adornos de la rojigualda, pertenecer a una manada con cordones de oro, camisetas sin mangas y coletilla torera en la nuca, presupone el don de ser capaz de hacer resonar la voz entre la nariz y la garganta y de gozar de un vocabulario propio cifrado en monosílabos crípticos, con el Ein a la cabeza.

Un fenómeno de fonética típicamente gadita que antes me irritaba y ahora empiezo a ver como una inteligente manera de comunicarse sin que nadie nos entienda. Si no, hagan la prueba, coloquen a su pariente de allende Despeñaperros en mitad del universo canicadi. Háganlo y lo comprobarán. Con ojos como platos tendrá que rendirse a la evidencia de nuestra peculiar fórmula para trabajar la identidad. Tendrán que morder el polvo antes de ponerse a descifrar.

Publicado el martes 2 de octubre en La Voz de Cádiz

viernes, 28 de septiembre de 2007

Frases célebres

Mi farmacéutico: "En este país ya no hay envidia, hay sentimiento de superación. Lo dicen en la tele".

Melodía de la semana

Al fin y al cabo, ¿quién quiere un amor tranquilo?



Grande

Contigo tendré que combatir
no se te puede tomar tal cual
Tienes tantos defectos
que ni Tú los conoces
Eres peor que un niño caprichoso
siempre quieres ganar
eres el hombre más egoista y prepotente
que nunca he conocido

Pero lo bueno es que en el momento preciso
sabes convertirte en otro
En un momento
Tu eres grande grande grande
No recuerdo ya mis penas

Veo a todas mis amigas
mucho más tranquilas que yo
No tienen que discutir por nada
como Tú me haces hacer
Recogen regalos y rosas
por sus cumpleaños
Siempre dicen que sí
nunca tienen problemas y estan seguras
con la vida y todo.

Pero no, pero no
la vida es aquella que Tú me das
Todos los dias en guerra me siento viva
Soy como a tí te gusta

Te odio, después te amo, después te odio, después te amo, después te odio, después te amo
No me dejes nunca
Eres grande grande grande
Tan grande como sólo tú puedes ser

Te odio, después te amo, después te odio, después te amo, después te odio, después te amo
No me dejes nunca
Eres grande grande grande
Tan grande como sólo tú puedes ser

No me dejes nunca
Eres grande grande grande
Tan grande como sólo tú puedes ser

Mina, 1972

(Por cierto, desde aquí, gracias al traductor :)

El instante

Ella: No te muevas.
Él: Mírame a los ojos.
Así hablaban cuando, en una punzada, les atravesó la vida. Duró un segundo. O quizá un minuto. O tal vez horas. El momento preciso, el instante incierto, en el que se sintieron uno. Vulnerables. A merced de un limbo narcótico. De un destello fugaz e intenso, perecedero y eterno, que hablaba de la verdad y de las mentiras, de la vida y de la muerte. El ocaso invisible tras el cuál, una vez más, volvieron a estar solos. Completamente.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Dialéctica bucal

Esta mañana, en la tienda del Lolo...
Antonio, uno de los mejores dependientes del mundo de la moda gaditana, intenta sacarle la ficha de identidad a una clienta...
-Me suena su cara... ¿No habrá vivido usted en Arbolí?
-Nooooo...- exclama la señora con un ademán de misterio...
Lolo, observador avizor de la escena, interviene iluminado por una revelación divina...
-¡Usted tiene cara de ser de Pasquín!
-Pues sí, has dao en el clavo. ¿Cómo lo sabes?
Mientras se retuerce por las carcajadas, decide que en ese momento llama a su amiga, una servidora. Partenaire creativa del greatest hit del verano de Pasquín a Mykonos pasando por Arbolí...
-Nena, no sabes lo que te tengo que contar...


(Advertencia al lector: no hay nada que entender, es simplemente, una ida de olla)

martes, 25 de septiembre de 2007

El lenguaje, los medios y el artificio


En la imagen aparece una acongojada familia bajando las escaleras de un juzgado. En el centro y con gafas de sol habla una mujer maltratada que denuncia una injusta sentencia. «Estoy destrozada. No voy hacer declaraciones...» El informativo del mediodía cambia de registro, un suceso macabro y luego se detiene en una humilde familia víctima de la meteorología: «Cuando nos dimos cuenta, el desastre ya había comenzado...». Mientras corto el último trozo de pechuga las palabras me martillean en la cabeza «declaraciones», «comenzar», «desastre», «comenzar»... Expresiones que no chirrían porque, tal vez, estamos empezando a acostumbrarnos, a asumir su lenguaje, a emularlos.


Dice el director de la RAE que lo que más le preocupa del lenguaje de los medios, de los medios audiovisuales, es el tonillo rimbombante, la manía de romper los ritmos y adoptar poses interesantes de los locutores del telediario. «Están rompiendo el tono normal del español y encima la gente cree que está bien hecho...» se lamenta el académico.


Frente a la pantalla, veo a la mujer de las gafas tornarse diva del colorín. No quiere «hacer declaraciones», que es lo mismo que querer que te dejen tranquila, que no querer hablar, pero más fino. Lo de la anciana que sostiene la escoba es todavía más sutil. Tiene que ver con el impasible ademán al pronunciar las eses líquidas, con la palabra desastre y el verbo comenzar... Ambos muy dignos pero metidos con deje artificial.


Los medios de comunicación cambian el mundo, nos cambian a nosotros y, tal vez, cualquier día, entre tanto boato y alarde interesante, nos cambien del todo. Terminemos llamando a un amigo para compartir una velada, para departir en evidente complicidad, en lugar de para echar un buen rato.


Publicado en La Voz de Cádiz el martes 25 de septiembre

domingo, 23 de septiembre de 2007

Melodía de la semana


En el fondo, si no existieran los canallas, tampoco habría estas canciones...
¿O no?

El miedo fácil bajo la cama


A los que somos miedicas el sobrevivir un par de años sin ver sombras por los rincones puede convertirse en una hazaña que muy pocos, gente madura acostumbrada a relativizar, entenderían. En los últimos días y gracias a un libro que ha sacudido la conciencia de quiénes me rodean, extraños sonidos invaden mi casa. Ligeros susurros que a mí me espantan el alma y que a mi perra, organismo peludo de naturaleza zalamera, parecen no inmutarle. Hacía mucho tiempo, podría remitirme a mis años de estrenada veinteañera, que no apagaba las luces mirando con los ojos como platos alrededor.



Plantea Sánchez Piñol -en La piel fría, para más señas- un terror que raya el pánico y que algunos, los críticos comparan con las imágenes más horribles de Lovecraft y Hodgson. Una no tiene capacidad para tales filigranas y admite, sencillamente, que las pasó sobrecogida. Del argumento no contaré nada dada mi personal animadversión hacia las sinopsis pero sí que terminó recordándome algo que escuché una vez de boca de una amiga psicóloga. La cabeza tiene filtros para asumir grandes desgracias, para quedarse impasible hacia ciertos miedos, mientras es capaz de horrorizarse, de rayar la crisis nerviosa ante la más nimia de la pequeñeces.




Tal vez por eso, al culminar la metáfora que era el fin de la novela -terrible, real y definitivamente realista-, tuve menos miedo que en los momentos más fantásticos e irreales de cuando la leía. Quizás porque es mejor pensar en monstruos deformes bajo la cama, que en mentalidades monstruosas vestidas de traje y corbata, que hablan de cada mujer y de cada hombre, que pueden, si se da el caso, llevar nuestra cara.




Publicado en La Voz de Cádiz el martes 11 de septiembre