martes, 22 de enero de 2008

El poeta y la fiambrera


Hizo que me llevara a casa una fiambrera. Así de simple, prosaico y despojado de estridencias. Calamares rellenos y tiernas patatas fritas. «Que preparen ese plato para que se lo lleve la jovencita. No lo ha tocado nadie y, miradla, ella está herida». Yo llevaba un brazo cabestrillo y, seguramente, el pelo sucio -una nunca está preparada para cuando conoce a sus mitos-. Había ido a su lectura y me encontré allí, sentada a su lado en la mesa. Junto al sencillo hacedor del versos, junto a aquel escombro tenaz que, en mis caminos taciturnos, me presta fragmentos de sus versos.

Yo llevaba un cabestrillo y me sorprendía viéndole allí. Con su pelo blanco, su barba, sus gafas negras. Yo, en aquella mesa de íntimos, con la admiración a raya y camuflada la vergüenza. Bebía el mismo whisky doble del que todos hablan y tenía ese halo triste de quien ya advirtió una vez que, para llegar al llanto, allí estaba su puerta.

Desde el domingo, los periódicos dan fe de su sensibilidad extrema, del sencillo genio de sus versos, de sus proezas. Yo recuerdo el privilegio de una cena, una charla sobre los desafíos de la izquierda, los latidos en el pecho y sorprendente cercanía del poeta. A veces, la vida se destila en expresiones sencillas. Pasa en la vida y en los poemas. Ángel González no volverá a hacer versos y a mí, para siempre, me quedará la tierna anécdota del maestro que me hizo llevarme una fiambrera. Caprichos del recuerdo, nada magnánimo ni gigante, nada que firme un anecdotario que deje la boca abierta. En estos días no paro de encontrarle en las esquinas, frente a la pantalla, en la casa, entre la gente. Cuando salgo del trabajo y enfilo el camino a casa. Ha muerto el poeta y, es cierto, no recuerdo un invierno tan frío como éste.

Publicado en La Voz de Cádiz el 22 de enero de 2008

3 comentarios:

coronada dijo...

otra vez te digo lo mismo. que se enteren todos de que eres una hija de la gran puta: qué bien escribes, joía!!!

Antoñín dijo...

El que la sigue la consigue. Han sido muchos los intentos. Cada vez que entraba en uno de mis "favoritos" veía una especie de muñón con rayas azules y unas margaritas al fondo. Dele Ud. las gracias de mi parte al señor "estaustedlamardebienpacurrarselodigoyo". Bienvenida y gracias por estar ahí de nuevo. Por cierto, lo de las lágrimas y el frío hueco interior... ¿Cómo te lo digo?... eres grande, joía!!

noe dijo...

Fati, te tengo debido un mail, uno que te diga felicidades atrasadas (te tuve en la mente todo el día) y que te cuente de qué va mi vida ahora. La pena es que no estará tan bien escrito como esto que acabo de leer. Precioso, mi Fati. La Coronada tiene razón, eres una hija de puta! una divina hija de puta!
Te quiero. Me has hecho llorar.