lunes, 28 de enero de 2008

Un buen comienzo

A veces la puerta suena a horas intempestivas de la mañana y no es la niña de la vecina que juega con los botones, no es el lector del contador del gas, ni la lotera de enfrente, ni la de la Asociación Municipal de Simparangones, ni por supuesto, los dos fornidos rubios con pinta de núbiles e inconfundible tufo, traje y rostro de misioneros mormones.
A veces, la puerta suena por la mañana, a horas intempestivas, te saca en pijama, despeinada y jodida, y no es por ninguna de las infinitamente molestas e inútiles razones anteriormente citadas.
A veces, suena la puerta, y es un amabilísimo repartidor a domicilio, que obviando tu lamentable aspecto, te tiende la mano para hacerte llegar directo, el primero de los volúmenes de tu suscripción anual al Vogue.
Ay…

2 comentarios:

JUANITA REINA dijo...

Lo que es la vida nena! Un día te acuestas sin tener gasnas de levantarte al dia siguiente, y finalmente te levantas con toda la mala cara, y quien llama a tu puerta es el repartidor del Vogue.

Así es la vida te da "Una de cal y otra de Arena" como diría la gran compositora Merche Trujillo.

Espero que te levantes todos los dias así o por lo menos (eso seguro, hasta que te dure le suscripcion) una vez al mes

Catalino dijo...

La mala cara se la lleva siempre quien menos lo merece.

Si el repartidor se llamara Melchor sería como tener un pequeño día de reyes durante todo este año. Un motivo para la ilusión, que a estas alturas no es poco!!

Yo me animo a rebautizar al visitante matutino.
Te animas tu?