martes, 19 de agosto de 2008

Dormir sola


Hay que ser confiada.
No hay que pasarse de la cuarenta.
Hay que comer verdura.
Hay que poner la otra mejilla.
No hay que ser dependiente.
Hay que ser cariñosa.
Hay que tener confianza.
Hay que ser valiente.
Hay que ser autónoma.
Hay que vigilarse los lunares y palparse las tetas.
No hay que poner barreras.
Hay que comerse el mundo.
Hay que cobrar más de mil euros.
Hay que se educada.
No hay que comer con la boca llena.
Hay que ser un crack en la cama.
No hay que tener prejuicios.
Hay que saber controlar la depre hormonal.
Hay que saber callarse.
No hay que ser materialista.
Hay que saber escuchar.
Hay que saber callar.
Hay que ser autónoma económicamente.
Hay que comer de todo.
Hay que parecer libre de miedos.
No hay que confiar en extraños.
Hay que respetar los espacios.
Hay que ser interesante.
No hay que parecer un útero vibrante.
Hay que estar bien depilada.
Hay que controlar las malas caras.
Hay que saber estar solo.
O al menos, aparentarlo.
-Nena, ¿qué te parece si este sábado duermes en mi casa? Llevo tanto tiempo cuidando de alguien que quedarme un finde sola en casa se me hace impensable...
-Por supuesto, o podrías dormir en la mía... lo digo por la Leica.
Respondo con alivio. En mi banal humanidad darme cuenta de los demás también son vulnerables me tranquiliza. Somos deliciosamente imperfectas, siempre a medio camino de la estampa perfecta, siempre peleando por lo que queremos -¿qué queremos y porqué lo queremos?-, siempre justificándonos ante lo que se espera de nosotras. Somos azote de miedos, víctimas de la cultura popular. Ahora os quiero sumisas, ahora emancipadas.
Somos contradicción pura, estamos sueltas y atrapadas.
-¿Qué hora es?
-Casi las diez y media. ¿Tienes prisa? ¿Te espera alguien?
-No.
-Pues entonces... disfruta. Eres libre, puedes hacer lo que quieras.
Qué vértigo.

martes, 12 de agosto de 2008

En proceso



...Crezco y no aprendo a crecer,
no me desilusiono,
ni me vuelvo mujer envuelta en velos,
descreída de todo, lamentando su suerte...
g.b

la imagen... Rinko Kawauchi

El hombre con valores

Es el modelo ineludible. El que luce pelo largo o corto, acento español o extranjero, manos finas o gruesas y vaqueros de marca o churripuercos. El chico ideal que aparece, majísimo, un día que a ti no te hace ni pajolera falta, el chico tan mono que se cuela en tu pandilla, te roba el alma y luego, mientras todavía intentas explicar en qué momento no viste el cambio, juega a dobles con ella, mientras tú esperas, entre narcotizada e idiota, a que todo vuelva al principio. Es el hombre imaginado, el que llevaba por delante una buena estrategia de public relations que, inexplicablemente, desaparece una tarde, al calor de la primera muestra de pasotismo, sin que tú te des ni cuenta. Es el rostro que alimentaba tus indignos sueños de casa adosada, cruceros improvisados por el Nilo, tardes de Mercadona y bebés rubicundos. El varón que un día despierta el genio de tus amigas que, en un iracundo gesto de falta de empatía, hacen estribillo esa frase manida: “¿Pero es que ese tío te da algo bueno?”
Entonces tú respiras, tragas amargamente tu orgullo y acumulada saliva y, con la vista en aquellos días de cenas románticas y conversaciones sobre el futuro, sueltas con un raquítico hilo de voz: “Es que tiene muchos valores”.
Los valores. Gran saco de sueños en los que reposan las primeras escapadas de fin de semana, los primeros planes, la primera conversación en la que el individuo en cuestión apuntó maneras de imbécil sin que tú quisieras darte cuenta. Los valores, invisible epígrafe de límites difusos dónde campan las imágenes de romance de tantos años tragando películas románticas, finales felices, hombres perfectos.
Los valores, - que deben ser algo así como el limbo, el sexo de los ángeles o el demiurgo - deben acumularse al principio y no requieren la carga pertinente de cualquier aparato de aire acondicionado. No deben requerir mantenimiento porque continúan siendo una excusa a la que agarrarse después del primer pollo público, del primer plantón, del tercer o cuarto mal detalle que, secretamente, decides no contar a nadie porque después. “Ellos se la pasan con que le deje, le deje y yo no quiero precipitarme”.
Precipitarse. El verbo temido. La dichosa mezcla de letras que habla de miedos y de fórmulas de autoengaño disfrazadas de gesto maduro. “Hija, ya no soy una niña, y no se puede juzgar a la gente así como así… -repetimos- Además, él tiene… muchos valores”. Y una muchas excusas y mucho miedo a aceptar que todo ser que no te hace sentir completa no es tu tipo. Qué bla-bla-blá bla-bla-blá, que será muy mono y muy relimpio pero no te deja el estómago en su sitio ni el corazón tranquilo.
El hombre con valores, inexplicable, siempre tuyo, siempre mío. Pobre víctima de los insultos de todos tus amigos. El hombre con valores, al que tu amiga defiende aunque por ello deba borrar para siempre tu número, aunque deje de hablarte por arpía, por lista, por andar dando consejos que nadie te ha perdido. El hombre con valores puede ser cualquiera, puede ser un buen hombre, incluso. Puede ser lo que queramos porque no se trata de un modelo sino de un arquetipo, una estructura previa que se mueve dentro de nosotras, en nuestra incapacidad para aceptar el dogma: que para estar mal acompañadas, mejor estar solas.

jueves, 7 de agosto de 2008

Melodía de la semana

Carmen está empeñada en que no cerremos las puertas a nuestra energía positiva. "Tengo que prestarte un par de libros", me comentó, entre preocupada y redicha, el otro día. Finalmente he aceptado a ver el vídeo con el que lleva detrás mía una semana y, efectivamente, me ha hecho soltar un par de lagrimillas.
Yo añadiría que también hay que beber mucha agua.

Y para los que hayan tenido conmigo el amargo debate políticosocial ante la pasmosa revelación del final (esto es, quién pagó la emocionante producción), les comento que yo, al menos, me consuelo pensando que, víctima una vez más del dardo sentimental de una multinacional, al menos he recibido una maravillosa y sibilina clase magistral de RRPP.

La gastronomía, el hombre y la pasta

Extrañas razones antroposociales codifican de manera distinta las imágenes mentales de féminas y varones. Al rebufo de una frase, una palabra, una acción o historia más o menos contada, hombres y mujeres ponen a andar un personalísimo mecanismo de asociaciones múltiples que tienen que ver con una vastísima, y otrora rigidísima, tradición doméstica. Una llamada a las 10.30 de la mañana. El chico, de vacas, la chica, en el oficina.
-¿Y has pensado en la comida?
-Sí, en casa, más sano.
-Pues sí, mejor algo casero. Y después podemos ir a la playa.
En la mente de la chica comienzan a desfilar, como en un vistoso musical de Broadway, elaborados platos carne cocinada, pescados al horno, complicadas salsas. A treinta y tantos grados de temperatura media, la visión se sustituye. Fresquísimos gazpachos de color rojo, verde, remolacha. Sopas frías. Sofisticadas ensaladas, rollos de queso. Pimientos asados, fritos, rellenos, tortillas de patatas.
-Estupendo -interrumpe él- Podríamos hacer pasta.
-Ehn... ¿paaasta?
La voz de la chica ha cambiado. Y él no lo sabe, pero también el gesto. No pasta no... -piensa controlando la musculatura de la boca- Siempre termina siendo pasta. 8 minutos de cocción y al plato. Todo a merced de la elaboración facilona de una salsa. Pasta, buena. Pasta, rica. Pasta, socorrida. Pasta, comida nocturna en noches de blanco satén. Pasta simple. Pasta, deliciosa comida de domingo cuando, de niño, tu madre no tiene nada en casa. Pasta, fácil, no casera. Pasta no extraordinaria.
-¿Qué pasa? ¿No te gusta la pasta?
-Sí, no sé.. Bueno es que...
-¿Qué problema tienes con la pasta?
La voz de él ha subido varios tonos y el hilo telefónico empieza a tensarse...
Pues que una no sabe mucho pero sabe y vive sola y acostumbrada a las comidas instantáneas. Y tiene poco tiempo y está hasta el gorro de cosas a la plancha. Que "casero" ha despertado un universo de expectativas que nada tienen que ver con la pasta. Socorrida herramienta para asombrar a una fémina en la primera cita, pero manido recurso de la gastronomía fácil para iletrados de la cocina.
-Ninguno, haz lo que quieras...
La conversación se corta con un par más de frases y la chica queda a la espera. Quizá, algún atávico resorte masculino haya hecho saltar la alarma de desafío. Tal vez prolifere el reto y el individuo decida encerrarse un par de horas a dar vida a complicados platos en un elaborado homenaje al hacer extraordinario. La pasta seguirá, para siempre jamás, siendo la vara de medir de la mayor parte de las primeras citas en casa de un hombre de trentaytantos, pero los hay que, entre fogones, encuentran un estimulante tufillo de competición. Habrá que aguantar la espera. No es que ella lo haya hecho a posta pero... Tal vez haya suerte y él se haya picado...
Aishhhhh....

viernes, 1 de agosto de 2008

El periplo de los besos


08:40 AM
SMS: Besitos, besitos, besitossssssss.....

Llegan cansados, mojados del sudor, heridos de salitre. Llegan salados, llenos de polvo. Vestidos de domingo, atravesando kilómetros, idiomas, culturas... Rompiendo el artificio de las horas en el camino.

martes, 29 de julio de 2008

Melodía de la semana

A veces una desearía ser ligera como una pluma, vestir un traje blanco de seda y zapatos de medio tacón con hebillas. A veces una desearía ser ligera como una pluma para dejarse llevar, para bailar deslizándose por el suelo como si nuestro cuerpo no pesara en manos de cualquier Fred Astaire...
A veces una está bajo un faro del sur de Europa y siente que podría estar en Bahía, en la bahía del otro lado. Aunque la de atrás tenga incontinencia verbal, haya engatusado a dos garrulos de culo inquieto y tenga ganas de presumir por haber hecho un curso xpress de portugués... Pocas cosas pueden empañar una velada con el mejor salvo el repiqueteo de las ausencias.
No se grabó ayer aunque Veloso llevara los mismo zapatos, la misma guitarra y la misma humildad al hombro.
Cádiz. Castillo de San Sebastián. Julio, 2008. Y perdonen que la aproximación no tenga el mejor sonido...

La mer
Qu'on voit danser le long des golfes clairs
A des reflets d'argent
La mer
Des reflets changeants
Sous la pluie

La mer
Au ciel d'ete confond
Ses blancs moutons
Avec les anges si purs
La mer bergere d'azur
Infinie

Voyez
Pres des etangs
Ces grands roseaux mouilles
Voyez
Ces oiseaux blancs
Et ces maisons rouillees

La mer
Les a berces
Le long des golfes clairs
Et d'une chanson d'amour
La mer
A berce mon coeur pour la vie
Charles Trenet

y para los que la quieran original...

Por cierto, que rouillé es el adjetivo de la semana :)

viernes, 25 de julio de 2008

7 días


Diminuto, apenas dos kilos y medio.
Las manos grandes, los pies grandes. Los encoge cuando agarra el pecho, de puro gusto.
Ha venido un poco antes de tiempo y ya tiene 7 días.
Se llama Alberto, el deseado.

El regreso


Con paso lento y ganas de reencontrar mi sitio, hoy regreso al tajo.
Nueva ofi, nueva mesa, la misma silla verde y el mac huevo que tanto se apaña.
Desde mi nuevo sitio se ve el mar, se escucha el muelle, se alcanza la tienda de chuches a apenas 10 pasos y está cerquita de la parada del bus....
mmmmmmm...
periodos de incapacidad laboral, cómo enmarascarais de belleza el retorno del currante ;)

viernes, 18 de julio de 2008

En una cola cualquiera...


Una película, una cena, un café que ya has tomado, saboreado, visto y analizado mil veces. Una aburrida cola en la que todo está dicho. Un idiota que habla demasiado alto, que sabe demasiado poco y que es un buen objetivo al que lanzar nuestros dardos...
La vida podría ser maravillosa pero está llena de gilipollas con la voz muy alta.
La vida podría ser maravillosa pero a veces somos nosotros los necios con la boca grande.
O los que fabulan pagándolo con otro.
La vida podría ser maravillosa.
El cine, afortunadamente, a veces lo es.

Annie Hall

martes, 15 de julio de 2008

Lenguajes sensoriales, códigos lectores

Cuando uno estudia teoría lingüística –complicada y abstracta matería casi matemática que a mí, negada confesa a las ciencias, misteriosamente me encanta- aprende muy pronto sobre el finísimo hilo que separa realidad, percepción y lenguaje. Aprende que, como el huevo y la gallina, no sabemos si lo que existe está ahí porque sí o porque tuvimos el capricho de contarlo, de hacerlo verbo, como muy didácticamente comienza la biblia, perdón, La Biblia. También aprende que cada cultura, cada entorno, codifica la realidad de acuerdo con sus necesidades. El tópico ejemplarizante más utilizado tiene que ver con el amplio catálogo que utilizan los esquimales para tipificar el color blanco pero hay un estimulante debate filosófico en torno al tema plagado de fascinates relatos. Hace tiempo, de hecho, leía en la prensa que unos indios norteamericanos, que usaban el mismo término para referirse al mar y al cielo, carecían, por lo tanto, del concepto de horizonte, con todas las increibles fábulas que un día dió de sí.
Últimamente –el reposo quirúrgico tiene estas cosas- me pregunto si no pasará algo similar en torno a los sentimientos, alrededor de la capacidad para percibir, intuir o ponerse en el lugar del otro. Para los paladines de lo empírico uno no conoce la dimensión del dolor de una pérdida, la tensión emocional de una intensa alegría, si no la sufre en carne propia. Sin embargo, varios siglos de estimulación literaria contraponen esta idea.
Uno puede leer como quien se corta las uñas, se rasca la espalda o se frota los ojos. Puede leer con el automatismo de lo prescindible o, puede, al contrario, hacerlo con la fascinación de lo único. En esa elección está la clave. Uno puede leer o no, y también puede dejar que el lenguaje emocional edifique mundos en su urbanizada cabecita. Uno puede tomar prestadas las palabras de otro para hacerlas suyas y sentir el terror de lo desconocido, el deseo de lo prohibido o la vergüenza del ridículo con intensidad y nervios misteriosamente reales. Entonces, como las pruebas de alergia que despiertan reacciones dormidas, se descubre haciendo suyos desconocidos mundos, probando estímulos e imaginándose en ellos. Los libros nos dejan fabular con la palpitación vampírica de un cuello blanco, con el miedo atroz de la víspera de una contienda o la seca desolación ante un suicidio. La literatura, como el red bull, nos da alas y codifica imágenes, momentos, sensaciones que un día –en esa cabeza llenita de pájaros, mundos y teorías- se despiertan en mitad de la vida real como si las noches de lectura nos hubieran dado las herramientas para advertirlas. Entonces, con un mecanismo automático como el que nos permite hacer cuentas, caemos en el gustoso terciopelo de la piel que se despierta, en la explosiva alegría del reencuentro, en el aire limpio de la mañana, en el perfume del pelo de nuestro amante o en los ademanes delicados de esa amiga lánguida que, si la miras bien, en la Rusia del XIX, sería toda una dama.
En este mundo de posmodernas moralinas da cierto pudor expresar determinadas cosas. Como que la gente que no lee suele resultar, salvo excepciones, bastante menos interesante. Confesa admiradora de todo friki, triki o similar capaz de aderezar su vida con los brebajes de la imaginación, últimamente creo que en el germen de mi supino aburrimiento frente a los alérgicos al libro no están las presunciones cultistas que me suponen los todovale bienpensantes, sino la realidad empírica de que el mundo -cocido con sal y agua- resulta mucho menos interesante que cocinado a fuego lento a base de imágenes, sensaciones, leyendas y metáforas.

La foto, de aquí

martes, 1 de julio de 2008

Melodía de la semana

Sí, vale, la anestesia, el nolotil y el helado de abajo han podido ablandarme el celeblo... Pero es que es tan bonita... Y a mí me entran unas ganas de bailar...
mmm... La tele la pincha constantemente y yo me pongo tan contenta... ¿Será la rima? el soniquete? ¿el calor?
¿Me durará el efecto? ¿un par de meses?
atentos al subidón facilón de "y la verdad, me estoy volviendo a enamorar..." mmmm...
yo me movilizo
tú te movilizas
yo me pongo la cremita
tú te pones la cremita
hay que ponerse buena pronto que no me fio que la fama le alcance hasta el próximo verano...

Hace mucho tiempo no me enamoraba
De unos ojos tan bonitos
Comunes de lozano brillo

Era lo que menos en mi plan estaba
Aunque te admito que a veces soñaba
Con la belleza de tu mirada

Quiero llevar el ritmo de tu corazón
Para bailar entre los dos esta canción
Y la verdad me estoy volviendo a enamorar
Y la verdad quiero que sepas que

Lo que yo siento por ti
Es amor
Ganas que me hacen útil
El corazón
Droga que me hace inmune
Ante el dolor
Gotas de agua dulce
Rayo de sol

Lo que yo siento por ti
Es amor
Ganas que me hacen útil
El corazón
Droga que me hace inmune
Ante el dolor
Gotas de agua dulce
Rayo de sol

Llevame de ser preciso
Por la semblanza de tu sombra
Yo sé que tu prendes la luz
Y en mi vida te asomas
Como las blancas palomas
Cuando la plaza se toman con vuelo inmortal

Quiero llevar el ritmo de tu corazón
Para bailar entre los dos esta canción
La verdad me estoy volviendo a enamorar
La verdad quiero que sepas que

Lo que yo siento por ti
Es amor
Ganas que me hacen útil
El corazón
Droga que me hace inmune
Ante el dolor
Gotas de agua dulce
Rayo de sol

Lo que yo siento por ti
Es amor
Ganas que me hacen útil
El corazón
Droga que me hace inmune
Ante el dolor
Gotas de agua dulce
Rayo de sol

Es lo que siento por ti
Es lo que siento por ti
Es lo que siento por ti...

Juanes
(por cierto, buscando por la red me he enterado de que no es un grupo, es un solisssta)

lunes, 30 de junio de 2008

Pereza

Sí, la tengo, es mía, se desliza por mi cuello, me sube por la espalda y los pliegues de las piernas. Es la dama seductora a la que mi cuenta bancaría, pírrica y esquelética, jamás podrá coronar aunque lo merezca. Es mi objeto de deseo, mi sueño, mi horizonte. El nombre que resuena cada mañana aunque la triste realidad me empuje a la cocina, abra y cierre la nevera, sirva el cola cao y me expulse sonámbula a la parada del bus sin darme una tregua.
Es mi paraíso soñado que, a falta de poder cortar por lo sano con mis laborales quebraderos de cabeza, campa por mi inspiración internauta arrancándome ideas como malas hierbas.
Sí, paso las horas entre el curro a destiempo, mi dvd portátil y la inducción química a la siesta... Sí, lo reconozco, tengo wifi pero me dejo vencer, acariciar y dormir, en el limbo de la pereza.
Sí, tengo wifi, y una pata en alto, y un montón de trabajos pendientes, y un teléfono que no para, y un blog abandonadito, y mil ideas que se mueren, resecas, en mi mollera. Pero es que nadie me advirtió del calor insoportable que da un portátil sobre las piernas...

jueves, 12 de junio de 2008

A por la izquierda...

Segundo asalto. Una tiene más experiencia y, que se sepa, ni un pie más. El calor aún no es insoportable y a alguna mente preclara del SAS le ha dado por volver a confiar en el nunca suficientemente valorado Nolotil de un gramo. ¿Alguien no confiaba en que la siniestra fuera más benévola?
Parafraseando a Heráclito parecía el mismo río, pero no era la misma agua... La frase de la semana es "Coño, qué buena cara" y que lo siga siendo... buff...
Hasta el alta definitiva, con wifi en casa, una nueva heladería situada en el camino de bajada de las visitas, un disco duro con mando y un montón de trabajo, seguiremos informando...

lunes, 2 de junio de 2008

Síntomas

Tener el cuello tenso.
Inexplicables nauseas, el corazón que se sale.
Los dedos fríos, las palmas húmedas.
Un desazón inexplicable en el centro de la barriga.
Tener miedo y querer que todo pase. No poder dormir. Sentir tensión en la mandíbula, una tensión antigua, como de niña chica.
Tener miedo como cuando de niño te acercas al enfermero que tiene que sacarte sangre.
Tener miedo como quien teme lo oscuro, que la puerta se cierre, y nos quedemos solos, en silencio, en el lugar dónde campan las pesadillas.

jueves, 29 de mayo de 2008

Me gusta

El olor a casa limpia, las personas que cantan, que dibujan. Que Leica se porte bien, aguante el pis hasta que yo llegue y me haga caso. Las mañanas de los sábados, las tardes de los viernes, los amaneceres que empiezan viajes y los días despejados. Me gusta pensar que todo tiene un sentido, que existe el demiurgo y los malos se llevarán su merecido. Me gustan los sorbetes de fruta, los chupachups de chicle y las extravagantes cenas a base de leche y banderillas. Me gusta comprar cosméticos, las larguísimas perfumerías donde todo se prueba gratis y las muestras de cortesía. Los gusanitos. Me gustan los largos baños y que me hagan cosquillas. Me gusta mi insólito grupo de amigos, la gente que me habla de mi madre, la compañía. Me gustan los que leen mucho. ¿Ya he dicho que me gusta la gente que dibuja? Me gusta mi amigo Lolo, la gente con ganas de guasa, los que son amables y ponen la otra mejilla. Me gustan las carcajadas, las patas de gallo, la gente inteligente y los que se agarran con fuerza a la vida. Me gusta la Bartoli, la Gheorghiu y todo género de divas. Las canciones de Silvio, el aria de Musetta y la obertura de Tannhäuser y, exclamar cuando el día lo merece: “Oye, qué momento, ¿no?”. Me gusta un piojo con gafas y flequillo. Me gusta los que no tienen miedo, los que tienen respuestas y despejan las dudas. Me gusta el olor a coco, el color rojo, en los labios, en las uñas, en la vida. Me gusta poder llorar de pena y también de alegría.

No me gusta

La gente hipócrita, los que se enfadan, pegan o gritan. No me gusta la gente tan lista que no concibe otra alternativa. No me gusta el hígado, ni el huevo crudo, ni frito, ni pasado por agua, ni duro. No me gusta mucho el huevo, en definitiva. No me gustan los días de trabajo en los que sobran minutos. No me gustan los listillos, los fachas, los pelotillas. No me gusta el miedo, ni el aburrimiento, ni la fe desmedida. No me gustan los perfectos, ni los duros, ni las chicas que van de modernas pero tienen miedo a enseñar un pecho. No me gustan las monjas y tampoco los curas. No me gustan los colegios que separan niños y niñas. No me gustan los horarios ni, en el trabajo, los calientasillas. No me gusta el olor a gato, ni a humedad, ni a cocina. No me gustan los exámenes, ni los ególatras, ni sentir envidia. No me gusta morderme la lengua, no me gusta pasar miedo, ni tener insomnio, ni ver que la gente que quiero sufra. No me gusta pensar que la gente es mala porque le gusta. No me gustan los niños maleducados, ni tampoco los adultos. No me gustan las viejas muy puestas ni que el domingo valga tan caro el cine. No me gusta estropear los libros, no me gusta, sentirme sola o sin salida. No me gustan las mentiras. No me gusta la gente orgullosa que no sabe lo que es llorar de pena o de alegría.

Índice

Prólogo
Crónica de la ascensión y caída de un sueño literario-formativo.

Capítulo 1
Fátima se apunta a un curso de narrativa pensando que podrá domar su caótica vida.

Capítulo 2
Fátima apenas acude a una clase, todas las citas parecen confabularse contra su asistencia al curso de narrativa.

Capítulo 3
Fátima decide priorizar sus compromisos y volver a asistir a su curso de narrativa.

Capítulo 4
Fátima se ve impedida, por la contusión costillar por todos conocida, a retomar sus clases de curso de narrativa.

Capítulo 5
Fátima recibe la llamada del SAS definitiva.

Epílogo
Empujada por su afán de demostrar que al menos fue capaz de realizar uno de los muchos ejercicios encargados en el curso de narrativa, Fátima decide publicar en su bitácora su pírrico avance formativo en lo que al dominio de las letras se refiere: el ejercicio Me gusta, no me gusta.
Tenga en cuenta el lector que se encuentra con material inédito, pues las reincidentes falta de asistencia a clase han hecho que dicho ejercicio ni siquiera haya sido visto por los profesores del curso de narrativa.

miércoles, 28 de mayo de 2008

El azar...

... hace que la lista de espera del SAS sacuda tu vida un viernes por la mañana.
El azar hace que en lugar de escocerte en la Feria de Sanlúcar, te arruines aprovisionándote en Mercadona y vayas a Puerto Churri a ser víctima de un Fist Fuking.
El azar hace que el tipo que se choca con tu coche no lleve seguro, ni casco reglamentario, pero que tu chico no se enfade porque el azar había hecho que el BMW no fuera suyo y estuviera asegurado.
El azar hace que decidas partir la pana y, ante la perspectiva de la próxima semana, termines con una costilla contusionada, una resaca de órdago y el honor de haber probado el Sweet Africa (gentileza del coctelero -¿más dicharachero?- de La Laguna).
El azar hace que tu amiga termine comiéndose a un calvo con una extraña teoría sobre las partes en las que está definida la cabeza (mamífera, genética y anfibia).
El azar hace que decidas que Me enamoras es un greatest hits la mar de digno y lo canturrees todo el domingo por la mañana mientras paras a vomitar rosa cada vez que el coche pega una acelerada.
El azar hace que te equivoques de hora, pero llegues al cine, te tragues al Indiana y dejes las palomitas manidas que, seguro habían frito por la mañana.
El azar hace que los caracoles del Nebraska tengan tierra últimamente, que te mosquees, no te acuerdes de los nervios, y te acuestes extenuada.
El azar hace que una vez chutada de lexatín el cirujano te llame adentro y te diga que la máquina vital para tu segunda mutilación voluntaria está estropeada.
El azar hace que vuelvas a casa con la costilla hecha mierda, que tu chico deba volverse a casa, que te incorpores a tu curro y que toda la semana tengas la extraña sensación de que te tocaba estar sedada. "¿Para qué me lo cuentas? Evítamelo, yo tendría ahora que estar en otro mundo. ¿Como decirte? Más indolente...".
El azar hace que, una vez todo se ha dado la vuelta, regrese la incertidumbre quirúrgica, y, lo que verdaderamente es la caña, la perspectiva de celebrar onomásticas y los planes de fin de semana.

viernes, 23 de mayo de 2008

jueves, 22 de mayo de 2008

La democracia oculta


En la vida una puede ir por el mundo obviando realidades que millones de seres comparten. Pensando que la configuración planetaria se divide, como su cerebro, en esa serie de cuestiones que a una le preocupan: las relaciones personales, la gran pregunta "¿realmente este este es el camino correcto?" , el futuro de la cultura, la inexplicable suerte del mediocre, el absurdo del mundo, la soledad, la injusticia y mi contradictoria preocupación porque nadie se enfade.
Como el desconcierto que una tiene cuando descubre que aquel chaval tan monísimo vota a la derecha, tomar conciencia de que existen realidades que muchos comparten sin que tú sepas ni media, puede convertirse algo verdaderamente turbante.
Ultimamente, quizás por eso de empezar a tener tiempo libre, me he dado cuenta de que estoy rodeada de diamantes. Yo que miraba el cajoncito de anillos dorados de mi madre con la veneración de quien observa algo importante, acabo de descubrir el papel de paria -morralla en el lenguaje de los joyeros- de la herencia propia en comparación con la acumulación de piedras preciosas que, al parecer, siempre ha existido a mi alrededor.
Y es que con una incidencia mucho mayor de lo que yo nunca imaginé, muchos de los pendientes, anillos y colgantes que me rodean, no son humildes circonitas -la única piedra transparente y engarzada cuya existencia física yo tenía probada- sino atesorados pedruscos que la gente adquiere como patrimonio a lo largo de su vida.
Y yo flipo. Flipo como quien oye un recital cuando alguien me relata el blablabla de los brillantes heredados de su abuela, me enseña los pendientes de su boda o el anillo de pedida.
-Me he quedado muerta, ¿sabes que es un diamante lo que aquella lleva en el dedo?
-Mujer, no es tan raro... Mi madre tiene varias cosas con brillantes.
-Coño, ¿la tuya también?
Exclamo con los ojos muy abiertos al comprobar que gente humilde comparte destinos con Mrs Gates, Isabel II y Paris Hilton en la posesión de estos tesoros. Como está claro que lo importante no es serlo, sino parecerlo, yo reina de las circonitas, el ámbar y el plástico, he aprendido a no minusvalorar el patrimonio del que no tiene no dinero para tomarse una cervecita pero si para ahorrar para una sortija.
Ahora sé que las tardes de cine, los muchos libros y las noches de gambas a la plancha, gallo empanado y patas rusas conforman en alguna realidad paralela ese diamante de ocio afectivo que no puedo engarzarme en ningún dedo. He crecido junto a una cariñosísima epicúrea gemológicamente independiente. Está claro.
En estos días compruebo esta sorprendente democratización oculta y, bueno, disfruto aprendiendo de una realidad que no concebía la margen de la peli de Audrey Hepburn. El descubrimiento coincide con una insólita fascinación por estas piedras y las historias asociadas a ellas, con una sensación de latido que se acelera.
¿Será manipulación mediática?
¿O es que me estoy haciendo pureta?

miércoles, 21 de mayo de 2008

martes, 20 de mayo de 2008

La tentación


Córtex diestro: Si son una auténtica porquería, llena de grasa. Ni siquiera tienes hambre!!!!

Córtex siniestro: Mmmmmmm... ¿Y lo bien que huelen? ¿Y lo crujiente que están? ¿Y no habíamos superado la tiranía femenina ante este tipo de remilgos?

viernes, 16 de mayo de 2008

Dialéctica bucal

F: ¿Es el del tampón?
M: NOOOOO, es el arquitecto-pintor del puerto que lo había dejado con su novia y seguía follándosela y se sentía incómodo conmigo porque tenía la sensación de estar poniéndole los cuernos...
F: cariño, este párrafo es para censurarlo un poco y ponerlo del tirón en mi blog...
me dejas???
M: claro!!! pero si vas a poner mi nombre también, me temo que voy a tener que revisarlo antes de la publicación. TODAS SOMOS TELMA, choni!!!

Extracto de conversación vía mail, previamente censurada.

jueves, 15 de mayo de 2008

Melodía de la semana

La gente buena es extremadamente aburrida. Los hay que piensan que soy una mala bestia pensando estas cosas, los hay que se escandalizan y me miran con cara rara. En general son gente con la que me aburro bastante y a la que procuro ver espaciadamente para que ninguna de mis miradas perdidas desnuden mi pasotismo galopante.
Siempre he tenido una debilidad por los casos perdidos, por las miradas lánguidas y las mujeres de pelo revuelto y rimel corrido. Hasta que algún estilista de fortuna se apuntó al carro de la estética demacrada, la imagen de la mujer descarriada –con su infinito catálogo de versiones teatrales, novelescas u operísticas- tenía mucho más de víctima de su independencia sexual que de ejemplar lastimoso entre violada, anoréxica y reprimida.
Una de las reinas de este universo de chicas duras de corazón destrozado, de damas perdidas enamoradas del truhán fascinado por la pija, es esta perrilla de ojos azules frente a cuya canción siempre se me cae la baba.
Hoy sonaba el tema en el ordenata de Carmen y me he acordado de ella.

¿No es encantadora?

miércoles, 14 de mayo de 2008

Empresarios

Pero, ¿a quién le extraña que se abran nuevas líneas de negocio?
Si no nos parece raro cuando hablamos de empresas energéticas y telefonía, ¿porqué nos extraña que la Santa Sede comente que los marcianos son sus hermanos? ¡Hay que crear buena predisposición en los consumidores potenciales!
Aquí todos tenemos que llevarnos un pan a la boca y mientras las empresas de matones en quiebra se las gastan sembrando muertos, las distribuidoras de perdones y explicaciones trascendentes abren cauces de expansión con hipotéticos seres de otro mundo.
Yo colonizo, tú colonizas... mmmmm...
Aqui todos tenemos que vivir de algo aunque unas fórmulas resultan más dignas que otras.
Hoy el día llega cargadito de locuras y yo me pregunto, si en este plan, todavía habrá quién se atreva a criticar a la Función Pública...

Conjugación podal

Yo me encarno
Tú te encarnas
Ella se encarna...
(y duele una barbaridad)

Extracto gramatical de Cuando empecé a hacerme vieja. Escrito apócrifo atribuido a F. V., una mártir de los pies.

martes, 13 de mayo de 2008

Mi nombre

Podía haberme llamado María, pero mi madre cedió mi nombre cuando mi prima se adelantó.
Podía haberme llamado Mari Paz pero la pava de Mamen se fue de la lengua y en mi casa sellaron con una bronca el fugaz sueño de mi cambio de identidad.
Me llamo como la hija de Mahoma, germen de una potente dinastía y apelativo popular en todo el territorio del Islam. Me gusta cuando me lo recuerda mi amigo Ilya.
Pretendo pasar por la vida sin visitar una aldea hiper cutre que, dicen, es un caminito de rosario y sangre en las rodillas y que se llama como yo.
Durante años quise tener un nombre más moderno o más corto, o más femenino, o simplemente, que no recordara diminutivos anglosajones como gordita o no se tradujera como nausea, gula o agotamiento.
Siempre quise tener un nombre que saliera en una canción.
Sólo una vez coincidí con tres nenas más en una clase que se llamaban como yo.
Ahora miro mi nombre, le doy algunas vueltas, y creo que sonríe, llora, se enfada y da mimitos como yo. Creo que tiene mi cara y que parece un nombre fuerte, aunque se alimente de cosas muy pequeñas. Creo que huele como yo.
Es un nombre esdrújulo, como un montón de palabras bonitas que, si te fijas, al pronunciarlas animan mogollón.
Soy agnóstica, sin fisuras, sin llegar a atea porque muero con cualquier misticismo de baratillo que me sirva para beber té verde y comer galletas de naranja mientras Pili me echa las cartas del Tarot.
Sé que, oficialmente, no tengo demasiado derecho a beneficiarme del santoral católico pero como no me casaré por la iglesia, ni bautizaré a mis hijos, ni cederé ante el terrible espectáculo de una comunión, cada año me deshago en la efímera celebración de mi onomástica, segunda cesión folklórico-religiosa junto a los nervios de la noche del 5 de enero. A todos nos corresponde una pequeña porción de hipocresía, ¿que no?
Me llamo Fátima, en pleno siglo XXI nadie se acuerda de estas cosas, pero hoy es mi santo y me hace muchísima ilusión... :)

lunes, 12 de mayo de 2008

La Fe reflexiva...

En mitad de la masa, debatiéndose entre empujones y codazos, alguien reza por mí...

¿Terminaré recibiendo esa energía?

sábado, 10 de mayo de 2008

Metamorfosis social

Primero dejó de opinar.
Un día encontró a bien no contestar.
Al poco tiempo descubrió las beldades de no observar.
Y, finalmente, se deshizo en la plácida comodidad de no pensar.
Por aquellas fechas, coinciden los chismorreos locales, se había convertido en una persona encantadora.