jueves, 7 de agosto de 2008

La gastronomía, el hombre y la pasta

Extrañas razones antroposociales codifican de manera distinta las imágenes mentales de féminas y varones. Al rebufo de una frase, una palabra, una acción o historia más o menos contada, hombres y mujeres ponen a andar un personalísimo mecanismo de asociaciones múltiples que tienen que ver con una vastísima, y otrora rigidísima, tradición doméstica. Una llamada a las 10.30 de la mañana. El chico, de vacas, la chica, en el oficina.
-¿Y has pensado en la comida?
-Sí, en casa, más sano.
-Pues sí, mejor algo casero. Y después podemos ir a la playa.
En la mente de la chica comienzan a desfilar, como en un vistoso musical de Broadway, elaborados platos carne cocinada, pescados al horno, complicadas salsas. A treinta y tantos grados de temperatura media, la visión se sustituye. Fresquísimos gazpachos de color rojo, verde, remolacha. Sopas frías. Sofisticadas ensaladas, rollos de queso. Pimientos asados, fritos, rellenos, tortillas de patatas.
-Estupendo -interrumpe él- Podríamos hacer pasta.
-Ehn... ¿paaasta?
La voz de la chica ha cambiado. Y él no lo sabe, pero también el gesto. No pasta no... -piensa controlando la musculatura de la boca- Siempre termina siendo pasta. 8 minutos de cocción y al plato. Todo a merced de la elaboración facilona de una salsa. Pasta, buena. Pasta, rica. Pasta, socorrida. Pasta, comida nocturna en noches de blanco satén. Pasta simple. Pasta, deliciosa comida de domingo cuando, de niño, tu madre no tiene nada en casa. Pasta, fácil, no casera. Pasta no extraordinaria.
-¿Qué pasa? ¿No te gusta la pasta?
-Sí, no sé.. Bueno es que...
-¿Qué problema tienes con la pasta?
La voz de él ha subido varios tonos y el hilo telefónico empieza a tensarse...
Pues que una no sabe mucho pero sabe y vive sola y acostumbrada a las comidas instantáneas. Y tiene poco tiempo y está hasta el gorro de cosas a la plancha. Que "casero" ha despertado un universo de expectativas que nada tienen que ver con la pasta. Socorrida herramienta para asombrar a una fémina en la primera cita, pero manido recurso de la gastronomía fácil para iletrados de la cocina.
-Ninguno, haz lo que quieras...
La conversación se corta con un par más de frases y la chica queda a la espera. Quizá, algún atávico resorte masculino haya hecho saltar la alarma de desafío. Tal vez prolifere el reto y el individuo decida encerrarse un par de horas a dar vida a complicados platos en un elaborado homenaje al hacer extraordinario. La pasta seguirá, para siempre jamás, siendo la vara de medir de la mayor parte de las primeras citas en casa de un hombre de trentaytantos, pero los hay que, entre fogones, encuentran un estimulante tufillo de competición. Habrá que aguantar la espera. No es que ella lo haya hecho a posta pero... Tal vez haya suerte y él se haya picado...
Aishhhhh....

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Para 4 personas
250 gr. de pasta (espirales)
250 gr. de bonito o atún fresco
2 cebolletas
1 diente de ajo
Aceite y agua
Sal y pimienta
Perejil picado
Unos pepinillos

-Para la vinagreta:
½ tomate
2 pimientos verdes
6 cucharadas de aceite de oliva
2 cucharadas de vinagre
Sal

Cuece la pasta en agua hirviendo con sal y un chorrito de aceite. Escúrrela, pásala por agua fría y resérvala.
Corta el bonito o atún fresco en tacos y salpiméntalos. Saltéalos en una sartén con aceite y un diente de ajo, cortado en láminas, durante 4-5 minutos. Espolvorea con perejil picado. En un bol, prepara una vinagreta: pica muy fino el tomate y los pimientos. Añade sal, aceite y vinagre. Bátelo con un tenedor para que ligue. Coloca la pasta en el fondo de una fuente o plato. Sirve por encima el bonito salteado. Aliña con la vinagreta.
Por último, decora con los pepinillos en vinagre y las cebollitas cortadas en juliana.

No toda la pasta es poca cosa, y si no que se lo digan al Tio Gilito.

Antoñín

Fátima Vila dijo...

GRACIAS!!
y ese día, comimos pasta.
La hice yo.