viernes, 22 de agosto de 2008

La intensidad, la jaula, el camino


Ser intenso supone ser impaciente, visceral, amar y odiar con absoluta entrega en proporciones difusas y casi dolorosas. Significa reír a mandíbula batiente y llorar con el corazón en un puño, encogido, como si fuera una roca agrietada a merced de los cambios de temperatura. Ser intenso supone sentir que la vida pende siempre de un hilo, de una respuesta, de una llamada telefónica que a veces no llega, que deja el alma agotada de latidos y la cabeza confundida, entre tinieblas.
Es el bálsamo delicioso de quiénes no pueden nunca dejar de decir "tequiero", el arrebato erótico de una mirada, la garganta dolorida apuntando al llanto.
Tiene un poco que ver con ser incomprendido. Con una extraña certeza de que el mundo pende de un hilo fino, absurdo, que a menudo está a punto de quebrarse. Significa sentir que el corazón se sale en cada encuentro y se rompe en cada despedida. Significa una piel que se eriza al primer contacto, una certeza de los días, un suspiro de bienestar cualquier mañana de cualquier día.
Ser intenso no supone andar en el camino correcto, no contiene respuestas sino mares de duda. No es un remedio para la vida buena, pero a veces es la única forma que se conoce de disfrutar, lamer y cabalgar sobre la vida.
Ser intenso agota, cansa, desquicia. En época de opaca incomprensión el ser intenso es como una criatura golpeándose contra las paredes de una jaula. A veces, sólo tiene que calmarse, centrarse y encontrar la puerta. La clave es saber si, camino del sosiego, se detendrá a volver la cabeza.

la ilustración

5 comentarios:

Anónimo dijo...

¿No te cansas de exteriorizar tanta intensidad en tus reflexiones? Te va a salir una hernia...

Fátima Vila dijo...

jajajaja...
la hernia me sale si me lo aguanto!!!

Lazarov me marea dijo...

di que sí, Choniiii!! aunque recuerda que debes guardarte algo pa cuando llegue, mi amó.

te quiero mucho. te echo de menos más

Anónimo dijo...

Vila: Bendita exteriorización de reflexiones!!!! Besosss

Anónimo dijo...

Superbueno, me ha encantado, gracias. El chico del sombrero