viernes, 23 de septiembre de 2011

Servidumbres

El hombre más rico del mundo detestaba profundamente el caviar de beluga y el champán francés. En las cenas solemnes que frecuentemente organizaba para agasajar a quienes admiraban su riqueza, procuraba perderse sin que nadie le viera. Recorría a paso corto y cadencioso los afilados pasillos de su mansión, la cabeza y el cuello erguidos, la dirección firme. 
Sólo al llegar al ala derecha, seguro de que nadie le viera, apretaba el paso. La nuca helada, la frente confusa. Entonces llegaba a trotar hasta alcanzar agónico el cuarto de baño, inclinarse sobre la taza y, asqueado por el nauseabundo sabor de boca, vomitar.

4 comentarios:

Igor dijo...

A veces, en lugar de comer filete, sales a por una hamburgesa. Aunque no se sea exactamente rico.
Saludos. Muy divertido.

Fátima Vila dijo...

A veces todos esperan que hagas algo, que actues de determinada manera y tú, retorciendo tus verdaderos gustos, tus verdaderos sentimientos, te prestas. Sólo en ala derecha, cuando nadie te ve, te atreves a vomitar, o llorar, o lo que sea...

javi dijo...

Tapas de mortadela YA¡¡¡¡¡

Fátima Vila dijo...

:B