jueves, 8 de septiembre de 2011

Profecía

La más infalible echadora de cartas le había predicho que tendría el pelo rubio. 
Creció buscándola entre todas las cabezas, escudriñando obsesivo el paisaje de mujeres claras, casi albinas, a su alrededor. Viajando, una o dos veces al año, allí donde las mujeres tenían pestañas transparentes. Un día de marzo, con un pellizco en las entrañas, le pidió a ella -tan morena, tan largas y negras sus pestañas- que hiciera un esfuerzo por entenderle. Era absurdo luchar contra su destino: no habían nacido para estar juntos. 
Al final de su vida, cuando empezaba a dejarse morir, se dio cuenta, entre la frustración y la vergüenza, de que podía haberle pedido que se tiñera.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

SYMPATHIQUE!!!

genialsiempre dijo...

Pues vaya genio!!!

Fátima Vila dijo...

uy uy uy... si yo te contara... los hay peores y con peores consecuencias...