martes, 26 de febrero de 2008

Mocos y esperanzas


Últimamente arrancarme una lágrima no es que se diga una hazaña heroica. Desajustes hormonales y mamarrachocracias varias pueden enterrar a cualquiera en un pocillo de amargo lloriqueo a prueba de comilonas, cosquillas y ramos de liliums y rosas. Seguramente por ello la última declaración sincera de afecto me sumó en el hipo ayer por la mañana. La hacía un actor muy grande, de aspecto duro, un actor con el que todas soñamos asestándole un buen golpe al imbécil de turno -sí, sí, a ese que no insultamos, sino definimos «clínicamente»-.

El hombretón de Bardem recogía su Oscar y solo tenía ojillos para su madre, claro que hay madres, como para llegarte a su casa, con los veintilargos y un certificado de adopción. Se acordó de ella y de sus abuelos, y de todos los cómicos que un día prefirieron pasar hambre antes que bajar la cabeza. Mientras sorbía los últimos mocos ante tal derroche de amor maternal y entrega política, me preguntaba si el bueno de Bardem seguirá pregonando con el ejemplo. Si seguirá sin cesiones, lametones y otras demostraciones pseudocívicas propias de la gente con éxito. Dejadme, a veces es delicioso ser injusta.

Como todos necesitamos el beneficio de la duda y a pesar de que una sea demasiado arpía para casar el Imperio Cruz con el intelectualismo de izquierdas, las contradicciones del personaje aún no le roban confianza. En el fondo, soy una romántica y mientras se me pasa el hipo de recordar el moño gris de esa insobornable dama, hago revisión de los últimos casos en los que ganaron los buenos. Vuelvo a sorber mocos. A ver cuánto tarda en aparecer con un cheque de prestigio, dinero o poder el seductor de siempre bajo mil caras, el que sabe cómo entrarnos, pescarnos y, embebidos de bonhomía, hacernos bajar con cara de regusto la mollera.

Publicado en La Voz de Cádiz el martes 26 de febrero

7 comentarios:

Carmen Álvarez dijo...

Yo creo que Bardem ya ha tenido varias oportunidades de comedias facilonas o acción sin sustancia y las ha rechazado... Ten confianza y si no piensa... ¿qué haríamos nostras en su lugar?
¿Cómo van esas cartas? besitos

Fletch dijo...

En cierta manera es lo que ha hecho, bajar la mollera...aunque supongo que ni él mismo sabía que la bajada de mollera le llevaría a ese lugar que la intelectualidad de izquierda siempre ha denostado...la ceremonia de los Oscars.

La nominación por Antes que Amanezca hizo que le llegaran ofertas que el rechazó "elegantemente" diciendo que jamas trabajaría para Jolibu (Entre ellas el papel que en Minority Report acabó realizando Colin Farrell...).

A veces se juega con que el tiempo echa tierra por encima de nuestras contradicciones. Pero eso si...prefiero mil veces a alguien que se siente orgulloso de sus contradicciones a quien enarbola la bandera de la inamovilidad de sus principios.

El mundo es demasiado complicado.

Lazarov me marea dijo...

"¿Que me contradigo a mí mismo?, pues sí, me contradigo. Soy inmenso, contengo multitudes". Esto lo decía Withman y, la verdad, a mí me encanta usarlo pa definirme... antes muerta que sencilla!! Eso lo dijo otra poeta, no?? ;)

Fletch dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Fletch dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Fátima Vila dijo...

Palabrita del niño jesús que yo no he suprimido estos comentarios que, según mi mail, son de Flech...
caray... mi blog empieza a estar poseido!!!
glups...

Fletch dijo...

jajajajaaj...siento haberte estropeado el cibervestido, Fátima...era una gilipollez (otra más) y vi que se podian borrar...sin saber que luego quedarian los goterones...mucho mas feos aun.

Sorry.

Ya no lo hago más...¿o si?..yo que sé...a fin de cuentas hablabamos de contradicciones.