miércoles, 8 de agosto de 2007

La Mujer Hiedra


Como estoy a pique de que se me considere una pseudofeminista de revisteo frivolón voy a detenerme en seco para vocear otra realidad social, esta vez, especialmente ligada a mi sexo, con el que, como ya sabréis, también se pueden hacer correr ríos de tinta a base de teorías nada científicas como las mías.
Hace unos meses, en medio de una debacle inter-intro-mega-ultra emocional, en un bar de Lavapiés.
-Estoy super pillada, todo el día pendiente del teléfono.
-Lo que tienes que hacer es llamar a otro.
-¿Estas loco?
-Por favor no te me vayas a convertir en Mujer Hiedra. Llama al chico ése tan majo y relativiza.
-Anda ya...
-Esperaba mucho más de ti, la verdad.

El diálogo tiene lugar como si tal cosa. Entre una ensalada extraña y un cous cous algo duro, antes de tomar un té de buhardilla y escuchar al maestro, antes de que tu amigo, ese rubiales políglota y polígamo cuyos útiles consejos nunca sigues, te ponga frente a la cara la terrible definición que persigue a las mujeres de tu tiempo.
Para I. T. –esto es, autor, inspirador y protagonista de la escena antes definida– la Mujer Hiedra es esa que, de manera sibilina y camuflada, se cuela en la vida de un hombre adhiriéndose con disimulo a sus tobillos, subiéndole por las piernas, hasta convertirse en una especie de apéndice al que le viene la regla cada 28 días.
Es una realidad cuya incidencia azota a la población de mi género con distinta intensidad. Es decir, a través de variables formas y modelos de acuerdo con el tipo de mujer y su lugar en la vida. Que todas –todos alguna vez– podamos tener episodios de adherencia vegetal a otros seres no nos convierte necesariamente en un miembro de la especie. Ténganlo en cuenta para evitar alarmas.
Hacen falta muchos años de entrenamiento, muchos de mirar hacia otro lado para ver la paja en el ojo ajeno, para convertirse en un representante de ese grupo de individuos capaces de mimetizarse con la vida, la piel y la existencia ajena. Y es que una de las más llamativas cualidades de la Mujer Hiedra es que no sabe que lo es. Ni siquiera cuando toca fondo es capaz de echar cuentas y ver los nocivos efectos del adhesivo para su vida.
La Mujer Hiedra es ésa que desaparece en el mismito momento en el que le sale novio. Momento, por cierto, que suele darse semanas, días, segundos después, de que corte con el anterior. La que decide, de repente, hacerse presidenta del club de fan del Atlétic porque el chorbi le salió rojiblanco. La que siempre está cansada cuando, por fin, y después de meses de cuadrar la agenda para asistir una cena, a la juergas de turno se le ocurre pronunciar las terribles tres palabras: ¿Y ahora qué?¿ Cubata?.
Las estrategias de la mujer hiedra para evitar separarse de su chico son numerosas y variadas. Van desde modificar sus gustos hasta hacer verdaderas filigranas de horarios para adaptar toda su vida, y si cuadra las de los que están al lado, y unirse como sea al personaje en cuestión.
Lo fascinante de la Hedera Helix o Hiedra Común es que no deja de sorprenderte. Una obvia la posibilidad de encontrarla en su círculo de amigos y la imagina hecha una marmota, esponjada de tanto ver la tele mientras acompaña a su chico mientras curra al otro lado de la barra del sarna del barrio (por remitirnos a un tipiquísimo ejemplo); sin embargo, cada vez más, el fenómeno salta a modelos modernos y actualizados. Véase mujeres con pearcing, ropa de marcas tarirfeñas y varios géneros de tatuajes. Máscaras para esconder que tras el modelo Soyindependienteyescuchoabebe, a una la educaron para tener un hombre al lado y no pretende, ni por asomo, desatar el entuerto.
Entre las características propias de la Mujer Hiedra está su regusto por contagiarse. Por rodearse de otras plantas trepadoras, capaces de ramificarse por sí mismas.No en vano, dicen los botánicos que, si se les elimina el ápice vegetativo, ellas mismas producen de inmediato dos o tres nuevos más abajo, y continúan con lo suyo. Implacables.
Lo peor de conocer a una Mujer Hiedra es que sea tu amiga, tu compi, tu vecina. Y que tú seas una de esas plantas entrometidas empeñadas en que nadie sufra por gusto. "Mira, nena, todas tenemos la tentación... Todas hemos tenido relaciones absorbentes... Necesitamos darnos tiempo, espacio para nosotras. Hay que saber estar sola, disfrutar de tus amigos... " Bla, bla, bla... La Mujer Hiedra te mira con cara de haba –rarísimo fenómeno de injerto- antes de escupirte: "Si yo hago muchas cosas, no voy a estar todo el tiempo contigo". Mustia, pagas el café en el bar de abajo y te muerdes la lengua. Has cruzado la línea y la has puesto a prueba. Has notado el tono de desprecio de la última sentencia. Si nunca más vuelve a llamarte; si, de repente, se cambia de pandilla para pedir "el colacao y la media tostada", no te equivocabas. Desgraciada y penosamente, esa amiga tuya no tiene arreglo. Otro arbusto trepador de hoja perenne. Otra chica hiedra, de increíble resistencia y tremenda y dura mollera.

9 comentarios:

Cactus gaditanae dijo...

Tochos y tochos podrían escribirse sobre la Mujer Hiedra y sus posibles mutaciones, años y años de lucha feminista tirados a la basura..........y q conste q no estoy a favor de la quema de sujetadores, uno de mis más queridos aliados contra las fuerzas de la gravedad.........

Fátima Vila dijo...

Posibles mutaciones????

garcía argüez dijo...

ufff, vila, ufffffff, está usted realmente muy preocupada, verdad?
besísimos

Fátima Vila dijo...

Jajajaja...
¿Cuándo no lo he estado por algún asunto en cuestión??????
besísimos recibidos, y multiplicados

Anónimo dijo...

Vila un besito de un hombre hiedra..:-)

Anónimo dijo...

ayoma...me estoy convirtiendo en chica hiedra?? o mi chico es una enredadera???
mancantao, nena, mu buen articulo...
llegue ya de cantabria...te llamare presiosa
tita

Fátima Vila dijo...

jajajaja...
tranquilidad en las masas...
episodios de adherencia tenemos todos!!!

caba dijo...

me perdi un poco. Pero vengo de estuve en julio en cadiz y hasta madrid guasa con el viajecito...lo digo por tu comentario en El País de ayer. Teníais que hacer algo con esa línea.

Anónimo dijo...

Fati, encanto. ¿De donde te sale esa tan locuaz clarividencia? Yo soy un hombre hiedra, pero no por mi adherencia de por sí (de por mí, perdón...), sino por haber sido adherido y haber sucumbido a tan botánico y absorvente estrujamiento. Quizás sea esa la metamorfosis mencionada antes. Soy hiedra, pero tengo un alma de jara que a veces se despereza leyendo cositas como las que tu escribes. Sigue, por dios, sigue así.

Antoñín