lunes, 22 de agosto de 2011

Cuestión nominal


Desde que a mi amiga PiliB le dijera el gran Jodorowsky que debía cambiarse el nombre no paro de darle vueltas a la cabeza.

Sin poder resistirse a la tentación de escudriñar los entresijos de la voz femenina al otro lado del teléfono, el chileno aprovechó su entrevista para hacerle algo así como una teleconsulta gratuita. Qué suerte por cierto. ¿A quién no le resultaría divertido-interesante-curioso escuchar una fórmula personalizada de psicomagia??? Uy… A la mayoría de gente tarada que conozco. Ok, retiro la afirmación.

Diagnóstico general: falta de cariño. Medicinas: Entre otras, zafarse lo antes posible de ese nombre maño heredado primero de su madre y luego de su abuela. Demasiada responsabilidad, demasiado peso, demasiada controversia eso de tener dos nombres –uno por mamá, otro por papá- y quedarse con el más recto, el que imprime más carácter, tanto que, según el psicomago, ha de arrancárselo para que salga el suyo, el suyo de verdad.

Pienso en los nombres, en lo que significan, en lo que proyectan, y la anécdota de PiliB –tan flaquita ella con ese nombre enorme sobre sus blanquísimos hombros- me parece escalofriantemente reveladora. Sacuden mi cabeza decenas de ejemplos. Generaciones y generaciones de hombres y mujeres perpetuando nombres como si de un resucitante se tratara, un guardador de memorias, un pulmón artificial de la familia, un tótem.

Y es que, dejando los prejuicios aparte, pensémoslo bien: Nos ponen el nombre de nuestra abuela desaparecida, o de nuestra tía soltera, o de nuestra madre neurótica y nos condenan para siempre. Finos hilos psicológicos y hasta mágicos –porque todo lo ritual tiene algo de hechizo- pululan sobre nuestras cabezas susurrándonos lo que se espera de nosotros, o lo que no, por cargar con ese apodo, por llevar, de alguna manera, una chapa conmemorativa a la memoria de alguien. Un cartel sobre nuestro cuerpo de átomos recién estrenados, una etiqueta sobre nuestra piel que nació rabiosamente nueva.

Alguno dirá que no son más que tonterías, que un nombre es un nombre y poco más. Sí, sí. Por eso saltaban pústulas en los almuerzos patrios cuando el Telediario anunciaba el Proyecto de Ley sobre el Registro Civil… Precisamente por eso, porque sólo es un nombre y poco más. Porque no se nos va el orgullo por la cañería oxidada de nuestra herencia heráldica, porque nos la trae al pairo algo tan peregrino y circunstacial como nuestro apellido. Jaja.

Nos ponen el nombre de la tía soltera o del abuelo que murió en la guerra, o de la madre sumisa, o del padre. Nos llaman por una palabra heredada y podemos admirar o no a su propietario (propietario incluso en segunda o tercera instancia) pero, sea como fuere, jamás podremos quitárnoslo de encima. Llevaremos al personaje encima filtrando su figura sobre nuestro inconsciente, en la parte más profunda de nuestro carácter, donde campan a sus anchas los lloros de la niñez y las muchas o pocas caricias.

Le doy vueltas a la cabeza y termino sintiendo un poco de alivio. Verlo a tiempo, antes de someter a un hijo mío al nombre –muy bonito por cierto- de un abuelo muerto demasiado joven y, por lo tanto, fruto de un sinfín de idealizaciones. Antes de someter a esa criatura inocente al peso de un señor de perfil casi perfecto que dejó un montón de cosas por hacer. Siento alivio y un poco de vértigo. Puedo recordarme a mí, hace bien poco, pugnando por ese nombre como si la vida me fuera en ello. Dios mío...

Maite y yo tomamos un té cuando le cuento todo esto. Ella lleva el nombre de su madre, pesado, enorme, precioso.
-¿Sabes? Mi madre nunca te llamó así, prefería llamarte Teresa.- le apunto.
-Tu madre tenía algo especial, me trató desde pequeña como a una personita, no como a una niña o como a la hija de alguien.
-Ya, sí, lo sé. Tiene sentido, al final, yo me llamo Fátima y no Isabel ni María.

Bebo un sorbo y me siento liviana. Floto en toda la dimensión esdrújula de mi nombre.
Me quedé con otras taritas pero, afortunadamente, no con ésta.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

bueno, pues eso, empieza a sugerirme nombres porfi para empezar a sentirme tan liviana como t'u o al menos la mitad de liviana. a ser posible que sea en ingl'es, aprovechando que voy a ser profe de esa materia y que nac'i en el Reino Unido. De momento han empezado a llamarme Se;ora y no creas tambi'en pesa. Siento no poder poner acentos ni enes pero es que vine a la Gran Breta;a a buscar un nombre, el mio. De todas formas tambien tengo que decir que toda persona que se precie y que valga y aporte algo a la humanidad no se atreve a tratar a los personajes que andan por este mundo sin respeto. No me hubiese importado nada llamarme Maribel. mar-i-bel> el sonido es bastante bonito, bastante....e incluso lo que representa > bella estrella del mar, esa eras t'u Maribel

Fátima Vila dijo...

Es que las cosas de mar son muy bonitas... Como las estrellas de mar, los caballitos, las sirenas...
Supongo que tu nombre te llegará solo, o simplemente tendrás que mirar de otro modo al que ya tienes. Hacerlo tuyo, limpiar de vez en cuando las filtraciones de la memoria... Es un trabajo lento y cuidadoso, pero seguro que merece la pena. Y, como todos los caminos, tiene que ver con conocerse a uno mismo, con conocer sus límites, los propios y los heredados, y creo que tú - no sé si por tu nombre- tienes fuerza para eso y mucho más.