miércoles, 2 de septiembre de 2009

Reset

Mi habitual falta de paciencia me empuja, inexorablemente, al ritual del reinicio -que no iniciático, ay...- innumerables veces. Con los dedos dislocados de apretar botones, la cabeza confusa y expresión de noséquénaricespasa, todo aparato electrónico -el último, el teléfono, aunque también he tenido sesiones con el microondas- cercano a mi morada se ha expuesto a la impiedad de mi tirón de enchufe. Hoy, animada por una extraña poética del cable y el nervio, del virus y la pesadilla, del portátil y los sentimientos, pienso que una puede intentar mil formas de solucionar ciertos entuertos pero que, en la vida, como en la electrónica, un buen punto y aparte suele dejarte nueva.

Por eso hoy abro los ojos al parpadeo de mi propia pantalla -ésa que no es plana sino llena de contornos, ésa que no tiene alta resolución, sino un millón de dudas- que, lentamente, ha recolocado cada pieza, recomenzado cada proceso, con la lentitud de toda máquina que, electrónica o humana, sabe que pierde agilidad en cada intento.

Una, como el viejo pc del cuarto de dentro, pierde frescura y pierde inocencia, a una se le escapa la cometa blanca y la velocidad de procesamiento, pero gana cierto peso y ese autoafecto inevitable que tenemos a los trastos viejos. Ésos que continúan funcionando, sin fallarnos, reseteo tras reseteo.

En el camino, me ha salido una mancha en la frente -"Bienvenida a los treinta", me diría A.M-, he conocido el reino de las sirenas, el beneficio farmacológico y la fuerza centrífuga de un buen puñado de cómplices. He perdido peso -como cuatro kilos de carne y varias toneladas de lastre- y he comprobado, estupefacta, que nunca somos quién decimos, que siempre podemos descubrirnos, asustarnos, que nunca estamos completamente hechos, ni somos completamente sinceros.

Contemplo la máquina, me palpo el cuerpo, me interrogo sobre quién fui y porqué, sobre quién seré, sobre esos sentimientos que fueron y que hoy tienen perfiles de mal sueño, sobre los amaneceres de sudor y pesadillas, sobre los amaneceres dulces del verano, sobre un amanecer borroso que me enfrentó con el espejo. Contemplo mi cuerpo y me pregunto dónde empiezo. Y pestañeo.

Refulgen luces en la pantalla, dejo que surjan poco a poco las caricias, las palabras, las personas. Renacen al contacto con la corriente eléctrica, son los guardianes de secretos, quedan cuando la avería ha desaparecido como los personajes del mal sueño, son lo no prescindible, son lo no transitorio. Estoy habituada a verles aunque no siempre los encuentre, son los que me construyen y construyo, iconos de mi escritorio.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

¡¡¡¡¡¡¡¡qué bien!!!!!!!! has vuelto

BESOS BESOS XO XO

A.M. = Aprendiz de Arpía

evatm1@hotmail.com dijo...

precioso punto y seguido

Fátima Vila dijo...

vuelvo, ha costado, pero vuelvo

Equilibrista dijo...

"nunca estamos completamente hechos, ni somos completamente sinceros..."

esa fuerza centrífuga de los cómplices nos ayuda a mantenernos en pie, a continuar en marcha tras el espasmo de cada reseteo...

magnífico texto, fátima

Anónimo dijo...

...por mucho que reseteemos el disco duro habrá amaneceres dulces del verano que siempre estarán latentes en nuestra memoria residual..siempre y pase lo que pase.

genialsiempre dijo...

Me alegro de tu vuelta... estoy convencido de que poco a poco tu ordenador mental conseguirá pronto estar a pleno rendimiento. De momento, textos como éste ayudan mucho.

José María

Anónimo dijo...

¿para cuando la verdad sobre tu prolongada ausencia?

Alinando dijo...

A veces las metáforas son más explícitas que la propia realidad. Ha sido un placer reencontrarte, sabía que asomarme aquí tarde o temprano tendría su recompensa. A tenor de lo que leo, te noto bien, y me alegro mucho.

Antoñín

P.D. Mi tío se compró hace poco un televisor y decía que se había comprado "uno de esos sin carne, de los planos". Me lo has recordado... Jejeje

Lazarov me marea dijo...

menos mal, choni, menos mal. por cierto, ni se te ocurra aceptar la opción esa que a veces invade tu pantalla proponiéndote limpiar los iconos que no uses

Fátima Vila dijo...

jajajaja... por supuesto que no, hay iconos que se usan poco pero son tremeeeeendamente necesarios!!

Catalino dijo...

volveremos al ritual de comprobar cada mañana si asoman nuevas letras en tu Bloc de notas. Qué bien!!