lunes, 20 de abril de 2009

El pacto

–Sólo te digo lo que pienso.
–Pues te agradecía que fueras un poco hipócrita. Nadie dice lo que piensa, todos mentimos un poco para aguantarnos los unos a los otros.

A partir de aquel momento iniciaron un muy feliz ascenso vital por los caminos del matrimonio, la familia y el estatus social. Recorrieron el mundo en viajes veraniegos, se fotografiaron frente a los principales monumentos internacionales, cambiaron varias veces el mobiliario de su casa, nombraron a sus hijos con nombres de parientes fallecidos, se mudaron de casa y destinaron un porcentaje de sus ingresos a organizaciones no gubernamentales. Cuidaron de sí mismos durante las gripes, apendicitis y otras enfermedades, ahorraron para un buen coche, redujeron la hipoteca, les premiaron -uno primero, el otro más tarde- con un ascenso. En el ocaso de sus vidas, tan perfectas y deliciosamente neutras, pudieron comprobar los beneficios de aquel pacto. Se dieron cuenta de que sus otroras malidicentes ingenios se habían desactivado y que, verdaderamente, habían encontrado una receta cercana a la felicidad. Una que, en medidas estratégicas y sin llegar completamente a abrazarla, rozaba indecentemente la mentira.

4 comentarios:

Jose Prada dijo...

Es como cuando Woody Allen paraba a la pareja por la calle en Annie Hall, creo recordar, y les preguntaba si eran felices y que cómo lo hacían. La respuesta era clarividente.

genialsiempre dijo...

O sea todo es pura hipocresía?, ¿o acaso la tolerancia suple a la verdad?.

José María

Fletch dijo...

Eso no es hipocresía....es pura educación.

La "sinceridad" como bienhechora social de reciente cuño sólo trae conflictos innecesarios. Propongo un gran monumento a la "mentira" como uno de los grandes pilares de toda sociedad que tenga como meta considersarse decente.

Le leo con interés Sr. Genialsiempre.

je.

Fátima Vila dijo...

jajajaja... lo de el monumento a la mentira de una sociedad decente me ha encantado!!!
mmmm... es negociable...