lunes, 23 de julio de 2007

Memorias de verano


A veces, normalmente en día libre, después de un día de playa y recién duchadita, me sacuden recuerdos bisagra entre la buena vida y la vida real. Memorias que separan la plácida existencia de ésa otra que empieza cuando, sin que te des cuenta, se acaban los exámenes chorras y aparecen los difíciles, cuando las decisiones cuentan y comienza a ser más difícil echarse para atrás. Debe ser por la savia playera que a una gaditana le corre como linfa por el cuerpo, que en mi caso la nostalgia suele latir al compás de las ultimas horas de una tarde de verano, cuando la luz vira a amarilla y en las terrazas huele a caballa con piriñaca y, un poco antes, a caracoles.

Son los recuerdos del aftersun Ecran, de una amiga que siempre llena de arena el salón de tu casa, de tu madre que le riñe, del gel de olor a frutas y del cine de verano. Al que había que llegar prontito para pillar las mesas del fondo, como si estuvieras en casa, en un salón propio donde hartarse de pipas y beber coca cola. «Nena, píllate algo de abrigo que vamos al Brunete», oyes gritar a tu madre, supermorena de todo el día de playa.

A veces, normalmente en día libre, pillo a mi perra para dar un paseo por los aledaños de aquella salita de lujo que un día, como en un expolio, me arrebataron. Construyen pisos. Qué sorpresa. Ahora, de vez en cuando, ponen una pantalla en la playa. Con el super éxito del momento. Buagh... Ni te acercas... Fábulas con esa especulación constructiva, temporal y afectiva que cambia tu mundo y te transforma a ti misma, robando un poco de tu vida, confundiendo las existencias. Hay cosas curiosas en este gira y gira. Recuerdas tu bautizo en las frescas butacas de García de Sola, la historia un hombre que asiste absorto a que otro le robe su vida. Sonríes y recuerdas a Totó, a Totó, el héroe.

Publicado en La Voz de Cádiz el martes 17 de julio de 2007

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