martes, 27 de diciembre de 2011

Melodía de la semana

La caja huele de una forma conocida. Se parece a como huelen los libros. Acerco la nariz. Me estremezco. Al final esa noche terminaré teniendo que tomarme la cetirizina pero en ese momento ni me doy cuenta. Ocurrirá más tarde, cuando vaya llegando el resto y nos sentemos todos en torno a la mesa de camilla. ¿Tiene brasero? ¡Esto es lo más!
-La diosa es muy fuerte oiga, muy muy fuerte.
Leica pega saltitos y olisquea el paisaje de cajas despeluchadas, objetos viejos y guirnaldas. PiliB también pega sus propios brincos, agitando sus rizos caoba mientras da viajes a la cocina. Es mi Martha Stewart particular, entregada a la causa y a la fabricación de magdalenas que hemos decidido esa misma mañana, mientras el sol de la playa nos calentaba las pestañas y combatíamos su tristeza, cómo no, con un té: He pensado una cosa que podría animarte y a mí me vendría muy muy bien ¿Quieres que lo hagamos esta tarde? Creo ya que puedo…
Toda la casa huele a manzana y a canela. Y como a libros viejos. Huele a figuras doradas compradas en tiendas ñoñas. Un unicornio de El Bosco. Un cascanueces. Muñequitos de madera. Adornos que podrían contar mi vida. Huele a unas decrépitas figuras de barro cocido pegadas y repegadas con pegamento amarillo. Lo hice yo. Lo digo orgullosa y sonrío.
-Vamos a ver, hay cuatro nacimientos. ¿Cuál ponemos?
Guardamos el sobrio misterio de mi madre, guardamos el de los Playmobil, guardamos el desvencijado grupúsculo que yo moldeé y pinté con témpera. Elegimos el de color rojo y azul de marmolina. También lo hice yo. Siempre apunté maneras. Nos reímos. Agarramos el árbol como podemos improvisando una base de mantas de colores. Despedimos a los símbolos ocasionales que han sido víctimas de la carcoma. Vaya, qué metáfora, ¿no? Juana ordena las bufandas y pide una escalera.
-¿Cómo puedes llevar tanto tiempo sin luz en la entrada? Anda, venga, tía desastre, que te cambio las bombillas.
Todo resulta deliciosamente imperfecto y, por fin, después de nueve años perdida, lo veo, lo disfruto, lo entiendo. Toda la casa huele a manzana, a canela y a libros viejos. Puedo transportarme a aquella última foto. Mi madre lleva un jersey rosa y se toca la barriga, Leica es un cachorro y yo tengo el pelo corto, los labios muy rojos. Hemos puesto el árbol en el mismo sitio. Todo lo demás ha cambiado y yo he cambiado con ello. Creía que me había hecho grande por dejar a un lado estas cosas pero sólo estaba enfadada, muy enfadada. Estaba enfadada y no me atrevía a reconocerlo. Soy más grande ahora con mi selección de villancicos moña, con mi llantina emocionada de Vayaquéfuertelohemoshecho. Soy más grande ahora que miro a mi alrededor, contemplo las ausencias pero también esta extraña suerte mía que, como este momento improvisado y a destiempo, también es deliciosamente imperfecta. Porque en mi pequeño mundo cada uno elije en qué día decide celebrar la Navidad o se declara fiesta nacional, cada uno elige el nombre de sus primos y hermanos, elige si los tequiero se dan en persona o por el chat del móvil, elige a quién tiene cerca en los momentos jodidos porque para los buenos vale cualquiera. En mi mundo, todos saben que para cocinar en casa hay que traer los ingredientes, que todo el año hay té caliente en la tetera y que todos somos un poco tutores de Leica.
Hacemos fotos y las mandamos en tiempo real a la mejor venderora de experiencias. Me alegro de que la Navidad haya vuelto a tu casa, nos contesta. Por falta de moldes adecuados, el menú está compuesto por dos magdalenas gigantes, té de navidad directamente traído de Viena y grappa a la trufa. La pareja que estaba ya a punto de ponerse el pijama se ha desplazado a casa para no perderse el evento.
-Qué bonito toooodo… Mira, es un bizcocho de corazón.
-Bueno, técnicamente es una magdalena…
-Mira! Aún tienes eso. Y eso. Y eso. Es muuuuy fueeeeeeeeeerte.
Lolo señala a todos lados con el dedo.
Ya solas, de madrugada, la repostera y yo, algo borrachas, nos damos un achuchón frente a nuestra gran obra. Somos un gran equipo hecho a bases de magulladuras más o menos visibles, hospitales propios y ajenos y tardes de cartas de tarot. Nos sabemos imperfectas, algo taradas y bastante pencas. Esta Navidad no hacemos listas de lo que queremos, sino de las cosas que no queremos, que no queremos más. Nena, escucha, ¿tú has entendido bien lo que dice este villancico? Pues que no pierdas energía, que le des tu corazón los que están aquí contigo ahora, esta Navidad. No te gastes pensando en lo que no está, disfruta de quien ha elegido disfrutarte.

[Flashback]
-A ver loca, has recuperado tu bolso intacto después de cuatro días!!!!!!!!!!! ¿Qué coño te vas a ir ahora? Vamos a celebrarlo con un gin tonic…
-No, es que he quedado con una amiga para poner el árbol esta noche.
-¿Un 26 de diciembre? ¿No vas un poco tarde?
-No, todo lo contrario, voy estupendamente de tiempo…

6 comentarios:

hermanastra dijo...

Ahora soy yo la que está llorando. Vaya. Qué gran escena navideña de cierre de temporada:)Gracias por dejarme colaborar en momentos tan bonitos.

Fátima Vila dijo...

colaborar? yo creía que tú habías montado este momento tan bonito :b

Alcancero dijo...

Ojala más gente fuese tan penca y algo tarada como ustedes. El mundo sería más agradable.

genialsiempre dijo...

No sé si es real o ficción, pero es una de las cosas mas bonitas que se han escrito sobre los tiempos navideños

Anónimo dijo...

Fati, qué decir. Siempre enorme!

Nos vemos en el Km.0!

Fátima Vila dijo...

Pero vamos a ver, nadie se había dado cuenta de que faltaba la canción??? jajajajaja

Y la historia es real -y sonrío cuando lo pienso y lo escribo- porque sí, es real :)