jueves, 24 de noviembre de 2011

Príncipes, princesas y otros anfibios

Porque los cuentos no son malos sino que lo es la forma en la que nos los contaron, aclara el Chapa que hay dos formas básicas de encontrar un príncipe. Una es topárselo de repente y cuadrar el círculo. Es lo que llaman "Amor a Primera Vista". Suele ser frágil y sale en las películas. Suele ser, básicamente, una mentira. Cómida rápida sentimental cocinada a base de ensoñaciones, obligaciones sociales –más vale conformarse con éste que quedarse más sólo que la una- y acuerdos más o menos explícitos de separación de bienes –Lo siento… eras perfecto hasta que tu tarjeta falló, tu trabajo falló, tu espada se oxidó-.

La otra forma es más lenta y está contraindicada en casos de cobardía o pereza. Consiste en conocer una rana diferente a las demás, besarla y besarla. Caminar con ella y ella contigo, tropezar, caer, darse un par de golpes hasta que un día, sin darte cuenta, la mires y digas Dios mío, aquí está. Entonces la rana ya no es verde, o sólo lo es un poco, o sólo lo es de vez en cuando. Tampoco es viscosa. Aunque tiene sus momentos. Es un príncipe imperfecto –de hecho, muy pocas veces se pone la corona aunque, por supuesto, siempre lleva encima Besos de Amor Verdadero-. Es un anfibio en proceso de transfiguración dispuesto a sorprenderte. Un ser cambiante, flexible, que crece contigo y se moldea. Una criatura real –real porque sangra y real por la estirpe que todo príncipe debe tener- a la medida de una princesa como tú. Porque todo hay que decirlo… Una princesa acostumbrada a las caídas, a repintarse los labios tras los besos de mentirijilla. Una princesa de protocolos flexibles, forjada también a base de errores y meteduras de pata, con una piel que a veces se vuelve verde y unas piernas largas largas, entrenadas, ya se habrán dado cuenta, a base de saltar de charca en charca.

4 comentarios:

hermanastra dijo...

Genial :)

Relatos on the rock dijo...

¿Y si de entrada dejamos de pensar en términos de príncipes o princesas? Definitivamente. Son categorías tan gastadas como ficticias. Claro que sí, una rana, un sapo, una culebrilla, un castor, una ardilla, un búho, un gato montés, una cabra, una vaca, un mirlo, un topo, hasta un lobo, jajajaj, o loba...

Fátima Vila dijo...

Al final, lo que hay que buscar en el príncipe, quiero decir, en la rana, es muuuuuy diferente a lo que nos contaron...

Fátima Vila dijo...

Por qué??? Lo que hay es que dejar de rendir pleitesía a los oficiales y ser cada uno el personaje que le plazca. Princesa, bruja, hada, loba... No me seas tan petardo!!! Que hablamos de metáforas!!