jueves, 5 de marzo de 2009

De visita

Mi ex solía disculpar mi desmemoria remitiéndose a mis convulsiones vitales. Tu vida ha sufrido muchos cambios, es imposible que recuerdes tantos detalles... blablabla... Mi mejor amigo lo achaca, sin embargo, a mi patológica falta de atención. Yo prefiero la explicación primera que me absuelve y me disculpa y me hace sentir -ya que una no puede evitar sumar la experiencia de situaciones dolorosas- más interesante. Supongo que, más allá de literarias vidas nómadas y cosmopolitas, mi ex se refería al bloqueo mental ante personas que están y desaparecen, a las ciudades fugaces, a las esperanzas que uno tiene y la vida te quita, a los inimaginables regalos que luego te da. A esa incómoda sensación de pertenecer y no a los sitios, de pertenecer y no a las personas.

Disquisiciones ultrapersonales aparte, además de la desmemoria, lo malo de no tener patria es que una acaba perdiéndose las mejores y, cuando termina por poner un pie en firme en algún sitio, se da cuenta de que la mayor parte de la gente que te importa ha vivido sus grandes momentos contando contigo pero asumiendo que te perderías la versión extendida. Por eso cuando hace unos días mi amiga PH me ofreció la posibilidad de acompañarla a mirar trajes de novia mi corazón estalló en latidos y mi imaginación saltó de un lado a otro viéndome protagonista de remanidas escenas cinematográficas de cine antidepresivo (esto es, comedia romántica y sucedáneos que acaban bien).

Aunque mi compi de curro no termine de entender mi fascinación por un acto social en el que todo el mundo está contento y todo es gratis (¿quién puede pedir más?), lo cierto es que siempre había soñado con vivir ese momento de acompañante de la protagonista. Sentarme en el sillón reservado para amigas/madres/hermanas/cuñadas de la sala de espejos y emocionarme opinando sobre esteeselmodeloquetepega, queguapaqueestás y, sobre todo, parecesunaprincesa.

Como cuando dormía con María junto a su cama de hospital, como cuando me pidieron hacer de testigo ante un cura o esperaba a Javier junto a la sala de partos de La Salud... A veces, una visita la vida de la gente y se siente, fugazmente, parte de algo. ¿Y qué mejor que de algo bonito, blanco y lleno de sedas y de encajes? Debe ser la edad, una se pone cada vez más ñoña. Era justo como yo esperaba y me hizo taaanta ilusión...

5 comentarios:

Lazarov me marea dijo...

te quiero, entre otras cosas, porque haces que las lentillas mensuales que estrené a finales de noviembre parezcan nuevas...

ñoñerías aparte. desde cuándo coño es una boda gratis?? sobre todo a las que tu vas, choni... acaso, desde que cumpliste los 20, has acudido a alguna en la que des menos de 100 euros?? ein?? ein??

genialsiempre dijo...

Me parece que te está afectando la primavera...pero no obstante es bonito leerte y conocer tus ansias y más bonito todavía saber que te gusta compartir cosas con otros.

José María

Juan José López JARILLO dijo...

Agradable este tu blog: me pasara por aqui de vez en cuando si me lo permites.

Saludos

Anónimo dijo...

Y tú no te das cuenta de que para algunas personas, si tú no los hubieras compartido con ellos, esos momentos nunca hubieran sido los mismos.

Fátima Vila dijo...

ay... también es otra forma de pensarlo...