lunes, 5 de enero de 2009

El hombre palanca

La palanca es una máquina simple -rudimentaria y prehistórica- perfecta para multiplicar la fuerza. El miedo a la soledad -al fracaso, al envejecimiento- es una plaga virulenta muy propia del siglo veintiuno. Ambos ingenios se complementan en un concepto que, cada vez con más insistencia, se produce entre los grupos sociales que me circundan. La expresión Hombre Palanca -de nuevo aviso su capacidad para denotar versiones femeninas- sirve para denominar a aquel ser que, como el mecanismo P x dp = R x dr, sirve para aplicar y concentrar nuestra fuerza en el levantamiento -y con él, expulsión- de un cuerpo demasiado pesado como para desplazarlo con un empujoncito.
El cuerpo demasiado pesado es normalmente una relación más o menos consolidada. Un proyecto de vida naufragado a costa de postergaciones, egoísmos y mentiras piadosas que hace mucho tiempo que va a la deriva sin que nadie haya tenido narices de hablar del tema. El Hombre Palanca -el Ser Palanca para ser políticamente correctos- aparece en forma de encantador compañero de trabajo, parlanchín partenaire de estudios, amigo de un amigo presentado en una cena o vecino amable que te pregunta que tal mientras te sujeta la puerta.
El hombre palanca suele estar soltero, sin compromiso, suele disfrutar de las mieles de una independencia casi hollywoodiense y encarnar todo un catálogo de actividades más o menos intelectuales, más o menos deportivas, más o menos sociales, con las que la individua emparejada siente, de repente, una profunda y ancestral empatía. "¿Coleccionas sellos? Me encanta". "¿Eres un especialista en las migraciones de aves del norte de Europa? Jo... cómo he tardado taaanto tiempo en conocerte".
Debido a la fuerza ejercida por el punto de apoyo, también llamado fulcro, el ser que hasta entonces había compartido tus suspiros se convierte a partir de ese momento en un individuo devaluado y devaluante, cuyos hobbies son ridículos, cuya conversación resulta aburrida y su barriguita un cúmulo de lípidos absolutamente ajenos. Mientras las conversaciones se alargan con El Hombre Palanca y los mensajes al móvil multiplican tu factura, la fuerza aplicada va aligerando el peso de aquella decisión tan radical, de aquel corte por lo sano que semanas antes te hacía temblar las piernas.
Y como el peso es ligero, ligerísimo, el desplazado no vale nada, y como se tiene El Hombre Palanca para tomarlo del brazo y no sentirse deshermanada, las cosas ocurren de manera turbadoramente natural, extraordinariamente rápida.
Al menos, para una de las partes.
"Sí, lo hemos dejado, de mutuo acuerdo. ¿Con EHP? Bueno... no... es un amigo... pero nada serio..." Mentira. Estudios científicos que no sé si se han hecho, confirman que en la mayoría de los casos el agente expulsor, aquel que aplicó la fuerza a la palanca y le dio al tipo su número de móvil sabiendo perfectamente la verdadera intención, sólo quiere sustituir un peso por otro.
Si tiene suerte, la siguiente expulsión es rápida e indolora, deja espacio para la construcción personal, el cultivo de las artes, la juerga y la independencia. Si no, empiezan los problemas. Es entonces cuando en la relación recién estrenada resuenan los chirridos, los desajustes, los desórdenes. Los efectos colaterales de intentar adaptar un cuerpo al molde dejado por otro. La cosecha anémica de quién no se atrevió a dejar el corazón en barbecho.
Empieza -salvo en misteriosos casos de perfecto acoplamiento- la crisis estructural de un modelo de relaciones habitualmente coronadas con matrimonio, hijos y cuernos a los cuarenta. Relaciones forzadas que aseguran compañía durante la cena, descuentos en el cine, acompañantes en bodas y viajes y otras muchas versiones del amor a duras penas. ¿A te que suenan?

13 comentarios:

Pablo Terradillos dijo...

espero se te haya pasado el bajón posthurto.
cierto es que el amor no admite sustituciones ni versiones dobladas o subtituladas, pero que las cosas ocurran de manera natural y cómoda no tiene porqué ser turbador.
uf, tampoco sé muy bien qué digo.
Intromisión, confusión, comodidad (de la buena y de la mala),...

Luispa dijo...

Oye que los hombres palanca tb sirven para reajustar la relación. Engrasamos la maquinaria, reajustamos contrapesos y si se hace bien, aquí paz y luego gloria.

Fátima Vila dijo...

mmm... lo bueno está en que sea turbador!!!!! ¿Qué mejor que equivocarse??? Llorar, patear, maldedir y luego respirar, suspirar, jurar que no lo volveremos a repetir... hay que dejarse llevar... además siempre hay casos de maravillosa emancipación o exquisito acoplamiento!!!!!!

...On the Rock dijo...

Lo que aburre nos aborrega, pierde valor para el ser humano. Así somos de animalitos. Entonces rompes el ciclo o sigues igual. En parte está en nuestra mano. Claro que hay mucha gente que se siente mejor así, a la sombra de lo que venga, como amantes pasivos, a caballo de las circunstancias, tan determinantes ellas.

Sin embargo puede ser motivo de óbito en vida. Y ahí aparecen los conflictos, porque estamos hechos de puro teatro, sueños y conflictos. Más auténticos quizá que nuestra hipoteca o la última bronca del trabajo. En el caso del amor, para renovarlo y crecer o hacerlo memoria y poco a poco olvido, pero que nunca se esté quieto, que ande, corra, se caiga o se detenga, pero que se mueva. Tanto una vía como otra, antes o después, te hacen sentir despierto. La alegría y la tristeza se dan siempre la mano. Lo insoportable es la desidia y el rancio conformismo. Amar, sí, siempre, pero no aletargados, amar, sí, con todas las fuerzas, pero no por costumbre.

Hay quien prefiere instalarse en las rutinas de falsas seguridades y alimentar el deseo de otras vidas, quien sabe si otras personas, en la imaginación. Incluso son felices, o se lo creen, que es más importante. Más felices que uno mismo. Está bien que sea así, pienso, cada uno en su vaina, y de vez en cuando coincidir con vainas como la tuya...Cada uno hace lo que puede.

¿Acaso no somos varios animalitos encerrados en un cuerpo? En las cuitas del corazón no hay ciencia. Y nos ocupa demasiado tiempo. Más que hablar de ello, mejor practicarlo, el amor, en sus más variadas formas (pareja, ligue, matrimonio, persona palanca, amigos, familia, extraños...). Desde una sonrisa al sexo, pasando por la palabra justa, en fin, el AMOR, mucho más allá de una sustitución de pareja. Haz lo que debas, porque lo sientes, y deja de hacerlo cuando no lo sientas. O al menos exprésalo. Que se sepa.

Creo que todo es más natural, propio de nuestra condición humana, no de género, ya sea un Hombre Palanca o Una Mujer (o Persona) Columpio, que también abundan. Se suelen balancear alegremente, tan hermosas, pero nunca tocan tierra con los pies. Dan lo justo para no pervertir la esencia. Otra forma de amar, a ratos, retirándose a tiempo para evitar ser sustitutas de nada y demás quebrantos ajenos a la belleza de esos momentos. Y ahí, idealizadas, generan tanto amor, tanto deseo...Buscando la ocasión limpia, posterior, o quedándose con el hermoso recuerdo de lo que ambos intuyeron y nunca se produjo, como reconociéndose mutuamente en un tremendo amor sin haberlo "concretado".

En fin, un laberinto, tantas formas de amar, no sé si me explico...

Por cierto, si existen tantas rupturas es porque también hay multitud de casos de dulces acoplamientos. Algunos hasta son duraderos. Supongo que es cuestión no mentirse mucho a uno mismo, superar el miedo a estar solo, a equivocarse, y condensar las entregas para hacerlas apetecibles, quien sabe si una próxima vez. En fin, amar tiene su trabajo. Hay que estar dispuesto/a.

Bueno, amiga, escribo poco en tu blog, pero casi mejor, porque ya ves, me animo y suelto estas peroratas...jaja...A ver si quedamos pronto el grupo de letristas libres con el Arwez y quien se preste.
besotes!
Loren

Anónimo dijo...

Y que hay del hombre trípode?

hermanastra dijo...

Muy bueno. Yo creo que podría montar una fábrica de balancines, aunque últimamente me haya dado por machacar mi propia tendencia -¿años? ¿aburrimiento? ¿miedo?-. Al fin y al cabo, lo del balanceo es no sino parte final del proceso de walkirización, del que ya hablamos tiempo ha. Besos

Anónimo dijo...

Mira, pues ya le hemos puesto el cascabel a lo que estoy siendo yo ultimamente.....Jasdeputa!!!!!

Fdo, Chanete Palanca.

Microalgo dijo...

No esperaba menos. Esclarecedor post, Señora.

Anónimo dijo...

Pues no, no me suena, la conciéncia es como un chicle, y la manera de narrar los hechos también. Se pueden omitir palabras o hechos incómodos e inventar otros.

Anónimo dijo...

¿De verdad no os da ninguna verguenza psicoanalizaros en público y jugar a ver quién es más complejo= profundo=intelectua=guay?

Anónimo dijo...

Y a ti no te da verguenza ser "publico".....?? Busca, seguro que encuentras algo mejor que hacer con tu tiempo....Amiguete,

PD: Que me parece bien ser que seas una remora criticona de las vidas de los demas, eh?? nada que objetar, pero coño no muerdas la mano que te da de comer "intelectualmente".

Uno que no es intelectual, se llama Chano (por si te apetece charlar)y al que nunca le gustaron los "anonimos" (pero no consigue firmar de otra forma).

Fátima Vila dijo...

Jajajaja...
vamos a ver, si uno no pudiera moldear, cambiar y bricolear el mundo a través de palabras para mostrar las cosas que le pasan, le fascinan, le asustan o sueña con que ocurrieran, ¿Qué sentido tienen los libros de la estantería, los comics del baño y, si me apuras, hasta alguna publicación de información general?
Quien quiera respuestas más o menos científicas a los enigmas del ser humano que pague a un psicoterapeuta, se busque un brujo o ingrese en una secta. El que quiera seguir cotilleando, que siga en el vehículo...
Con las mismas ganas, el mismo cuadernillo negro dónde apunto movidas que me pasan y me cuentan y la misma verborrea visceral, yo, personalmente, seguiré frivolizando, digo, informando...
;-)
bsitos

Fátima Vila dijo...

Por cierto, lo que dice el Luispa me encanta... habría que hacer un subgénero que sería El Hombre Cuña, que se mete en medio pero termina dando equilibrio a la mesa coja... mmmm...
¡Qué buena idea!