jueves, 22 de marzo de 2012

Entender, confiar

Él siempre me lo dice y yo no le termino de entender. Todo va a está bien cielo, todo va estar bien. Yo no le entiendo porque en ese momento estoy cansada, o triste, o ansiosa, y le escucho pero no le oigo. O le oigo pero no le escucho, no sé... Me lo dice en mensajes de color gris que llegan a mi móvil, me lo dice también al oído porque a veces necesita romper la ambiguedad de tanto texto corto. Porque en este mundo loco en el que hemos caído es fácil creer que tenemos algo que ni tocamos, que somos algo que no sentimos, que formamos parte de algo -por inmersión o por evasión- que es humo, fruto de lo circunstancial y del azar, del capricho de algún publicista, o algún guionista con ganas moldear nuestra vida. Es fácil vivir una vida pública maravillosa y una vida íntima que es un desastre. Es fácil crear siluetas agradables y circunstaciales con las que bailar perfectos y es fácil huir de aquello que nos sacude, que nos ponen un espejo. Es fácil huir de aquellos que saben cómo saben nuestras lágrimas y, aunque las aceptan, nos la recuerdan.

Y un día te topas con esta foto y sabes que, a pesar de todo, sí que entiendes lo que él te quiere decir, lo entiendes perfectamente. Aunque tu resistencia haya querido aferrarse a modelos que no valen, que ya demostraron que no valen; aunque la resistencia de otros te machaque la cabeza y el corazón. Modelos que hablan de lo que otros eligen, exigen, para uno. Modelos que pulverizan tu cabeza, modelos que se nutren del miedo, de la vanidad o del apego. Modelos para sentirnos incompletos, o para creernos libres cuando estamos presos. 

Modelos diseñados todos para que se nos olvide que nuestro mayor enemigo está siempre dentro de nosotros mismos, vestido con nuestras mejores ropas. Alojado en ese disco duro imperturbable que son nuestras creencias, nuestras ideas, nuestros miedos, nuestras etiquetas. Esa heredada concepción del mundo en la que las cosas siempre parecen más complejas de lo que realmente son.

Estar bien. Aceptarse, reconocerse, dejarse ir. Aceptar, reconocer, dejar ir. Dejar de malgastar segundos pertrechados en esquemas que no nos valen. Amarse, amar. Aprender a acoger y también a decir adiós.
Aceptar que estamos bien, que todo va a salir bien.
Conocer cual será el final de la película y saber que, aunque no lo parezca, es lo mejor que te puede pasar.


Foto tomada en el Paseo Marítimo de Cádiz y compartida por la Biblioteca de la UCA en Facebook.

3 comentarios:

genialsiempre dijo...

Buen texto y muy constructivo, digno de recordarlo en muchas ocasiones

Jorge dijo...

Que texto más redondo! Fatimiti,y que oportuna la foto! veo que en el hablas muy bien de la fé, el amor en las relaciones y el ego,,, a mí a veces también me sueltan un no te preocupes todo esta bien, y uno se queda un poco diciendo, bueno.. todo esta bien, pero aún me sigue doliendo eso o aquello, es definitivamente ego, eso que reforzamos día a día con nuestras convicciones y miradas al espejo, no quiere ese todo a cien, el quiere imponerse y decir no, no todo esta bién.
Hace poco leí en una Autobiografía de un Yogui, la siguiente frase que decía; el hombre viene al mundo sin dinero y se va del mundo sin dinero, puede parecer simple, pero describe muy bien que venimos con esa frase del todo esta bien como pan bajo el brazo, venimos desnudos, entregados al destino por mucho que nuestros "legitimos padres" nos condicionen la experiencia de la vida.
El pensamiento racional nos induce a decir que esta bien y que no, nos hace separarnos del "todo" mientras que si aplicamos ese todo esta bien, rechazamos esa lógica del pasado que salta al futuro de forma neurotica, para entregarnos al momento presente intuitivo que es igual al infinito del aquí y el ahora.
Si sabemos observar el ego, nos puede valer de trampolín hacia uno de calidad mejorada.. Muchos muchos besitos Fati!!

Fátima Vila dijo...

Pues sí, es fácil olvidarse y muy dificil dejar a un lado la cabecita loca. La que juega por exceso o por bloqueo y nos domina. Ésa que nos condena a saltar de un lugar a otro, haciéndonos ver que las cosas tienen "una lógica" un "debe ser", "tendría que ser", "cuidado"... Al final se nos olvida que cada segundo es perfecto e irrepetible, que no vuelve. Encima los publicistas se han hecho también con los principales mensajes para vendernos cosas. Eso lo dice Fromm en varios de sus libros. Hablan del carpe diem, de la libertad, del derecho a tener o la inquietud por "ser todo lo que quieras" como algo relacionado con las cosas que ellos pueden vender: casas, viajes, trabajos, ropa, libertad y eterna juventud... y hasta personas. Y todo eso es ego, por supuesto. Al final, no sólo cuando morimos, sino también en esos momentos en los que "nos morimos un poco" estamos desnudos.