miércoles, 1 de agosto de 2007

Hombre + Proyecto + Viceversa


Entre las grandes mentiras de la vida de cada cual se cuentan un ramillete de sentencias que pertenecen al ideario colectivo. Si el cómo los padres de una se las ingeniaban para hacerle comer los higadillos o evitar que andara descalza daría para escribir un ensayo sobre fabulaciones familiares, frases como "Trabajando duro lo conseguirás", "Todos los cerdos tienen su San Martín" o "El tamaño no importa" sirven de ejemplo para ese catálogo de expresiones con las que a una le perforan la cabeza para que, ya de adulta, se gaste los cuartos en un psicoanalista que le explique que, sencillamente, todo es mentira.
Una de las expresiones más recurrentes, aderezada además con el gustillo de la ciencia matemática, es la de que el el "Orden de los factores no altera el producto", cosa harto falaz que, en el caso de las relaciones, deja curiosísimas muestras de ingeniería del cuchipandeo. [Esto es, toda clase de expresiones, frases hechas y otras beldades del lenguaje con las que un grupo de individuos aprende a distinguirse del resto creando para sí una identidad colectiva]
Últimamente el orden de los factores se antoja importantísimo cuando, en mi círculo de cuchipandeo, nos referimos a dos realidades cada vez más habituales en esta sociedad moderna de las relaciones express y el complejo peterpanesco. Me refiero al Hombre Proyecto y al Proyecto de Hombre. Dos maneras parecidas lingüísticamente pero diametralmente opuestas en lo que al objeto referido se refiere.
El primero de ellos es ese individuo que se cuela en tu vida y te la llena de planes. Esa persona un poco friki que, de repente, aterriza en tu existencia y, ante tu propio estupor, te soluciona los fines de semana de aquí a tres años, paraliza el resto de tus citas y termina proyectando una especie de vida multicolor de la que tú eres la actriz principal y él un especie de galán enamorado agradecido al mundo por haberte conocido.
El Hombre Proyecto es una especie de Guía del Ocio de carne que al principio te repele y, después, si andas con la defensas bajas y con un cierto regusto por que te mimen, termina alicatando con su decálogo de frikadas tu vida. Se le detecta por la naturalidad con la que, de repente, no utiliza otro tiempo verbal que la primera persona del plural, por su furor por presentarte a su familia, comprar un perro o, en su defecto, montar un negocio a medias para alimentar a la cohorte de retoños que, algún día, tendréis juntos.
El Hombre Proyecto es ése cuya naturaleza hiede a kilómetros aunque tú seas la única que no se da cuenta. Ése con el que tus amigos hocican porque te ven contenta. Un individuo de sonrisa profidén al que todo le parece de perlas hasta que un día, de repente, decide hacer proyectos por otro sitio.
Si una no ha conocido hasta el momento a ningún Hombre-mujer Proyecto -siento desatar las iras de los -istas de poca monta pero la incidencia de esta especie es mayor en el género masculino- el paso de un personajillo de este tipo por la vida de uno puede ser desolador. Litros de llanto y borracheras varias para lograr entender qué narices pasó con "lo nuestro" y determinar una salida viable a la cantidad de fines de semana que, de repente, se te quedaron cojos.
Lo del Proyecto de Hombre es otra historia. Tiene que ver con la madurez tardía, la salida del regazo materno y la inicapacidad de ciertos individuos para enfrentarse a esa amalgama de facturas y lavadoras por poner que es irremediablemente la vida. Es ese hombre-mujer -aquí la cosa se va igualando- que uno sabe que terminará mereciendo la pena pero que anda... ¿Cómo decirlo? Un poco verde.
El Proyecto de Hombre -permitidme -istas del mundo que me refiera mi género reflexivo- es ése que una cree que conoce demasiado pronto. Un individuo de aparente buena pasta, que bien podría algún día arrebatarte el corazón si no fuera porque aún no practicas el canibalismo y lo de dar hervores ajenos te parece fuera de tus competencias. Del Proyecto de Hombre una se despide con un saborcillo agridulce en los labios. Si tienes suerte, y no vuelves a verlo, su imagen -difuminada en la amalgama de recuerdos de tu mollera- se convierte en un altar recurrente al que regresar cuando el novio de turno la caga mortal. "Ay... con zutanito de tal hubiera sido diferente". Como los amores platónicos, el proyecto de hombre puede instalarse en tu catálogo de personajes de ficción y servir de requiebro eterno. En estos casos, resulta útil.
No obstante, en la mayoría de las ocasiones y para pena de tu imaginación, el Hombre Proyecto continúa apareciendo en tu vida de vez en cuando, confundiéndote algunas veces, decepcionándote otras tantas, hasta comprobar que, una vez más que después de soportarle la enésima perorata sobre el sentido de la vida o el funcionamiento de su PSP, lo tuyo era una exagerada confianza en el ser humano.
Finalmente, y como bien señala mi amigo Pablo -defensor de la inexistencia biológica de la diferencia sexual y tamiz crítico de este tipo de teorías- a esta amalgama de expresiones podría unirse la de Proyecto Hombre, asociación de ayuda a los toxicómanos que, en ciertos individuos, constituye la tríada magnífica del lenguaje.
Si chocas con uno que aglutine las tres puntas, te llevaste el Bingo.

Dialéctica bucal

–¿A qué te dedicas?
–Soy proyector.
–¿De cine?
–No, de mi vida.

martes, 31 de julio de 2007

Prácticas de Riesgo


Como tengo la cuenta granate y las vacaciones secas, este año voluntaria y placenteramente -por nones- me he apuntado a la saludable moda de pasear los atardeceres. Leica y yo, prometedoras representantes del militarismo femenino local, acompañadas de otros amigos, tan dignamente pobres como nosotras, alargamos la salida vespertina para recorrer -de aquí para allá, de allá para aquí- las tres avenidas paseables de la capital. Un deporte fino y moderno donde los haya que este año, en su edición 2007, con la inclemencia de la canícula y el sopor estival, en mitad de un año de amenazante sequía, se enriquece con el regusto aventurero de las prácticas de riesgo.

Y es que lo que mi menesterosa pandilla desconocía es que para recorrer ciertas arterías de la ciudad va haciendo falta una visitilla al Centro de Enfermedades Raras del Ministerio de Sanidad. Ése que coloca las vacunas cuando uno, en su fiebre turística por jugarse la vida, se planta en un país donde las bacterias y los virus llevan corbata y carnet de identidad. Un par de inyecciones y una buena mascarilla están empezando a hacer falta para atajar las caminatas de la Peña Menestora de la Andadora Disciplinar. Sobre todo si tenemos en cuenta que algunos adoquines de ciertas avenidas de nuevo cuño han visto menos el agua que el supuesto búnker de Gibraltar.

Que el despilfarro de H2O no es un defecto municipal está más claro que el Beefeter -es por no repetir-. También que el paisaje de hedores de las calles gaditanas empieza a ser más típico que las ortiguillas.

Humildemente, una se conforma con buscar el riesgo -si la Visa lo permite- en los paquetes de aventura de alguna agencia de viajes local. Para casa le va más lo del paseo tranquilo y el fresquito en la cara. Claro que ésta, si se puede, sin mascarilla.

Publicado en La Voz de Cádiz martes 31 de julio

lunes, 30 de julio de 2007

sábado, 28 de julio de 2007

Melodía de la semana

Sugerencia de Tamara para la superación de las crisis de ansiedad que azotan a los individuos-as circundantes:
-Es que lo pienso...
-Pues no pienses, no sufras... Tú haz como Las Grecas.
Impagable.

martes, 24 de julio de 2007

Oteadores del buen gusto


Acérrima enemiga de las frases demagógicas, de ésas que cierran las conversaciones con «hay que dejar que cada uno piense lo que quiera», «cada cuál es como es» y mil y una formas de acabar con los debates -práctica de la dialéctica verbal benditamente desestresante para los culos inquietos-, hago hoy de mi capa un sayo -esto es, me muerdo la lengua otra vez--para calzarme una tipiquísima sentencia que, en esta ocasión, me viene de perlas.

«El libro de los gustos tiene las hojas en blanco». Fátima dixit, después de que muchos otros seres humanos dixit a lo largo y ancho de la vasta historia de la demagogia intelectual. Fátima dixit porque la polémica portada de la semana pasada parece haber desperezado las narices de los oteadores del buen gusto. El buen gusto, así, por las buenas, tipificado y hecho carne como si de una pechuga de pollo se tratara.

Y es que a ante un porrazo del poder -decretazo, secuestrazo y otros muchos palabros posibles- las mentes neutras, ésas que no se mojan ni un día de bochorno en la Caleta, adoran eso de subirse al carro de «no hay que ser tan ordinario».

Los límites de la zafiedad, señores, no seré yo quien los ponga. No en mitad de un quiosco reventado de portadas del colorín, hembras flacas como arañazos y pseudomachotes inflados de hormonas al servicio de la pornografía física y mental. Y como, gracias a Dios, cada uno compra lo que quiere sin un bazuca en la frente, desde mi humilde sitio apenas pido que se llamen las cosas por su nombre.

El límite de lo soez es tan personal como la cochura de las lentejas, tan abierto como uno lo quiera imaginar, y mandar a retirar una revista -considérela usted hortera, bellísima o vulgar- se llama censura y, eso, tiene poco sobre lo que polemizar.

Publicado en La Voz de Cádiz el martes 24 de julio de 2007

lunes, 23 de julio de 2007

Conjugación de la semana

Yo somatizo
Tú somatizas
Él somatiza...

Memorias de verano


A veces, normalmente en día libre, después de un día de playa y recién duchadita, me sacuden recuerdos bisagra entre la buena vida y la vida real. Memorias que separan la plácida existencia de ésa otra que empieza cuando, sin que te des cuenta, se acaban los exámenes chorras y aparecen los difíciles, cuando las decisiones cuentan y comienza a ser más difícil echarse para atrás. Debe ser por la savia playera que a una gaditana le corre como linfa por el cuerpo, que en mi caso la nostalgia suele latir al compás de las ultimas horas de una tarde de verano, cuando la luz vira a amarilla y en las terrazas huele a caballa con piriñaca y, un poco antes, a caracoles.

Son los recuerdos del aftersun Ecran, de una amiga que siempre llena de arena el salón de tu casa, de tu madre que le riñe, del gel de olor a frutas y del cine de verano. Al que había que llegar prontito para pillar las mesas del fondo, como si estuvieras en casa, en un salón propio donde hartarse de pipas y beber coca cola. «Nena, píllate algo de abrigo que vamos al Brunete», oyes gritar a tu madre, supermorena de todo el día de playa.

A veces, normalmente en día libre, pillo a mi perra para dar un paseo por los aledaños de aquella salita de lujo que un día, como en un expolio, me arrebataron. Construyen pisos. Qué sorpresa. Ahora, de vez en cuando, ponen una pantalla en la playa. Con el super éxito del momento. Buagh... Ni te acercas... Fábulas con esa especulación constructiva, temporal y afectiva que cambia tu mundo y te transforma a ti misma, robando un poco de tu vida, confundiendo las existencias. Hay cosas curiosas en este gira y gira. Recuerdas tu bautizo en las frescas butacas de García de Sola, la historia un hombre que asiste absorto a que otro le robe su vida. Sonríes y recuerdas a Totó, a Totó, el héroe.

Publicado en La Voz de Cádiz el martes 17 de julio de 2007

jueves, 19 de julio de 2007

El rincón


Él: Te tengo clavada en mis pensamientos.
Ella: Ya. Por favor, no reflexiones mucho. Se está muy apretada aquí dentro.
Y allí, buceando pesadamente entre la masa encefálica, mientras acariciaba recuerdos infantiles y cauterizaba instantes de miedo, decidió quedarse para siempre. Parada entre las brumas de una tarde de merienda y la tabla de multiplicar del cinco. Adormilada, cálidamente, en ese lugar tierno dónde habitan los versos libres, las cosquillas y las misivas a los Reyes Magos. En el lugar exacto en el que, socializado y hecho carne pensante, cada ser humano guarda, sin saberlo, el tacto húmedo de la primera piel estremecida.

Frases célebres

María: "Joder nena, habla con propiedad. No es cabezona, es anoréxica".

lunes, 16 de julio de 2007

Relax vacacional


Te levantas a las siete de la mañana y corres como una gacela hacia el salón del buffet. Hay que adaptarse al horario europeo y estos hoteles de saldo están llenos de hambrientos jubilados germanos listos para arrebatarte los huevos revueltos. Calzada con la ropa cómoda que recién estrenas porque tú no usas esas cosas, agarras la pesada mochila con botellas rellenas de agua -en ciertos países del extranjero el H2O es más caro que el platino- para lanzarte a las tórridas calles a devorar datos, kilómetros de marcha.

Sobas y resobas la malhadada guía que se ha convertido en tu texto sagrado, subrayas lugares, priorizas visitas y juegas a la ruleta rusa con los nombres que no entiendes, con sitios chorras que en tu ciudad no pisarías ni por dinero. Bueno, sí, sólo por dinero.

Convertida en una experta del patrimonio local, comprobando que aún te queda impudor como para pedir la cena en inglés y saboreando como cava el éxito de una construcción sintáctica, te acostumbras a dormir una media de cuatro horas, cargar dos veces al día la cámara de fotos y todavía tener fuerzas para susurrarle a tu amiga... «Qué relax eso de no llevar el móvil encima».

Recién bautizada como «una experta en la decodificación de mapas», con lo que a ti te cuesta eso, a ti y a tu deslocalización, consigues aplicar los cambios justo el día que cambias la frontera pero, no importa, después de tres circuitos eres la experta del menudeo. Nunca te quedas con calderilla y es, casi, imposible que te timen. Un crack.

Al regreso, más flaca, con más ojeras y una inexplicable sonrisa de boba en la cara, te cruzas con la vecina en la escalera: «Hija... pero qué malita cara tienes... ¿Te queda mucho para coger las vacaciones?». «No... si ya las gasté». Glups.

Publicado en La Voz de Cádiz el martes 10 de julio de 2007

domingo, 15 de julio de 2007

Mi momento

Extraordinaria, casuística, amorosa y felizmente yo estuve allí.

La playa, el territorio y el café


Consustancial a los seres humanos, los grandes simios y otras criaturas de dios, el instinto de territorialidad es esa tendencia animal a querer dominar una área, a hacernos un sitio propio a base de dejar nuestros tiestos, arrasar al enemigo o perfumar con meadas. En mitad del tórrido verano, superviviendo como se puede frente al calor implacable y la falta de espacio, en Cádiz, ya en los incipientes días de julio, la preciada franja de arena que bordea el océano se convierte, según las mareas, en todo un tablero de estrategia bélica.
La táctica es llegar el primero, plantar la bandera, digo, la sombrilla, e ir extendiéndose paulatina y sibilinamente, sin que el enemigo te vea. Poco a poco. Primero la bolsa, después la toalla, suavemente la nevera... Tu pequeño mundo se extiende por la rubia arena y tú, feliz, te sientes reina de la morería. «Hoy hemos triunfado», suspiras.
Tiene la territorialidad, como otras costumbres antropológicas y sociales –véase la Declaración de la Renta o el alquiler de pisos–, una acusada inclinación a desproteger a los débiles en favor de la gran manada. Ésa que coloniza a golpe de sombrillas, mesas, hinchables y gastronomía infinitamente más trabajada. Puritica ley del más fuerte que, de repente, te descubre invadida, cercada por un sobaco que no es el tuyo, por una conversación ajena y un pestilente y a destiempo olor a tortilla.
Es entonces cuando, frente a tu indignación que galopa, triunfa el instinto de adaptación del ejemplar más listo. «Calla, nena, que te van a escuchar quejarte». «Es que me han puesto un pie en la cara...». «Tú calla, calla... Traen de todo, ¿no lo ves?" «Para no verlo, si tengo una de sus chanclas en la garganta». «Chiss... verás cómo no te molestan tanto cuando nos inviten a café...».

Publicado en La Voz de Cádiz el martes 3 de julio de 2007

sábado, 30 de junio de 2007

Melodía de la semana

A veces hacen falta cuatro botellas de vino y un montón de mujeres desconocidas con ganas de conocerse. A veces hace falta caerse, recaerse, levantarse, quedarse sentada y volverse a levantar para aprender que en el fondo uno es más dueño de su destino de lo que parece. A veces, después de una buena comida y de un millón de palabras, uno termina reverenciando al refranero español que tanta veces susurra "Cada uno tiene lo que se merece".
Y se sabe que cuesta eso de sacudirse el yugo del quebuenosoy y hayqueverlomalquemetratalavida para mirarse el ombligo -de verdad y sin pelusas– y exponerse a lo que nos buscamos nosotros mismos. Porque uno es feliz sólo si le da la gana, ama si se deja entrar y vive sólo si no tiene miedo a llorar, da algo de rabia tener que cumplir años para aprender eso que en casa, si tienes suerte, te han dicho desde que eras niña.
Es la historia de siempre y, al final, todos terminamos expurgando razones y cambiando de bando para darnos cuenta de que, después de todas las vueltas, de todos los kilómetros, de los amores, halagos y todas las cualesquiera cosas que creíamos nos ponían contentos, somos nosotros quienes, entre el punto chi y el agujero del cordón umbilical, tenemos la llave de esa cosa placentera, repanchinaga y plácida que llamamos felicidad.
Por eso a veces, en mitad de un barco que al ritmo de Volare cruza el Danuvio, te descubres dando gracias a eso que un amigo llama el Demiurgo. Regalando una lagrimilla de emoción en honor a las papillas de buena calidad, a las riñas a tiempo, a la intuición y a ese saber elegir que todavía no sabes en qué tómbola cósmica te ganaste.
A veces hacen falta cuatro botellas de vino y un montón de mujeres con ganas crecer para agradecerle al Demiurgo el que la tuya sea pasta ultrasensible, fotofóbica y algo reactiva pero bendecidamente resistente, cálida y empeñada en ser feliz.
Chicas, esto va por vosotras...

Eso que llevas ahí

Lo importante no es llegar
Lo importante es el camino
Yo no busco la verdad
Sólo se que hay un destino

Y eso que llevas en tu corazón
Y eso que llevas ahí
Y eso que llevas en tu corazón
Quizás también te hará reír

Lo importante es amar
Tan inmenso es el abismo
Lo importante es desear
Y no ser un muerto-vivo

Cabalgué sólo en la oscuridad
De las crinas de un caballo malo
Te di amor hasta el fondo del mar
Y lloré entre las flores de Mayo

Sólo una oportunidad
Sólo hay un solo tiro
Yo nací en una ciudad
De allí también son mis hijos

Y eso que espera en tu corazón
Y eso que espera salir
Y eso que espera en tu corazón
Tal vez un día te hará feliz

Conocí una muchacha de miel
Con aceros reforzó la casa
No dejó entrar a nadie después
Sin querer me devolvió mi alma

Lo importante no es quedar
Que todo pende de un hilo
Lo importante somos vos y yo
Y el amor que construimos

Y eso que llevas en tu corazón
Y eso que espera salir
Y eso que sangra en tu corazón
Confiá también te hará feliz

Fito Paez

jueves, 28 de junio de 2007

Frases célebres

María: "Tía, hay que probarlo... Si no te has acostado con una tía no eres nada moderna".

miércoles, 27 de junio de 2007

El módulo profanado


La alarma ya ha saltado y el rumor echado a correr. Una anda medio en pijama -calcetines con chanclas y pelo anudado en una cola- cuando el reality del momento te pega un cosquis en el cogote. Frente a tu mismísima cara, distorsionada por la mala calidad de la tecnología aún macarrónica, pero suficientemente reconocible como para que te des cuenta, ves la característica ducha pintada de rojo, la silla de plástico en la puerta de la pared a rayas, la maruja al fondo sacudiéndose la arena. «Joder, es mi módulo». Allí en mitad de la televisión nacional, como si alguien te hubiera robado para siempre la intimidad de tu sitio de recreo, te sientes morir ante la pantalla. Una chica en topless se enjuaga en las duchas públicas de tu playa -TU playa- ante el objetivo indiscreto de un móvil o cámara oculto.
«Es el colmo», repites sabiendo que a partir de ahora tus tetas -TUS tetas- pueden ser de dominio público por arte y gracia de la represión y el cutrerio patrios Porque, vamos a ver, en pleno siglo XXI, en un país que se dice desarrollado, ¿todavía hace tanto lo de espiar sin permiso unas mamas que además se muestran en toda su imperfección? ¿O es que resulta que con tanta prótesis de soja y tanta simetría se echa de menos la disimilitud de los pechos de veras?
Mientras tus compañeros rompen a reír ante el panorama, tú lamentas haber nacido en un lugar tan ridículamente sexuado. Resoplas ante la profanación de tu rincón playero y te vas haciendo a la idea de que este año, para broncearte, tendrás que pillar el coche. Una puede soportar el voyerismo en directo pero convertirte en streaper sin encima ver un duro es el colmo.

Publicado en La Voz de Cádiz el martes 27 de junio

lunes, 25 de junio de 2007

De nervios y vocación


Hay días para borrar del calendario. Hay conjunciones capaces de hacer que 24 horas de tu existencia se conviertan en una pesadilla con monstruos incluidos bajo la cama. El teléfono te revienta, te azotan los compromisos y serías capaz de vender tu alma a Lidia Lozano con tal de sumar 180 minutos más a la jornada para seguir sufriendo, pero sin estrés.

Para los individuos hipersensibles la cosa se salda con un incómodo grano en la barbilla, una taquicardia galopante y una sensación paralizante de no poder más. A algunos, en versiones epiteliales, les sacude la dermatitis, a otros la infección de las mucosas y las incómodas llagas. En esos momentos, en los que la pastillita bicolor late sin freno al fondo de tu bolso, en los que el ansiolítico parece ser la única solución, ocurre que puedes toparte con un buen amigo. Tener la suerte de verte reflejado en sus ojos de perro viejo, tranquilo que no manso, siempre con la mano tendida para la confianza. A veces una parada a tiempo aplaca el alma y recoloca las cosas.

Son los casos en los que vuelves a charlar con un reportero de sangre y gasolina, con un conocedor de millas de información, con un lobo de la noticia del que siempre fuiste cómplice. Él te refresca que la literatura es un refugio -¿cómo es que casi se te olvida?-, que el mundo tiene más aristas de lo que parece, que un día tú también saliste con los dientes apretados en busca de una noticia. Recuerdas entonces tu primera firma a los veinte años, tus entrevistas, tus contactos, tus amigos y esa encantadora sensación de ser siempre un aprendiz. Te das cuenta entonces de que al margen de todas las movidas, liberada del teléfono infame, de la catarata de compromisos, tranquila y liviana sin tocar el suelo, difícilmente serías feliz.

Publicado en La Voz de Cádiz el martes 19 de junio

viernes, 15 de junio de 2007

Melodía de la semana

Me voy. Reventada, estresada, inexplicable y explicablemente nerviosa. Cansada de no poder estar cansada, cansada de estarlo, y de desarlo. Muriendo por sentarme esta noche en el incómodo asiento de un autobús y dejar la masa encefálica en Cádiz.
Por favor, que nadie me llame si no es por algo verdadera y absolutamente frívolo.

Me voy pero a lo grande... con el maestro de maestros...
Franco, Franco, Franco!!!!!

El rouge adictivo

Que el mayor de los sufrimientos puede ceder de la mano de un rouge de labios es una realidad extrañamente comprensible para ciertos individuos. Y digo -viduos, en neutro, porque la cesión a la máscara de pestañas, las medias de seda o los tacones de aguja, es una debilidad ridículamente achacable a los géneros aunque alguno se sienta morir leyendo tal aserto. Y es que que los varones hayan andado por el pasado siglo -más atrás la cosa fluctúa- sin sucumbir a los polvos translúcidos y el colorete, no les libra de la cesión futura a la cosmética ni a la estética. Dos realidades terminadas en -ética, mira por dónde, a las que parecen aproximarse de manera galopante si atendemos a las nuevas líneas pour homme puestas en marcha por las principales firmas del sector. También si nos diéramos un paseo por los secretos de ciertos dormitorios masculinos. Detrás de los muy machos, de los extrañamente agresivos. A alguno le levantará el estómago eso de imaginar a su compañero de farras con los ojos como Farah Diva, aunque señores, háganse a la idea, el köhl no es patrimonio femenino.

Esta servidora, en su peligroso equilibrio de contradicciones, todavía no se ve de la mano de un tipo más pinturreado que ella, aunque quién sabe... Por ahora me quedo más con los defensores de la cada lavada capaces de apreciar cómo brillan, relucen y se ensanchan tus pupilas frente a un rouge allure satiné del 18.

«No me puedo creer que sea tan importante», te dicen mientras contemplas, como extasiada, el pequeño artilugio negro y dorado con el que te han salvado el día. «Mejor cariño, éste, como todos, es un placer adictivo».

Publicado en La Voz de Cádiz el 12 de junio de 2007

domingo, 10 de junio de 2007

La limpieza


Aquella tarde tenía tanto trabajo pendiente que fue rebuscando excusas hasta encontrarlo de frente. Desordenado, caótico, lleno de frascos superpuestos, repetidos, caducados y polvorientos. Se había acostumbrado a dejarlo pasar más intrigada en otras cosas. Tan sencillo como tirar de la puerta corredera y ya. El marasmo del armario desaparecía. De ahí la sorpresa al encontrarlo allí, acodado entre el esmalte de uñas y un bote de laca vacío al que siempre recurría minutos antes de salir de cena, cuando el supermercado estaba cerrado y ya era demasiado tarde. Vestía camisa de cuadros y un pantaloncito a rayas, nada conjuntado, por cierto.
–¿Quien eres?
–¿Y tú?
–¿Yo?– esperó unos segundos aturdida antes de elaborar la respuesta– Vivo aquí.
–Y yo.
–Pero yo... soy la dueña de la casa. Vivo aquí siempre.
–Y yo del armario, estaba desocupado- le explicó como si tal cosa mientras recolocaba, pesadamente, un sacapuntas viejo que se había desplazado en la limpieza– Perdona, me sirve de mesa, lo has desplazado con tus movidas.
Antes de lanzar un suspiro, entre asustado y expectante, Mara reconoció la legitimidad de la sentencia. Un ocupa, simplemente, entre los peines viejos, las compresas y los cepillos de dientes.
Antes de salir, rescató de la basura un bote de body milk que hacía las veces de pilastra y, tras colocarlo, corrió con cuidado la puerta de aluminio. Claramente, era demasiado tarde para arreglar el armario del baño.
Ahora, de vez en cuando, en los domingos de tedio y fútbol en la tele, se pregunta si seguirá ahí el hombrecillo demodé. Intuye que es uraño pero de corazón noble. No quiere comunicarse pero, en los momentos de urgencia, cuando acude desesperada con el moño deshilachado y el vestido a medio abrochar, siempre encuentra, delante del inexpugnable caos de la balda, dispuestas como si del tocador de una novia se tratara, un ramillete de horquillas.

miércoles, 6 de junio de 2007

Melodía de la semana

¿Quién dice nada de miedo?


Abre el mundo ante tus pies
abre todo sin querer
abre el zen, la vanidad
abre la profundidad
abren sexos en tu piel
abren cofres si querés
abre el fuego si cantás
abre el mundo una vez más
abre el roce y el amor
se abren paso entre tú y yo
abre el miedo y el dolor
abrís todo
y entro yo

Abre un cuerpo, se abre el sol
abre dar también perdón
abre verse en realidad
abre gritar de verdad

Abre el rito de la fe
abre el riesgo de perder
se abre sólo mi ataúd
abre el plexo en una cruz
abre drogas, abre amar
abre besos, abre andar
abre hablar, abre callar
abre el pulso del lugar
abre hacer e imaginar
abre nunca interpretar
abre toda sensación
abre música y color
abre el fin de la razón
abre el cielo y el terror
abre un poco de piedad
abre toda inmensidad
se abre el mundo ante tus pies
abre todo sin querer

Abre al fin la vanidad
abre la profundidad
abren sexos en tu piel
abre un cofre si querés
abre el fuego si cantás
abre el mundo una vez más.

Fito Páez

martes, 5 de junio de 2007

Feminismo y adoquines


Me ha costado muchas visitas al zapatero, muchas amargas caídas, desgarbados tropezones rostro al frente, darme cuenta, por fin y clarividente, de que Teófila Martínez es feminista. Una anda muy en otras cosas, demasiado volcada en historiasparanodormir como para reflexionar sobre minucias de su urbanismo, aunque éste, de vez en cuando, le amenace los colmillos.

Mujer moderna, no hay más que verla, nuestra alcaldesa se ha propuesto, lleva años proponiéndose, liberar a las féminas del pesado yugo de los tacones. Lo hace con cuita, como hay que hacerlo, sin imponerlo por la fuerza. Planteando minúsculas trampas contra el tacón de aguja tan imperceptibles que una, si no está pendiente, puede tardar años en detectar. Es este mi caso.

Instrumento de sumisión al servicio de la dominación masculina -no lo digo yo, lo dice Pierre Bordieu-, el tacón, esa prenda adorable que nos vuelve más delgadas y elegantes, no hace, como bien señalaba el filósofo, sino mantenernos incómodas, en equilibrio, frente al varón. Nos pone, de nuevo, aparentemente guapas pero, en la práctica, heridas. De rozaduras, de callitos, de quemazón.

Compañeras de penas ambas las dos, miembros de ese club doliente del hallux valgo, de las hormas anchas, de los zapatos bajos, Yo todavía -debe ser porfía de la edad- me enfrento de vez en cuando a mi propia anatomía.

Es entonces cuando me encuentro las trampitas. Esos brillantes adoquines de granito que todas hemos maldecido alguna vez. Pum, plaf, pum... Subida de calor y repeine del flequillo. «Nada, nada, estoy bien... el dichoso suelo éste», mascullas. Luego sueltas una risa nerviosa, azorada del tropezón, y reconoces que lo de esta mujer es estrategia. Esa tarde te calzas las converse y los taconcitos... al arcón.

Publicado en La Voz de Cádiz el 5 de junio de 2007

viernes, 1 de junio de 2007

Melodía de la semana

No es la típica aria magnífica que todos saben tararear pero es mi preferida. Pequeña y sin grandes alardes, breve y coqueta, a menudo descuidada y fuera de los repertorios.
Ya he dicho alguna vez que no quisiera ser la protagonista de mi ópera favorita. No tengo ningún interés por los amores imposibles y el azote del bacilo de koch... Me van más las historias sencillas, jugar quizás a los desdenes, dramatizar un poco y, luego, firmar con letras doradas el papel secundario de un final feliz...

Dice mi rubia que soy más coqueta que Musetta, ustedes juzgarán...



Quando m´en vo soletta per la via,
La gente sosta e mira
E la bellezza mia tutta ricerca in me
Da capo a pie'...

Ed assaporo allor la bramosia
Sottil, che da gli occhi traspira
E dai palesi vezzi intender sa
Alle occulte beltà.
Così l'effluvio del desìo
tutta m'aggira,
Felice mi fa!

E tu che sai, che memori e ti struggi
Da me tanto rifuggi?
So ben:
le angoscie tue non le vuoi dir,
Ma ti senti morir!

Cuando camino sola por la calle,
la gente se para y me mira
y todos admiran
mi belleza
de la cabeza a los pies...

Y saboreo, entonces, ese sutil anhelo
que brilla en sus ojos
y la suave evidencia de mostrar
la oculta belleza.

Así, la esencia del deseo,
toda me envuelve,
y me siento feliz, ¡Liviana y feliz!...

Y tú, que conoces, que recuerdas
y te abrasas, ¿Tanto huyes de mi?
Lo sé bien:
no vas a demostrar
tu angustia,
¡Pero te sientes morir!


Quando m´en vo. Aria de Musetta. La Bohéme. II Acto.
Giacomo Puccini

miércoles, 30 de mayo de 2007

El peaje


-Tengo un problema.
-Date prisa, me quedan diez llamadas para antes de las seis.
-No puedo escucharlos.
-Ya, lo has intentado otra vez. Bueno, esto pasa siempre, hazte a la idea, los perdiste...
-Pero no puedo prescindir de ellos.
-Pues tendrás que hacerlo.
-No entiendo, ¿cómo puede ocurrirme? Si está cerrado...
-Ya.
-Y hacía años que no los oía...
-Ya.
-No me lo puedo creer.
-Cariño, escucha a Albert Pla, es más divertido.
Vuelves a tu mesa con un mohín y el corazón en un puño. Cierras, casi con miedo, el vídeo de You Tube que llevabas meses buscando. Bebes agua y suspiras cabreada. El cerebro tiene mecanismos extraños, recovecos oscuros dónde se esconde el ser que fuiste hace diez, cinco, quince años. Lugares en sombra cuya existencia desconoces, espacios sin nombre que un día, una melodía, tocada por un loco en mitad de una terraza, expone a la luz de tu vida nueva. Entonces, vuelven emociones de las que ya no te acordabas, caras que ya no existen, imágenes que te estrujan el corazón y te llenan de vértigo.
Regresas cabezota hasta su mesa.
-Pero no quiero escuchar a Pla, los quiero a ellos.
-Lo siento, bonita, es el peaje que hay que pagar...
-Mierda.
Piensas, entonces, que la vida tiene paradojas absurdas. Extraños códigos para sobrevivir. Pasan las personas, los lugares, las emociones. Desactivados, diluidos en el tiempo, la muerte, el desamor. Podemos olvidar un romance, un amigo o un amante... Somos vencidos, desangrados, por los primeros acordes de una canción.

Revelación

Ayer Dios me mandó esto...

martes, 29 de mayo de 2007

Frases célebres

Anabel: "No creo que vaya esta noche... Aunque te prometo que algún día iré. Te lo juro por mis Manolo's (que un día tendré)".

Cuestión de estilo


Es color crema, con rayas y un lazo negro bajo el pecho, coronando el corte imperio. El traje de la discordia, el que ocupa las galerías fotográficas de los periódicos digitales, se ha hecho célebre por lo tremendo de la faena. Jane Fonda, la grande, la fantástica, la que sabe convivir con las arrugas y ser, todavía, una envidia de mujer; asistía a Cannes, a entregar la Palma de Oro, con el mismo trajecito que Anne Consigny, actriz francesa que unos días antes se había calzado el modelito para la presentación de una película.
Además de en la brutal colleja que le acaba de caer al responsable de RRPP de la actriz, el suceso me ha hecho pensar en los cientos de casos en los que, sin que a ningún personal assistant le llueva un despido, hacemos el pavo en escenas similares.
La globalización fordista, la masificación de productos, la vida moderna, hace que nada sea nuestro del todo. Ni los trabajos, ni las casas, ni los amores, ni, por supuesto, los patrones. La clave está en asumirlo con clase y, a falta de otra opción, con buen humor.
Hace unos años, en una boda, una gran mujer que conozco se topó con tres vestidos idénticos al suyo. Acostumbrada a ir contracorriente en más de un asunto que las féminas perdonan con dificultad, se pasó toda la noche de mesa en mesa, localizando a las de su tribu para una foto. Una pija remilgada que también había caído en la trampa la huyó hasta esconderse, sola, en un rincón. Tengo grandes recuerdos de aquella noche. En ninguno aparece la rubia horrorizada y sí las otras tres, muertas de risa.
Saber nuestro lugar en el mundo, conocer de qué va el juego y reír a tiempo siempre ha sido una buena muestra de estilo, de personalidad y buen gusto. Es algo que me enseñaron en casa y vi claro aquella vez. Aunque dudo que al asistente, esta humilde reflexión -pequeña, lejana y a destiempo- le salve el pellejo.

Publicado en La Voz de Cádiz el 29 de mayo de 2007

domingo, 27 de mayo de 2007

La promesa


-Mamá no te vayas.
-No cariño. Estaré aquí toda la noche. Verás que no vuelves a tener miedo. Mamá pelea con la oscuridad hasta que te hagas valiente.
El niño sonrió vencido por el sueño y cayó dormido mientras su madre le deslizaba la mano por la frente, sudada y ardiendo. A los pocos segundos, la mujer comprobó el ritmo de su respiración y apagó suavemente la luz de la mesita antes de salir del cuarto.
Mientras recorría el pasillo hacia la sala de estar, oyendo al fondo el run run de la televisión, las voces acompasadas del reality del momento, se dio cuenta que allí, sin planteárselo, hacía apenas unos minutos, le había contado la primera mentira.

sábado, 26 de mayo de 2007

Bienvenido a casa


Hace 17 horas, al teléfono...
-Choni, tengo un regalo para tí...
-No me digas lo que es.
-Es para el baño.
-Mmmmm... ¿Huele a coco?
-No.
-Mmmmm... ¿Hace espuma?
-No.
-Mmmmm... ¿Es un pato de goma?
-....Mmmmmm... No.
Pero lo era. Se llama Felipe, como el santo del día, hace cuack cuando nota humedad y se une a la vasta familia de esta casa en la que ningún cachivache es inservible...