miércoles, 6 de abril de 2011

El puzzle incompleto: mujeres del 27

Pepa Merlo (Granada, 1969) fantasea con encontrar un día una voz desconocida al otro lado del teléfono. Con contestar a la llamada de un número que no conoce. Un número de un móvil, tal vez un número extranjero, unas cifras que le acerquen la voz de alguien que tiene algo que contarle. Desde que hace casi un año rescatara para la Colección Vandalia los versos de un puñado de poetisas sesgadas, sonríe de medio lado y entorna los ojos cuando habla de su deseo. De esa llamada de una hija o de una nieta, de esa llamada capaz de arrojarle una nueva pista para seguir desenmarañando el hilo de un pasado injustamente perdido. Peces en la tierra (Fundación José Manuel Lara, 2010), es una pieza extraña a medio camino entre el sueño y la cabezonería, una antología necesaria que el tiempo y la costumbre hubieran silenciado si esta escritora granadina no hubiera convertido en propia esta lucha contra el olvido. Sigue leyendo en Revista de Letras

+ debilidades que tiene una...

Hay quien se acuerda de que, antes que nada, quise ser sirena... La verdad, para los problemas que me han dado las patas...


lunes, 4 de abril de 2011

domingo, 3 de abril de 2011

Escenas de amor e higiene

Chica vuelve a casa después del trabajo. Chico que espera con una tremenda sonrisa en los labios.

-Tengo una sorpresa para ti.
-Ah... Siiii???
-Sí, he hecho limpieza de toda la casa...
-Mmmmm...

[Para la Pragmática quedan diversas escenas típicas de la convivencia en pareja y los universos confrontados de la experiencia propia y ajena. Véase, Fricciones a causa de los umbrales de tolerancia a la suciedad y el desorden y/o Complejos de culpa heredados por madres competitivas, escamondadas y perfeccionistas]

-Y una cosa más.
-¿Siiiii?
-He limpiado en un sitio en el que seguro, seguro que tu madre no ha limpiado nunca.

[véase nota anterior]

-Bueno, cariño, no te precipites. Es difícil que encuentres un sitio en el que mi madre no haya limpiado nunca...
-Prueba!!
-A ver... No sé, sorpréndeme.
-He limpiado los enchufes!!! He mojado una bayeta con detergente y le he dado a todos los enchufes. Uno por uno!! ¿Qué? ¿Qué me dices?
-Compañero... Mi madre desmonta los enchufes, los sumerge en un barreño con agua caliente y lejía, los seca y los vuelve a poner. Un par de veces al año.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Cosas buenas

Esta mañana, lentita, pero encantada, debe ser por mi cojera pero tooodo me recuerda a la dificultad de movimiento, he disfrutado de la primera crítica en prensa de La estrella invitada en el Diario de Cádiz. Pronto el libro cumplirá un añito pero eso quiere decir que sigue vivito y que aún hay gente que se lo encuentra, lo lee y tiene a bien darle un empujón.
Muchas gracias a PiliB por su letras. Y ya que me pongo, sigo esperando de ella que algún día nos cuente la teoría de los colores de este libro. Mola mogollón.

Fútbol, penaltis y tarjetas

Javi dice que las relaciones son como el fútbol. Sólo importa, a efectos de sanción, lo que uno hace a conciencia, con todos sus sentidos. Si, por accidente, cosas del destino o la gravedad, uno agarra al contrario, el árbitro no tiene porqué pitar penalti. Otra cosa es que uno se abalance de forma intencionada y, a sabiendas, le ponga la mano encima. ¿Tú crees que lo hizo a posta?, se pregunta, me pregunta. Javi habla muy seguro, suele hacerlo cuando expresa una de sus rumiadas teorías sobre la vida, el mundo y sus habitantes, mientras agarra la taza de té de Mickey que -no sé si se ha dado cuenta- chirría violentamente con esa voz suya salida de alguna oscura caverna. Entonces sonrío porque, a veces, cuando se está nervioso, se necesita llorar o reír y, a veces, cuando se está nervioso, una cosa no está demasiado lejos de la otra.

Hacer un penalti involuntario. Y bueno, supongo que aquí habría que dejar un espacio merecido a la asociación inevitable de ideas: jaja, un penalti involuntario, pues haberte puesto un condón. Bromas facilonas aparte, en las relaciones, en todas, solemos agarrar en algún momento la camiseta del contrario, impedir su movimiento, rebelarnos. Bromas facilonas aparte, todos, alguna vez, recibimos el empujón -una mano voluntaria o involuntaria- que nos tumba. Varias palabras que unidas se vuelven desagradables. Una voz por encima del tono habitual. Una mirada que nos turba. Una debilidad expuesta sobre el tapete. Una espalda justo en el momento en que tienes la mano tendida. Alguien que, junto a su entrenador o no, se ha sentado a estudiar nuestros movimientos, tiene asimilados nuestros puntos flacos y sabe en qué sitio exacto aplicar la presión para que caigamos sobre el césped. Si el movimiento es consciente o no, la verdad, se me escapa. Y no como mordedora de graminias con puños apretados porque, reconozcámoslo, no siempre es uno la víctima. A veces es uno el que deja escapar la mano, el que se excede, el que golpea. Como diría aquel profesor de Estrategia parafraseando una de las biblias de la agresividad posmoderna, a veces es uno el que ataca "usando la espada del contrario". Abriendo el cajón de los secretos, abusando de la confianza con la que un día nos dieron la llave.

Romper las reglas, quebrar tan sólo por unos instantes el pacto tácito de las relaciones, supone jugar sucio, haya o no una estrategia premeditada que guíe nuestros actos. Hayamos tenido o no esa reunión táctica en el vestuario. Se nos enseña que tenemos que aprender las instrucciones, se nos enseñan reglas, de cortesía, de simpatía, de empatía. Maneras de disfrazarnos para no parecer demasiado agresivos, demasiado egoístas, demasiado humanos. Llegamos al campo para jugar un partido amistoso, sabemos que quizás compartimos el mismo equipo con el contrario, llegamos con las reglas sabidas y, aún así, por efectos de la gravedad, de la ingravidad o de la ira, agarramos su camiseta para que se caiga al suelo. Deliberada o instintivamente. En un puñado de segundos, a veces apenas dos o tres, en los que nos da un poco igual si frustramos la jugada de nuestro adversario, si le hacemos comer hierba, si le cortamos las alas. Porque, atentos a la semántica, sobre el campo -partido amistoso o no- ya es enemigo, oponente, adversario.

En el fútbol real, no siempre para el bien del juego, un árbitro sentencia las intenciones del que agrede. En la vida, en la que no hay vídeos para revisar jugadas aunque sí comentaristas deportivos en forma de sufridos amigos en mitad de la contienda. Testigos más o menos involuntarios, hartos a veces de ver tragarse el mismo juego. En la vida, en la que no hay vídeos aunque sí imágenes que se repiten como una pauta, está uno y sus circunstancias, uno y su sensibilidad, uno y su rabia o su orgullo. Uno con uno mismo, normalmente a solas y con poco tiempo, para interpretar los hechos. Siempre sesgados, construidos con pruebas de menos.

Ahí es donde entra el instinto, las mochilas llenas de secretos, los miedos, las dependencias. Es ahí cuando uno sabe si es un árbitro duro o blando, si se merece o no el uniforme negro. Es ahí cuando aprendes, dependiendo de tu rol en el campo, que al cometer la infracción, durante esos segundos, no eras tan bueno como pensabas, ni tan humilde, ni tan justo. Es ahí cuando, sobre el suelo y derrotado, decides si será penalti, si será falta o implicará tarjeta. Hay que pensarlo bien porque, con ella se acerca la expulsión y, seamos sinceros, no siempre uno es tan valiente, aunque el otro lo merezca.

viernes, 4 de marzo de 2011

Frases célebres

Vero GP: "¿Que si estoy queriendo? Paso. Prefiero que me quieran, se sufre menos".

jueves, 3 de marzo de 2011

Pedales y más cosas


Perder los hábitos es una cosa malísima. Ya lo dice el dicho, las personas somos animales de costumbres. Hasta los animales como yo, acostumbrada como estoy a cambiar de hábitat, de manada, de guarida… [O eso creía]. Perder los hábitos es una cosa malísima por eso comer en casa, al menos, saber por la mañana que vas a comer en casa, puede parecer algo aburrido pero termina siendo bendecido por una exquisita regularidad intestinal. Por eso el pescuezo duele menos cuando duermes en tu cama, aunque también sea muuuuucho más aburrido. Las personas somos animales de costumbres y perder los hábitos es un riesgo malísimo, que puede desquiciarla a una si el hábito sustitutivo no resulta gratificante o si, directamente, se va al pairo. Es por toda esta verborrea previa que me siento orgullosa de haber vuelto al gimnasio –si es que mis tres meses escasos de asistencia el año pasado pueden considerarse como una costumbre… Sí, mujer, más con lo inconstante que tú eres-. Ayer me volví a subir a la bici de spinning y, gracias a mi deportista colega J, en primera fila. Primero tuve que comprobar que mi ropa sigue desfasada -¿es que no hay vintage en estas cosas?-, que tengo que comprarme el cojincillo para que no me duela el culo, que sigo sin tener guantes, ni botellita de esas del Tour de Francia, ni toallita corporativa. Que en mi gimnasio apagan la luz a las bravas porque aún no han comprado las luces ésas de discoteca…  Sí, es mortal. Llevaba tanto tiempo sin ir que eso de mirarme durante una hora sudando frente a un espejo volvió a parecerme un poco obsceno.
Luego, en el vestuario, satisfecha por no haber desfallecido y después del cuarto de hora de vapor en el baño turco, coincidí con una pandilla de señoras de regreso de la piscina y tuve uno de esos momentos mágicos de comunión colectiva.
Señora rubia con mechas: Bueno, no ha sido tan duro...
Señora rubia con mechas y gafas: Qué va… Ha estado estupendo. Y, sobre todo, –pausa necesaria para que la señora rubia con mechas y gafas coja a la señora rubia con mechas por el brazo y la mire a los ojos- siento que vuelvo a recuperar mi vida. Estoy tan contenta de haber vuelto.
Empujo las cosas en la taquilla y guiño a J.
Pues eso, a darle a los pedales.

martes, 1 de marzo de 2011

Taritas

-Currita, ¿estás bien? No hablo contigo desde el jueves.
-Sí, claro abuela, estupendamente. Una semana de mucho trabajo, un finde muy liada, ya sabes...
-No, claro, sí... Como hacía tantos días que no hablábamos hoy he insistido llamándote. Es que he pensado: "A lo mejor mi nieta está preocupada porque piensa que me he muerto".

8-[   8-}    8-[

Luego, una puede pasarse semanas, meses, intentando explicarle a su psicoterapeuta porqué tiene esa irremediable, irracional y recurrente inclinación inconsciente hacia el catastrofismo.

-Me crié estrechamente unida a mi abuela. ¿Le importa si alguna tarde vengo con ella?

viernes, 25 de febrero de 2011

Melodía de la semana

Céntrate. Párate. Pero no mucho. Tampoco te quedes quieta. No te lamas las heridas. No se te ocurra quedarte sola. No se te ocurra hacer locuras. Reflexiona un poco. Estás genial. ¿No exageras? Venga mujer. Si la otra noche estabas estupenda. Haz planes. Lee. Prueba. Mantente ocupada. Deja de comer porquerías. Haz ejercicio. Come fruta. Bebe agua. No te comas tanto el coco. Ve a la playa. Toma el sol. ¿No bebes demasiada agua? Vente a mi casa el fin de semana. Descansa. Píntate los labios. Sal de Cádiz. Cuéntame lo que te pasa. O, mejor, no le des vueltas. Escribe. Baila. Canta. Cambia.
Haz lo que sea. 
Empiezan los juegos de los días de calor y la indeseable astenia primaveral. 
Maldito termómetro.

Nuevas Sensaciones :
Lo que hicieron antes
se convierte en algo normal
Ya no es excitante
intentaremos algo mas.
Le dice a sus amigas:
"algunas de esas cosas no estarían mal
quiero probar algo nuevo"
Si que ha conseguido
algo que no puedo nombrar.
Porque en este día
va a ser un día especial
Le dice a sus amigas :
"prefiero estar muerta que aburrirme así
voy a probar algo nuevo"
Hoy no quiero ser yo
No me importa lo que va a pasar
No voy a seguir así ni un día mas
No me importa lo que va a pasar
Le dice a sus amigas :
"algunas de esas cosas no estarían mal
quiero probar algo nuevo"
Le dice a sus amigas :
"prefiero estar muerta que aburrirme así voy a probar algo nuevo"
Hoy no quiero ser yo
Lo que hicieron antes
se convierte en algo normal
Ya no es excitante
intentaremos algo mas.
Le dice a sus amigas:
"algunas de esas cosas no estarían mal
quiero probar algo nuevo"
Si que ha conseguido
algo que no puedo nombrar.
Porque en este día
va a ser un día especial
Le dice a sus amigas :
"prefiero estar muerta que aburrirme así
voy a probar algo nuevo"
Hoy no quiero ser yo
No me importa lo que va a pasar
No voy a seguir así ni un día mas
No me importa lo que va a pasar
Le dice a sus amigas :
"algunas de esas cosas no estarían mal
quiero probar algo nuevo"
Le dice a sus amigas :
"prefiero estar muerta que aburrirme así voy a probar algo nuevo"
Hoy no quiero ser yo.

martes, 22 de febrero de 2011

Citas galácticas

Mañana tengo encuentro con lectores. Con lectores con ojos y manos y esas cosas que tienen los lectores que la red te impide ver y que, en los actos presenciales de rigor, una está demasiado nerviosa para identificar entre el sudor de manos, el guión y sed compulsiva (Véase: beber demasiada agua para disimular que se está como un flan sobre una mesa de presentaciones y luego sudar la gota gorda porque no puedes levantarte para ir al baño).
Mañana tengo encuentro con lectores. Algunos conocidos, otros por conocer.
Y tengo muchas muchas ganas.

Visita abierta a la
Escuela de Letras Libres 
Encuentro en torno al libro LA ESTRELLA INVITADA
(Colección Alumbre, Servicio de Publicaciones Diputación)
Miércoles 23 febrero   19´00 horas
Casa de Cultura (C/ Nueva s/n)
Chiclana, Cádiz

viernes, 18 de febrero de 2011

jueves, 17 de febrero de 2011

Lógica del miope sentimental

Cuando voy al cine me tengo que poner la gafas.
Cuando voy al cine siempre termino llorando.
Ergo, cuando llevo gafas siempre lloro.
Ergo, si un día como hoy me resigno a que no veo un pijo y me las coloco en la oficina, tampoco veo nada.
Están resucias.

Melodía de la semana

Lo dice sin rencor -jaja- y, afortunadamente, no estamos en Londres, qué alivio...

viernes, 11 de febrero de 2011

¿Cómo he estado más de dos años sin tener este libro?

Mis primeros pasos por el encantador espacio de La Clandestina –¿cómo he estado más de dos meses sin pisar esta librería?- me han regalado un todo un descubrimiento: los dibujos, las escenas, las palabras de una francesa –Aude Picault- que cuenta las cosas que me encantaría contar a mí. Al menos, que me encantaría saber contar de esa manera. Pocos trazos, pocas palabras. ¿Para qué más? 

Los hombres, las gulas, la pereza… está TODO. El libro salió en España en 2008 y ya tiene sus enamorados. Por favor, hay un segundo tomo, Más rollos míos, que tengo que conseguir.

jueves, 10 de febrero de 2011

Atenciones digitales


Desde que el social marketing se cuela en mi correo hablándome de tú, animan mi Bandeja de Entrada un buen puñado de nuevos amigos que son algo así como novios por carta. No les pongo cara, pero tengo una estimulante relación con ellos. La que más me escribe es Paloma de la Vega, de Vente Privée, a la cual, un día que ande por Madrid, tendré que invitar a una cervecita por estar tan pendiente de mi estilismo y además avisarme con tiempo para que me programe las ofertas este outlet digital responsable de algunos de los caprichos de los que me siento más orgullosa.  No todas las amigas te avisan cuando hay rebajas cañeras en la tienda de moda. Normalmente, van primero ellas, y luego, te lo cuentan Nosabíaquetepodíainteresar. Mi otro amigo, en el que deposito muchas más expectativas, es el director de Marketing de American Express que, desde que diera el ok a la promoción para conmutar compras por puntos Iberia, me escribe amabilísimos mails recordándome que me merezco unas estupendas vacaciones, un descanso en un SPA o probar un buen restaurante. Qué coño, pienso siempre después de leer sus encantadoras letras recordando a la Malena de Almudena Grandes. Me lo merezco… Lástima que el chico me sugiera pero no me invite porque, me digo yo, que el responsable de mk de una cosa taaaan importante y taaaan burguesa como AM debe ser un tipo interesantísimo de conocer. Guapete, traje bien cortado, buena cultura vinícola… ¿Qué no?
Últimamente, a mi platonismo on line añado además la vanidad de que mis amigos cibernéticos, esos que me escriben con nombre y apellidos, son más chics que los que contactan con mi amiga A, constantemente bombardeada por los mails de una tal Gabriela desde que hace unos días cayera en la frívola trampa del tarot digital. Sí, está bien leído. TAROT DIGITAL. Mea culpa, Mea culpa, Mea Culpa. Yo fui la primera en caer en sus garras a los veinte añitos cuando, desde la sección de cierre del decano de las letras andaluzas, gastaba mis veladas dándole al F5 mientras se refrescaba el Millenium Editor. Nunca conseguí, y eso que le daba fuerte, llegar a tener la tecla tan pulidita como mi compi CD que, seguro, habrá conseguido eliminar la tinta del plástico convirtiéndolo en algo muy parecido al ónix. Un tótem del periodismo en red, de las sinergias redaccionales que a tantos compañeros ha puesto en la calle.
A lo que iba: mis culpas. Yo fui la primera que, intentando encontrar una respuesta existencial, una pastillita analgésica o anestésica contra el mal de amores –me había dejado mi novio por aquel entonces y lo quería peromuchomuchísimo-, me lancé de bruces al imperio de los primeros consultorios psicológicos on line, casi todos argentinos. Mientras rebuscaba en los foros gente con el corazón tan roto como el mío -recuerdo que, ante la mirada absorta de CD, me llegué a imprimir y llevar a casa el capítulo “Cuando Dios cierra una puerta, abre una ventana”- encontré una web de horóscopos y similares donde decían cosas muy parecidas a lo que yo quería oír. Allí, en mitad del portal de marcos –ahora ya está renovado y es más intuitivo- encontré aquella app esotérica que todavía hoy sigue manejando el mismo modelo de arcano. Tema amor, tema trabajo. Todos los desafíos existenciales de la mujer del siglo XXI en cuatro palabras. Ahora me suscitan remordimientos de género este tipo de cosas, antes ni me lo planteaba.
Los pronósticos del inconfesable programa resultaron casar tan estupendamente con mi panorama amoroso –mi novio y yo volvimos después del pronosticado periodo de “búsqueda interior”, o exterior, según se mire- que durante años -ahora, once años, DIOSMIO- he jugado a probar si continuaba en uso cuando alguno de esos dos epígrafes me traía de cabeza. En ese tiempo, mi amiga María me advirtió que no lo compartiera con nadie. Ni la debilidad incomprensible por una parida como ésa ni, por supuesto, el enlace. A ella también le funcionó de perlas y las cosas buenas “no se comparten”. ¿Véis? Como la primicia de unas rebajas. No obstante, hace unos meses decidí compartirlo con A que, la verdad, está la pobre curada de mis espantos. Desde entonces, tal vez por algún error en la elección del menú, una  tal Gabriela la mensajea a diario, en ocasiones, más de dos veces, advirtiéndole que, según la última revisión de sus arcanos o según no sé qué alineamiento planetario, está en grave/considerable/relativo peligro, depende, claro, del día.
-Vaya, nena, aquí está otra vez Gabriela, la tengo preocupadísima. Está que no duerme…
Al final, reflexiono, todos necesitamos sentirnos protegidos, saber que hay alguien ahí preocupado por nosotros. Por eso A, si bien no consiguió una buena predicción, sí que ha conseguido a una persona capaz de velar por su seguridad con una regularidad digna de tener en cuenta. Hay quien se casa y tiene hijos sólo porque le dediquen un par de palabras a la semana. Al final, hay que mirar el lado positivo. Al final, Gabriela es una nueva amiga y quién sabe hasta dónde llegará la relación. Al final, como ella bien dice, tiene más amigos digitales, pero ninguno que esté tan pendiente de ella. Al final a nadie le agrada ver su Bandeja de Entrada triste y vacía como el cuarto de la plancha.
En resumen, A está la mar de contenta. Aunque yo, de todas formas, puestos a comparar… Sigo prefiriendo una cenita con el director de marketing...

miércoles, 9 de febrero de 2011

martes, 8 de febrero de 2011

Melodía de la semana

Supongo que hay que tener esta cara, esta boca y esta voz para decir ciertas cosas.  Adoro esta canción. Mi particular Enrique V -que no tiene nada que ver con los Lancaster y que añadiría "pues yo vendo cremas muchísimo más buenas"- repite que lo de satisfacer a las mujeres puede ser muy fácil. Difícil pero no imposible, añaden otros. Al final, es tan complicado o tan sencillo como encontrar la clave de una volátil alquimia: la fuerza justa, el caricia exacta, la mezcla adecuada, siempre diferente en mitad de la rutina. Hoy igual, mañana imprevisible. Una palabra. O ninguna. Suficientemente dentro como para que no se rompa, suficientemente al filo para que peligre. Ser jugador y ser juguete. Perseguir y adorar que te persigan. Una partida sin reglas que a veces turba y desconcierta.
Con una victoria que sólo garantiza que seguirás en el juego.

... le dejaré ver mis medias para que corra detrás.



Cristina y los subterráneos

domingo, 6 de febrero de 2011

Frases célebres

Enrique V: "De verdad... Es que no lo entiendo... Por qué los heteros son tan cortitos entendiendo a las mujeres?"

viernes, 4 de febrero de 2011

Malos, malísimos, pobrísimos

En realidad, salvo honorables excepciones como Cruella de Vil, Adolf Hitler, y la bruja de Blancanieves, la mayoría de los malos tienen una profunda y cruel razón para serlo. Con los insultos infantiles y los corazones rotos en el top ten de sus agravios, la mayoría de las veces los malos malísimos van jodiendo las vidas ajenas con una mezcla de pena de sí mismos y sed de venganza que sólo en extraños casos como el de Carrie responden a patrones de ataque cara a cara.

No, en la mayoría de los casos, los malos malísimos actúan a medio/largo plazo y lo hacen siempre con la certeza de estar empuñando una especie de espada justiciera. Un arma mortífera usada habitualmente con esa técnica que en Cádiz se llama "por lo bajini" y que la mayoría de los mortales denomina sangre fría. Una respuesta comprensible teniendo en cuenta que el malo malísimo suele considerar que ha de actuar antes de que le ataquen, antes de que le quiten, antes de que le insulten, antes de que le desbanquen... En definitiva, protegiéndose porque -he aquí la clave de su pauta de conducta- según su visión de las cosas, los malos son los otros. Y como los malos son los otros, y el malo malísimo no se ve más que como una desvalida víctima de las circunstancias es normal que infrinja su castigo con tranquilidad beatífica: "Ya está. Aniquilado. Menos mal que no me han hecho daño. ¿A quién regalo ahora mi inocente sonrisa".

En definitiva, algo muy comprensible si atendemos a las razones objetivas de su tremendo déficit de autoestima, algo muy humano, algo hasta digno de lástima... Hasta que es uno el neuras del montón que se cruza en su camino. Al final, a fuerza de experiencias propias y observaciones ajenas, mi amigo B lo tiene bastante claro: "Por favor, si van a putearme que me lo hagan con clase, de cara y por derecho. Empiezo a tener miedo de los que van jodiendo la vida de los demás para purgar complejos". En definitiva B habla un poco por todos, si me van a putear, que me toque un malo de raza y vocación, no un infeliz Oso Lotso.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Frases célebres

Luis: "Mira bonita, déjate de complejos judeocristianos. Primero, dios no existe. Segundo, si existiera, le importarían un carajo tus relaciones"

lunes, 24 de enero de 2011

Estar ahí

Supongo que la soledad tiene estas cosas. Una se acostumbra a no esperar a nadie para comer, a no esperar a nadie a la salida del trabajo, a no tener que pedir la vez en el baño y a comprar lo que le da la gana para picar entre horas. Una intenta no tener demasiadas expectativas sobre ciertas cosas porque puede que defrauden y que sólo estés tú y tu pequeño animal de compañía. Una intenta protegerse tanto que luego, ante una pequeña fiesta, puede tener la sensación de no tener con quién celebrarla. "¿Qué estás en Sevilla? ¿Qué presentas el libro?¿Qué no has llamado antes?" El círculo se va cerrando -porque la rutina tiene eso- y aprendes a ser pesada sólo con los que tienes relativamente cerca porque la fuerza expansiva también agota y últimamente no estás para muchos trotes.

Por eso, cuando hoy ha sonado el teléfono en casa y he recordado que me iban a llamar de la RAI para una entrevista, mi cabeza me ha bombardeado durante la espera. "Tenía que haber avisado a mi abuela, a mi amiga, a mi amigo, a mi chico... ¿Dónde vas siendo tan moderna? No todo el mundo se pasa el día colgado del Twitter". Han pasado por delante mía las imágenes de mi madre recortando mis primeros artículos en el Diario y he pensado "Ya me vale. Ni que te pasara todos los días". He terminado de hablar -es guay cuando alguien te cuenta qué ha sentido con tus historias- y ha vuelto el runrun de las ideas. Me he sentado a la mesa a terminarme la sopa fría. Un mensaje en el teléfono.

T he escuchao. Mu bien. Duros recuerdos d la conversacion real y final. Tq

Era María :)

Fue muy especial

¡Muchas gracias a todos por compartir la galaxia de La Fuga!
Y muchas gracias al Pedraz por esa presentación más que bonita.

jueves, 20 de enero de 2011

Invitados todos

Sí, me encanta publicitar a otros pero la autopromo lo es lo mío. Así de incongruente que es una. Aunque Facebook ya se encarga de hacer el trabajo que a mí se me escapa, al menos soy capaz de anunciarlo con un día. A algunos les pillará lejos, a otros por sorpresa... Lo bueno que tiene el azar es que quizás haya hasta algún lector despistado que, sin haberlo pensado, termine explorando nuestra galaxia.
Será ya mismo en Sevilla: el viernes 21 de enero, en el maravilloso espacio de La Fuga, guarida de poetas y librófilos y, desde mañana, posada de una estrella :)

Cosas buenas

Poner el nombre de uno en un proyecto tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, sus cosas raras, sus cosas deliciosas. Comprometerse con algo implica cierta dosis de energía que a veces uno no es consciente de andar repartiendo hasta que le falta. Tal vez por eso, hoy, después de semanas alejada de este diario, de mi galaxia de pensamientos más o menos ordenados, me regaño un poco por haber dejado que la pila se me agotara tanto.
Con la batería medianamente enchufada -después de dolores recurrentes de cuello y extirpaciones de aliens malignos pero feísimos- esta noche vuelvo a las andadas y compruebo con cierto error que el texto predictivo del Firefox ya no teclea solo las letras de este blog. Acepto la riña.
No sé si algún día viviré con naturalidad esa resaca extraña de sentir que una se ha quedado acodada en algún lugar cómodo, donde dolía menos y hacía menos frío. Afortunadamente, J ha instalado en este tiempo unos maravillosos calefactores eléctricos y ahora en casa -un homenaje por favor a mis maravillosas ventanas de climalit- se está la mar de calentita. Con la temperatura a punto uno tiene la capacidad de dejar que le abran los ojos las cosas bonitas que le pasan de repente, sin esperarlo. Aunque miro con cierta nostalgia los cientos de detalles minúsculos que me han cuidado estos días, que han cargado mi batería y que se perderán en el silencio, hoy por fin me detengo para celebrar uno.
Es por la tarde. Intercambiamos palabras ajenas en una de mis adoradas cafeterías de señoras viejas -me encantan los cafés en los que sólo huele a leche, cafetera y bollería-. Maite trae un montón de libros preñados de palabras que yo apenas balbuceo. You learn quicky! Después de casi treinta y un años de conocernos, el destino nos reencuentra. No solemos hablar del pasado, no demasiado. "¿Estás preparada?", suelta ella mientras saca de su bolso un sobre, antes de que pidamos la cuenta. Del papel arrugado salen varias imágenes de otra vida que también es nuestra. Acierto a ver el valor que tienen más tarde cuando las encuentro en mi propio bolso y me hacen sonreír en una sala de espera. Carlos dice que hay que agradecer que alguien nos devuelva los trozos de cuando éramos niños, dice que "es que nos queda, en este mundo de mierda". Supongo que un poco de razón tiene así que aquí están mis gracias. Hoy lo mejor del día ha sido volver a encontrarme con ellas.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Albert Lladó: “La cotidianidad está llena de magia, el metro es un ejemplo”

Mira directamente a los ojos, tranquilamente, pero uno intuye que, tras el gesto atento, un infinito número de conexiones se producen más allá de la frente, en el interior de su cabeza, en ese espacio donde se funden la masa gris y los sentimientos. “Espera, lo voy a apuntar, tomo nota”.
Albert Lladó (Barcelona, 1980) difícilmente puede tener un único proyecto, un único pensamiento en ese espacio meta-real que componen su cerebro, sus manos, su móvil, su libreta. Herramientas  básicas en la vida frenética de un jugador de palabras, de un contador de historias, propias y ajenas. Periodista en LaVanguardia.es e impulsor de proyectos como el Diari Maresme, Sísifo o la propia Revista de Letras; su carrera viaja de la vocación al oficio, del oficio a la vocación, en toda la amplitud que las 24 horas del día le dejan. Autor de nada menos que cinco títulos entre los relatos, la novela y el ensayo -dos de ellos aparecidos en este 2010-, A Fortiori Editorial acaba de publicarle La realidad es otra, un conjunto de 400 aforismos que son un viaje por el universo creativo, por las obsesiones y fascinaciones de este joven escritor inquieto. Un viaje para arrancar la magia del paisaje urbano y salvarse porque, atentos al consejo: “Bostezar es gritar de aburrimiento”. Sigue leyendo en Revista de Letras


[artículo colgado con cierto retraso. Autora en plena hospitalización. Bss]

¿New people?

No todo va a ser malo...

miércoles, 1 de diciembre de 2010